El monte arde. España se enfrenta a uno de sus mayores retos causados por una crisis climática que ya está aquí. Las cifras hablan por si solas: decenas de muertos, cientos de miles de hectáreas quemadas y otras decenas de miles (sí, decenas de miles) de personas evacuadas por incendios en toda la geografía nacional. Foto | Bomberos de Almansa actúan en primera linea del incendio de Guadalajara (2026).
En este escenario concreto, tal y como avanzó el Bombero Forestal Iban Díaz a este periódico, la temporada de alto riesgo de incendios forestales se presentó en 2026 con un factor determinante: las abundantes lluvias previas. Aunque han llenado los pantanos, estas precipitaciones han favorecido el crecimiento masivo de vegetación, lo que los expertos denominan «combustible fino». Con la llegada de las olas de calor y el viento, este pasto y matorral pierden su humedad, convirtiéndose en material altamente inflamable que facilita la ignición y propagación de las llamas.
El factor humano: el verdadero riesgo
A pesar de que los mapas oficiales muestran índices de propagación potencial, Díaz subraya que «el riesgo de incendio no se puede poner en un mapa», ya que el peligro real emana de las imprudencias. En el último decenio (2011-2021), Almansa registró 38 incendios, de los cuales la inmensa mayoría fueron accidentales o negligencias (fumadores, uso de radiales, petardos o barbacoas) y tan solo uno fue intencionado.
Actitudes cotidianas en el campo pueden desencadenar catástrofes rápidamente. Por ello, desde junio a septiembre está prohibido cualquier uso del fuego en el medio natural. Ya sea para cocinar una barbacoa como para quemar rastrojos o para celebrar San Juan… Ninguna de estas razones son válidas: está terminantemente prohibido hacer fuego en esta época. Y este dato es bueno recordarlo a familiares y amigos, especialmente en fechas de «juntanas» o vacaciones en el campo.
Prevención: de «cortafuegos» a áreas de defensa
El trabajo de los bomberos forestales no se limita al verano. Entre septiembre y junio se realiza la «selvicultura preventiva». Actualmente, el concepto tradicional de «cortafuegos» está en desuso porque puede inducir a error: los grandes incendios avanzan por «paveseo», lanzando pavesas que vuelan hasta kilómetros y superan carreteras o embalses. En su lugar, se crean áreas de defensa y líneas de contención donde se reduce la carga de combustible. El objetivo no es detener el fuego mágicamente, sino disminuir su intensidad para que los medios de extinción puedan posicionarse y trabajar con seguridad.

Es cierto, y lo estamos escuchando más que nunca durante estas últimas jornadas: «Los incendios se apagan en invierno». Una frase que contiene alta dosis de verdad, pero tampoco la absoluta, ya que la actuación en extinción es también de vital importancia y ha sufrido una notable mejora en las últimas décadas.
Dispositivo de incendios en Almansa: de la prevención a la actuación
Ante la mínima sospecha o avistamiento de una columna de humo, se activa el «despacho automático». En Almansa, este protocolo moviliza de inmediato un retén (con base en el antiguo silo), un agente medioambiental, una brigada helitransportada desde Carcelén y se da aviso a otros medios aéreos, incluso antes de confirmar que se trata de un incendio.
Este sistema ha evolucionado drásticamente desde los años 80, cuando incendios masivos de 38.000 hectáreas se atendían con apenas un helicóptero y tres autobombas. Hoy, un incendio incipiente como el del Barranco de la Mosca en 2014 puede movilizar a 250 personas y más de veinte medios aéreos. Además, la coordinación entre comunidades autónomas como Castilla-La Mancha y Valencia es ahora total, eliminando antiguas trabas burocráticas.

Instrucciones para la población: ojos, no manos
La colaboración ciudadana es vital para la prevención de incendios en Almansa, actúa como «ojos del dispositivo». Ante cualquier humo, sea cual sea, se debe llamar inmediatamente al 112. No hay repercusiones legales si resulta ser una falsa alarma producida por polvo o niebla; es preferible avisar por precaución. «Está prohibido hacer fuego, por lo que antes cualquier tipo de columna de humo debemos presuponer que es un incendio», advierte tajante Díaz, también Jefe de la Agrupación de Voluntariado de Protección Civil Almansa.
Sin embargo, una vez declarado el incendio, la población no debe intervenir por su cuenta. El uso de técnicas como el «fuego técnico» (quemas controladas para frenar el frente) hace que la presencia de civiles sin coordinación sea extremadamente peligrosa, pudiendo quedar atrapados por las maniobras de los profesionales. Lejos quedan aquellas imágenes de autobuses que transportaban a civiles hasta el fuego para ayudar a extinguirlo. «Sí, la población civil tiene derecho de participar en la emergencia, pero se debe hacer con la mínima protección personal exigible y siempre, siempre, bajo la organización y mando de la dirección de la intervención».

Prevención de incendios en Almansa
La extinción es descrita como una «partida de ajedrez muy complicada» que requiere tiempo y estrategia. Es fundamental que la ciudadanía respete el trabajo de los profesionales y entienda que hay momentos de «ventana» meteorológica donde se debe esperar para actuar con eficacia.
Asimismo, es imperativo respetar los descansos de los profesionales, en especial la de bomberos de primera línea y pilotos, quienes desempeñan el trabajo con mayor siniestralidad del sector aéreo. Es demencial que existan las llamadas «Descargas BBC», hablamos de las descargas de agua que se mantienen por presión social y para que «salga en la tele», aunque técnicamente no sean efectivas en ese momento, por lo que los profesionales piden paciencia y confianza en la dirección técnica de la emergencia.
Mientras España arde, desde Almansa miramos con miedo a nuestro monte, reaccionando con pavor al más mínimo aroma a quemado. Para no llorar, la solución preventiva pasa por el respeto al medio ambiente: no arrojar basura al entorno, no realizar imprudencias y, por encima de todo, nunca encender fuego desde junio a septiembre.








