Las vacaciones representan uno de los momentos más esperados del año. Son sinónimo de descanso, tiempo libre y desconexión. Sin embargo, muchas personas llegan a su destino y descubren que su mente sigue funcionando al mismo ritmo que durante el resto del año. Parece que las preocupaciones se han colado en la maleta y van con nosotros allá donde precisamente queremos desconectar de ellas.
Entre los pensamientos rumiantes más habituales tenemos el trabajo, preocupaciones económicas, responsabilidades familiares o la sensación de tener que aprovechar cada minuto por el miedo a volver hacen que el descanso no siempre sea tan reparador como esperamos y como merecemos o necesitamos.
«Desconectar no consiste únicamente en dejar de trabajar. La verdadera desconexión implica permitir que la mente abandone el estado de alerta constante en el que muchas personas viven durante meses», explica la psicóloga de Almansa, especialista en Psicología Clínica, Patricia Conejero.

Cada vez es más frecuente que las personas necesiten varios días de vacaciones simplemente para empezar a relajarse. Y es que, como prácticamente cualquier cambio, el ritmo acelerado del día a día hace que el organismo tarde en adaptarse a una situación de calma.
¿Por qué nos cuesta tanto desconectar?
Actualmente vivimos en una sociedad que premia la productividad, a unos límites nunca antes vistos, delegando el descanso a algo que parece hasta condenable, tanto por los que nos rodean como por nosotros mismos. Estar ocupado se ha convertido casi en un símbolo de éxito y muchas personas sienten que detenerse equivale a perder el tiempo. Este estilo de vida mantiene al cerebro en un estado de activación continua destructiva.
«Cuando pasamos meses respondiendo llamadas, correos electrónicos, compromisos y preocupaciones, nuestro cerebro aprende a mantenerse en modo alerta», señala Patricia Conejero. «No podemos esperar que cambie ese funcionamiento de un día para otro, debemos comprendernos a nosotros mismos y concedernos tiempo. La paciencia, una vez más, es clave».
Por eso, durante los primeros días de vacaciones es habitual sentir inquietud, dificultad para relajarse o incluso culpa por no estar haciendo nada. ¿Qué debemos hacer ante esta situación? En lugar de luchar contra la sensación, lo más recomendable es aceptarla como parte del proceso de adaptación. El cuerpo y la mente necesitan unos días para reducir el ritmo después de meses de actividad constante.

La especialista Conejero recomienda no intentar llenar la agenda desde el primer día. Dar paseos, leer, disfrutar de una conversación tranquila o simplemente dedicar unos minutos a no hacer nada ayuda a que el cerebro abandone poco a poco ese estado de alerta permanente. «Descansar también requiere un aprendizaje. No tenemos que demostrar que estamos aprovechando cada minuto de las vacaciones; a veces, el mejor plan es permitirnos parar», concluye.
El estrés no desaparece al cambiar de lugar
Existe la creencia de que basta con viajar para olvidarse de los problemas. Sin embargo, el estrés no se queda en casa cuando cogemos el tren, avión o coche. Las preocupaciones, la autoexigencia o la ansiedad viajan siempre con nosotros, lo importante es aprender a gestionarlas, debemos controlarlas nosotros a ellas y no viceversa.
«Muchas personas creen que necesitan cambiar de ciudad para sentirse mejor, cuando en realidad el verdadero cambio debe producirse en la forma de relacionarse con sus pensamientos», explica Patricia Conejero.

Esto, sumado a jornadas de continua actividad, hace que algunas personas regresan de las vacaciones con la sensación de no haber descansado realmente. Se está popularizando la idea de «necesito vacaciones para descansar de las vacaciones», un reflejo cristalino de la sociedad del cansancio que estamos generando.
La presión de tener unas vacaciones perfectas
Sin duda alguna, las redes sociales, han contribuido a crear una imagen idealizada del verano. Viajes espectaculares, planes constantes y sonrisas permanentes generan expectativas difíciles de cumplir.
En este aspecto, la psicóloga de Almansa lo tiene claro: «Comparar nuestras vacaciones con las de otras personas suele aumentar la frustración. Cada persona necesita descansar de una manera diferente».
Por supuesto, el descanso también necesita momentos de calma, silencio y ausencia de obligaciones. De esta manera, de nuevo, el smartphone es el mayor enemigo. La constante conexión con la rutina diaria (jefes, clientes, familiares, citas pendientes, pagos…) es algo que debemos evitar a toda costa si el objetivo es el reposo. Lo creas o no, el mundo no se va a parar, tu empresa no va a cerrar, tu jefe no te va a despedir ni tu familia te va a dejar de hablar porque disfrutes de varios días de desconexión digital. La mejor manera de comprobarlo es apagar el móvil.

Aunque también existen maneras «menos dolorosas» o impactantes de hacerlo. Prueba con quitar los datos móviles, solo conexión en lugares de wifi; activa el modo avión, sin llamadas solo en un horario establecido. Para las personas más valientes: apagar el móvil y tenerlo en un cajón es, sin duda, la mejor opción. No va a pasar nada por hacerlo.
Cómo aprender a desconectar mentalmente
Como indica la especialista en psicología clínica, la desconexión es una habilidad que puede entrenarse. No depende únicamente del destino elegido, sino de los hábitos que mantenemos durante esos días.
Estos son consejos rápidos para ejercitar esta práctica:
- Reducir el uso del teléfono móvil y las redes sociales.
- Evitar consultar continuamente el correo electrónico del trabajo.
- Mantener horarios de descanso razonables.
- Dedicar tiempo a actividades que resulten placenteras.
- Practicar ejercicio físico de forma moderada.
- Pasar tiempo de calidad con familiares y amigos.
- Permitirse momentos sin hacer absolutamente nada.
El descanso emocional también es importante
Cuando hablamos de vacaciones solemos pensar en descansar físicamente. Sin embargo, la mente también necesita recuperar energía, y su reposo es la parte más importante de unas vacaciones exitosas.
De esta manera, es importante lo que remarca Conejero: «La carga emocional acumulada durante meses puede manifestarse precisamente cuando el ritmo disminuye. Es frecuente que durante los primeros días aparezcan emociones que habían permanecido ocultas por la falta de tiempo».

Y es que cuando dejamos de correr, empezamos a escuchar cómo nos encontramos realmente. «Eso puede resultar incómodo al principio, pero también es una oportunidad para conocernos mejor. Aceptar esas emociones sin juzgarlas facilita una recuperación mucho más profunda», señala la psicóloga.
Las vacaciones también pueden generar ansiedad
Algunas personas experimentan ansiedad precisamente durante las vacaciones. La ruptura de las rutinas habituales, los cambios de horarios o la incertidumbre sobre cómo ocupar el tiempo pueden aumentar la sensación de descontrol.
También existe la llamada «ansiedad anticipatoria», que aparece cuando todavía estamos de vacaciones pero ya comenzamos a pensar en la vuelta al trabajo.
«Es muy habitual que los últimos días de descanso aparezcan preocupaciones relacionadas con la vuelta a la rutina. Una vez más, hay que identificar esos pensamientos, aceptarlos y sentirlos todo lo necesario, para que no condicionen los últimos momentos de descanso».
Es aquí, en el final de vacaciones, cuando debemos establecer agendas mucho más tranquilas, los últimos días no deben fatigarnos físicamente. «El objetivo no es hacer más cosas, sino volver con una mayor sensación de bienestar», concluye la experta.
La clave: cuidar la salud mental durante todo el año
Desconectar unos días es beneficioso, pero el bienestar psicológico no debería depender únicamente de las vacaciones. Incorporar pequeños momentos de descanso durante la rutina diaria, aprender a poner límites y dedicar tiempo al autocuidado y el autoconocimento son hábitos que ayudan a prevenir el estrés crónico y el agotamiento emocional.
Patricia Conejero, la psicóloga de Almansa que transforma vidas
«La salud mental se construye con pequeñas decisiones cotidianas», afirma Patricia Conejero.
Para más información, la página oficial de Patricia Conejero (patriciaconejero.es), donde ofrece consejos a sus seguidores para mantener una salud mental óptima y prestar atención a posibles señales de alarma.
Si en algún momento necesitas ayuda no dudes en buscar apoyo profesional y ponerte en contacto con ella mediante cita previa disponible en el teléfono: 622 18 09 19.
También tienes acceso a sus perfiles de redes sociales, donde encontrarás consejos diarios para cuidar de tu salud mental.
Puedes seguir a Patricia Conejero Psicología en Facebook haciendo clic aquí: https://www.facebook.com/PsicologaPatriciaConejero
O también en su interesante perfil de Instagram haciendo clic aquí: https://www.instagram.com/patricia.conejero_psicologa/.



