Es de Almansa, toca el oboe y ocupa un atril en una de las orquestas más prestigiosas del mundo: «Cuando llega un ‘sí’, cuesta creerlo»

A sus 27 años, Victoria Martínez López ha cumplido uno de sus grandes sueños en la Ópera Estatal de Kassel: conseguir una plaza fija frente a decenas de aspirantes de todo el mundo.
Victoria Martínez

«Vicky, es mejor que te vayas fuera». El consejo se lo dio en Madrid su reputado profesor Juan Carlos Báguena, catedrático de oboe, cuando ella apenas empezó a intuir una realidad laboral que empuja a muchos músicos de nuestro país a hacer las maletas si quieren desarrollar su talento. Alemania terminó siendo la respuesta a esa frase.

«Es una pena, sí. Pero yo pienso que cada país tiene sus fortalezas y sus debilidades. En España no tenemos tan interiorizado el sector de las orquestas y la música clásica», confiesa muy feliz Victoria Martínez López (Almansa, 1998), la almanseña que ha cumplido una de sus metas en la vida con solo 27 años al conseguir una plaza fija como oboe 2 y solista de corno inglés en la Ópera Estatal de Kassel, lo que en su profesión equivale a la estabilidad absoluta.

El viaje hasta esa silla perenne comenzó por pura casualidad cuando los profesores del conservatorio de música visitaron su colegio; sin predilección por ninguno, el oboe la eligió a ella para convertirse en su compañero de vida. Mantener ese vínculo ha requerido una resistencia mental tremenda. Para lograr su plaza, compitió contra más de treinta aspirantes de todo el mundo y convenció a una orquesta entera. «En nuestro trabajo, cuando llega un ‘sí’, cuesta creerlo», confiesa.

Entre ensayo y ensayo, Victoria nos abre la trastienda de la élite musical europea, el peso de los «noes», el choque cultural de vivir en Alemania, el gran apoyo de su familia y amigos, y el orgullo de llevar las raíces de la Unión Musical de Almansa por el mundo.

Conseguir una plaza fija en Alemania parece el broche de oro a muchísimos años de esfuerzo. ¿Qué se siente al llegar ahí?

Sí, al final esta es una carrera de fondo y de mucho sacrificio. Empecé con 8 o 9 años y ahora tengo 27. Son muchísimas horas de estudio, hacer audiciones por todos lados, cambiar de país… es una profesión muy dura. Conseguir una plaza fija, que es lo que logré hace apenas unos meses, significa cumplir todos los objetivos que me había puesto desde que decidí dedicarme a esto.

Victoria Martínez

¿Cómo fue ese proceso de selección para la plaza en la Ópera Estatal de Kassel?

Yo estaba con un contrato temporal de dos años en la Orquesta Sinfónica de la Radio de Colonia que terminaba ahora en agosto. Llevaba meses presentándome a audiciones para conseguir una plaza fija. En la audición te enfrentas a 30 o 40 personas de un nivel altísimo. Y no te juzga una persona o dos: es toda la orquesta la que te está mirando, escuchando y votando. Todos tienen que decidir que tú tienes que ser la nueva integrante. Cuando me dijeron «eres tú, la plaza es tuya», pasé dos o tres días sin ser consciente de nada. Se lo contaba a mi familia, todo el mundo llorando de alegría, y yo pensaba: «Os habéis tenido que confundir de nombre». Estamos tan acostumbrados a recibir un «no» en nuestro trabajo, que cuando llega un «sí», cuesta creerlo.

Vamos a viajar al principio de todo. ¿Cómo nace tu interés por la música?

Recuerdo perfectamente que un grupo de profesores del conservatorio vino a mi colegio a enseñarnos los instrumentos y a animarnos a apuntarnos. Además, yo tenía un primo que tocaba el oboe. Fuimos al conservatorio y la elección del instrumento fue completamente aleatoria; yo no sabía qué era un oboe o un clarinete, me dijeron «oboe» y tiré para adelante. Los primeros años casi ni los recuerdo, estaba intentando aprender y hacer que eso sonara. Lo que sí se me quedó grabado fue entrar a la banda juvenil a los dos o tres años. David me acogió allí y fue donde me di cuenta de que tocar en grupo es algo increíble. Disfrutabas con la gente, hacías amigos y compartías mucho. Luego pasé oficialmente a la Sociedad Unión Musical y ahí decidí que esto era lo mío.

orquesta Victoria Martínez

¿Hubo algún momento concreto en esos inicios en el que hiciste «clic» y dijiste: «Quiero vivir de esto»?

Fue en la banda juvenil, tendría unos 11 o 12 años. En la banda de Almansa me lo he pasado genial; me han querido y me quieren muchísimo, y yo a ellos. Cuando te dan la confianza desde tan pequeña para hacer solos y tener cierto protagonismo, te motivas. Yo nunca he tenido un «Plan B» en la vida. Desde los 10 u 11 años supe que quería trabajar en una orquesta, haciendo música con un grupo de personas. Siempre fue mi Plan A. Y aunque ha habido momentos duros de no saber si saldría bien, el objetivo nunca cambió. Tanto la banda como mi familia me ayudaron y me motivaron diciéndome que tenía las aptitudes y que me apoyarían en todo, incluido el enorme esfuerzo económico que esto requiere.

Al terminar el grado profesional en Almansa quise hacer un grado superior. Hice las pruebas en Madrid, Valencia y Albacete, y tuve la suerte de obtener plaza en los tres, así que elegí Madrid. Allí me empezó a formar Juan Carlos Báguena, catedrático de oboe, que es uno de los mejores profesores que hay ahora mismo en España. En el grado superior es cuando empiezas a tomar conciencia de la realidad laboral. A nivel orquestal, en España lamentablemente no hay tanta oferta de trabajo. Los profesores te van informando y recomendando: «Vicky, es mejor que te vayas fuera». Alemania es el país número uno en cuanto a cultura, orquestas y trabajo. Así que tomé la decisión de cambiar de país.

Se nota que la Unión Musical sigue siendo muy importante para ti…

Lo son, son mi segunda familia. Los quiero un montón. Cada vez que tengo un hueco y viajo a Almansa, voy a los ensayos. El verano pasado estuve con ellos cuando fuimos al Certamen de Bandas de Valencia, que fue una experiencia increíble. Desde Alemania es complicado bajar todo lo que me gustaría, pero siempre que puedo voy a verlos.

Para los que no conocemos tanto el sector, la formación musical equivale a una carrera muy larga. ¿Cuántos años de estudio llevas a las espaldas?

Son cuatro años de grado elemental, seis años de grado medio, cuatro años de grado superior y, en mi caso, después hice dos años de máster en Stuttgart (Alemania). Te vas allí para perfeccionarte y conocer profesores, pero el nivel de competitividad es muy alto. Ya no compites a nivel nacional, sino con gente que viene de todo el mundo: japoneses, chinos, coreanos, americanos… Todos los que quieren dedicarse a la música clásica vienen a Alemania porque la cantidad de orquestas sinfónicas, de radio y teatros de ópera en relación al resto del mundo es una pasada. Las condiciones laborales y el respeto que le tienen aquí a la música son excelentes.

Orquesta Sinfónica Radio Colonia

¿Cómo fue el choque cultural y profesional al llegar allí? Porque además de la exigencia musical, te enfrentabas a un idioma nuevo.

El choque fue fuerte. Yo vine con ciertas ideas en la cabeza, pero te encuentras con que no te enfrentas a un idioma nuevo, sino a dos. Al principio todos los internacionales nos comunicamos en inglés, así que tienes que vivir y estudiar aprendiendo inglés y alemán a la vez. Al principio se hace duro. En cuanto a lo profesional, te das cuenta de que se trabaja con un respeto, una entrega y una disciplina increíbles; por eso el nivel de las orquestas es el que es. Además, vas a cualquier concierto y los auditorios y teatros están llenos, el público lo respeta muchísimo. Eso es algo que notas y agradeces un montón.

Y en un mundo tan competitivo y exigente, ¿Cómo se gestiona la mente para no tirar la toalla tras recibir tantos rechazos antes de llegar al «sí»?

Ese es el trabajo más duro que hay en este mundo: entrenar la cabeza. Es lo más difícil de aguantar porque pasas muchas horas sola con tu instrumento preparándote. Te cuestionas todo; te preguntas si eres válida o no. Cuando llegas a este nivel de perfeccionismo, los «noes» pesan mucho más. En mi caso, intenté mantener el foco: «Yo sé lo que valgo, sé cómo toco y sé las aptitudes que tengo. Si es un no, es un no menos que me queda para que llegue el sí». En el mundo del arte y del espectáculo lo normal es que te digan que no; lo excepcional es el sí. Hay que confiar en que tu día llegará y estarás en el sitio perfecto con la gente perfecta.

¿Da cierta tristeza mirar a España y ver que ese sector no se apoya de la misma manera que en Alemania?

Es una pena, sí. Pero yo pienso que cada país tiene sus fortalezas y sus debilidades. En España no tenemos tan interiorizado el sector de las orquestas y la música clásica. Aquí en Alemania, por el contrario, las orquestas hacen muchos programas dedicados a los más pequeños. Los niños desde muy corta edad saben perfectamente qué es una orquesta, cómo se trabaja y qué instrumentos la componen. Tienen otro enfoque. Claro que da pena porque te gustaría trabajar y disfrutar de tu propio país, pero para crecer en esto hay que sacrificar ciertas cosas y cruzar la frontera.

oboe victoria Martínez

¿Y qué es lo que más extrañas de Almansa cuando estás rodeada de frío en el día a día alemán?

El ambiente social, la calidez de la gente, las terrazas al sol, las comidas ricas, el «colegueo»… Eso en Alemania no existe de la misma manera. En invierno aquí a las tres y media o cuatro de la tarde ya es de noche y hace muchísimo frío, así que la gente va del trabajo a casa y de casa al trabajo. En verano parece que los alemanes se triplican por la calle, pero a nivel social se echa mucho de menos el cariño y la calidez que tenemos en España, donde vas a cualquier sitio y enseguida conectas con la gente aunque no la conozcas.

¿Cómo es tu día a día de trabajo allí actualmente?

La verdad es que, cuando consigues trabajar y vivir de esto, tienes una calidad de vida muy buena; somos unos privilegiados, aunque nos haya costado muchísimo llegar a este nivel. Los horarios de trabajo son muy flexibles. Por ejemplo, esta semana con la orquesta ensayamos unas cuatro horas al día (de dos a seis de la tarde, o de diez a dos). No son jornadas interminables, lo que te permite disfrutar mucho del día, pero el nivel de exigencia interna es altísimo. Tienes que llegar al ensayo con todo absolutamente aprendido y perfecto, porque la orquesta es como un reloj suizo. Esas pocas horas de ensayo implican que el resto del tiempo eres responsable de estudiar por tu cuenta y mantenerte en forma con el instrumento.

Tu plaza está enfocada en dos instrumentos. Para los que somos profanos en la materia, ¿Cuál es la diferencia entre Oboe y Corno Inglés?

El corno inglés es un instrumento de la familia del oboe, pero es menos conocido por el gran público. Es como la diferencia entre la flauta y el flautín; mientras el flautín es más pequeño y agudo, el corno inglés es más largo y suena más grave. Tiene muchísimo protagonismo en las orquestas. Mi plaza es de Oboe 2 (que ejerce un poco de asistente del primer oboe), pero también tengo el cargo de Corno Inglés, que es más protagonista. En el 95% de las óperas hay papel para este instrumento. Su sonido es más oscuro, cálido y grave. La técnica para tocarlo cambia un poquito porque requiere más presión de aire al ser más grande, pero las posiciones de los dedos son las mismas.

Unión musical Almansa Victoria Martínez

Siempre se ha dicho que el oboe es de los instrumentos más complejos que existen. ¿Es una leyenda urbana o es real?

No es ninguna leyenda urbana, ¡es un absoluto horror! (risas). Mira que amo mi instrumento, pero es tremendamente desagradecido. Es dificilísimo porque tenemos que introducir el aire a través de una caña que está hecha por dos plaquitas de madera de caña muy finas. Jugamos con muchísima presión de aire y, además, esas cañas nos las tenemos que fabricar nosotros mismos. Al ser una madera tan fina y delicada, cambia constantemente con el tiempo, la humedad y la temperatura. No es como una trompeta, que es de metal y no cambia, o un violín, donde pasas el arco y sabes que va a sonar. Si el oboe tiene una buena caña ese día, es el instrumento más bonito del mundo; pero si la caña no responde, se vuelve en tu contra y es el peor. Fabricar cañas cada mes requiere mucha paciencia y tiempo extra.

Aun con esa dificultad, se deben vivir momentos brutales sobre el escenario. ¿Qué concierto recuerdas donde se te hayan puesto los pelos de punta?

Estos dos últimos años he disfrutado de los mejores conciertos de mi vida. Estar en un escenario rodeada de 100 compañeros y tener enfrente a un público de 2.000 o 3.000 personas, como en la Filarmónica de Colonia, es increíble. Pero los conciertos más especiales han sido cuando ha venido mi familia a verme. Hay un componente emocional muy fuerte. Recuerdo terminar la Sinfonía número 3 de Mahler con ganas de llorar por la mezcla de emociones de ver a tus compañeros entregados y a tu familia emocionada en la grada. El verano pasado también hicimos la Sinfonía número 10 de Shostakóvich; son obras impresionantes que te dan un subidón de adrenalina único.

Victoria Martínez oboe

Mirando atrás, desde aquellas tardes de ensayo en Almansa hasta tu plaza fija en la Ópera de Kassel, ¿qué consejo le darías a un joven músico almanseño que sueñe con seguir tus pasos?

Le diría que se rodee de buena gente y de un entorno sano que le impulse hacia adelante pase lo que pase. Que cuente con el apoyo de su familia y de una banda en sus inicios, porque esa es la base que te sostiene cuando estás sola en el extranjero y las cosas se tambalean. También le diría que la música te cambia la vida y te hace madurar de una manera muy bonita; te abre las puertas del mundo, de otras culturas y de gente maravillosa. Hace un par de meses estuve de gira en Corea una semana gracias a la orquesta. ¿Quién sabe si habría ido en mi vida de no ser por la música? Por cosas así merece la pena todo el esfuerzo de salir de tu país.

Para terminar, pregunta obligada que siempre hacemos en La Tinta de Almansa: ¿eres feliz?

Actualmente te diría que sí, rotundamente. Hace un mes consiguió todos los objetivos profesionales que me había marcado en la vida, tengo una familia maravillosa que me apoya y amigos que me quieren un montón. No puedo pedir más. A partir de ahora tendré que fijarme nuevas metas, que seguro traerán momentos de todo tipo, pero hoy por hoy puedo decir que soy muy feliz.

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