Toni Bright, mentalista: «En este oficio no hay trucos, la palabra es ‘ilusión’: si crees en algo, se puede hacer realidad»

El célebre ilusionista regresa al Teatro Regio de Almansa con un espectáculo participativo diseñado para impresionar a todas las generaciones
Tony Bright mentalista

– Vuelve a repetir esa palabra – pide al otro lado de la línea cuando escucha la palabra «truco».

No hay reproche en su voz. Es la deformación profesional de una persona que lleva dos décadas velando por la pureza de su trabajo. Para Toni Bright, la palabra «truco» está desterrada: evoca trampa o engaño. Lo suyo es la ilusión.

Detrás del mentalista capaz de dejar con la boca abierta a Carlo Ancelotti, Vicente del Bosque, Juan y Medio o los hermanos de Estopa, hay un tipo llano, alegre y conversador. Descubrió el oficio de niño gracias a un programa de televisión, se formó de forma autodidacta y se despojó de la vergüenza en terrazas de bares antes de subirse a las tablas de los mejores teatros de España, y superó la falta de reconocimiento que sufre esta disciplina en España en comparación con otros países. «Tenemos magos y mentalistas de un nivel extraordinario, pero el problema es que aquí no se valora la magia. Nos tienen un poco marginados, y es una pena», reconoce.

Este 24 de octubre, el mentalista ilicitano regresa a Almansa para reencontrarse con el público del Teatro Regio, un escenario que conoce bien y al que guarda mucho cariño. Por delante tiene una hora y cuarto aproximadamente de espectáculo, dispuesto a sacudir los prejuicios del público más escéptico y lograr que, al menos durante un rato, los adultos vuelvan a mirar el mundo con los ojos de un niño.

Ya has estado en Almansa. ¿Qué recuerdos guardas de tus anteriores visitas?

He estado varias veces y he actuado en los tres espacios escénicos: el Teatro Principal, la Casa de Cultura y el Teatro Regio. Me parece super curioso que una ciudad como Almansa mantenga esa oferta tan viva. Además, guardo un cariño muy especial a la localidad porque de pequeño mis padres me llevaban mucho a comer al restaurante Pincelín. La gente de aquí siempre ha respondido de diez; es un público sumamente agradable y cercano.

¿Qué fue lo que te atrajo del mentalismo frente a la magia tradicional?

De niño, estando en el salón con mi padre, recuerdo que me llamó para ver a un mentalista en la tele. Aquel hombre colocó un vaso boca abajo sobre una mesa y el vaso reventó. Para mí fue una auténtica flipada. Aquella noche no dormí pensando cómo lo había hecho. En esa época no existía internet ni redes sociales para buscar la solución, y conseguir libros de magia en una biblioteca era muy complicado. Cuando cumplí la mayoría de edad sí pude acceder a material de estudio e ir formándome hasta llegar a donde estoy hoy. Le estoy profundamente agradecido al universo por haberme permitido dedicarme a esto. Desde aquí animo a todo el mundo a perseguir sus sueños; si estamos en esta vida sin intentar cumplir lo que soñamos, realmente no estamos viviendo la vida que nos merecemos.

En tu disciplina sueles hacer un matiz muy claro sobre el concepto de «truco»…

Sí, porque lo que hacemos los mentalistas no son trucos; son juegos, efectos o experiencias. La palabra «truco» connota que algo está trampeado o engañado, y lo bonito de este arte es mantener viva la fe en la ilusión. Siempre lo digo: no necesitas ver para creer, sino entender que si crees en algo, se puede hacer realidad. Mucha gente va al teatro buscando la trampa, pero los mentalistas jugamos con la ilusión, que es algo mucho más noble. Lo primero que aprendí en este oficio es que la palabra «truco» hay que eliminarla del vocabulario; la palabra bonita es «ilusión».

Has comentado en otras entrevistas que el mentalismo es una disciplina bastante menos extendida en España en comparación con otros países. ¿A qué crees que se debe?

En España hay magos y mentalistas de un nivel extraordinario, pero el problema es que en este país no se valora la magia como en el Reino Unido o en Estados Unidos, donde goza de un gran prestigio. Aquí apenas se programan espectáculos de ilusionismo en los grandes teatros si lo comparas con los monólogos o las obras de teatro convencionales. A veces me he encontrado con programadores que rechazan la magia porque años atrás no les gustó un mago puntual; sin embargo, si una obra de teatro no funciona, siguen programando teatro. Nos tienen un poco marginados, y es una pena porque el de la magia es de los pocos espectáculos capaces de reunir a tres generaciones en una misma sala: niños, adultos y gente mayor disfrutando juntos. Los magos repartimos ilusión, y tal como está el mundo hoy en día, nos hace mucha falta.

Tony Bright creer es poder
Foto cedida por Toni Bright

Y al ser una disciplina con menos presencia, ¿Cómo afectó eso a tu formación?

Mi aprendizaje fue absolutamente autodidacta, me enseñé por mí mismo. Jamás me había subido a un escenario cuando empecé; me tuve que curtir desde abajo, actuando en cafeterías, bares, restaurantes, hoteles, bodas, bautizos y comuniones. Formarme a base de eso me ha permitido acumular dos décadas de trayectoria sobre los escenarios. Es muy bonito saber que has empezado desde cero y que has llegado arriba a base de esfuerzo, sacrificio y amor por tu trabajo.

El mentalismo combina psicología, sugestión, lenguaje corporal e intuición. ¿Cuánto hay de estudio del comportamiento humano en tus espectáculos y cuánto de improvisación?

El mayor poder que puede tener un mentalista es saber entretener. A veces no importa tanto qué haces, sino cómo lo haces. Cualquier persona puede aprender la técnica o estudiar la comunicación no verbal, pero lo verdaderamente complejo es saber presentarlo ante la gente. Además, a la persona de a pie le impone mucho respeto subir a un escenario. Me he encontrado con voluntarios que en su vida diaria ejercen profesiones de mucha responsabilidad, como policías o profesores, y al salir a escena les entra pánico escénico. Es una dinámica muy curiosa porque son muy buenos en su trabajo, pero subirse a las tablas no tiene nada que ver.

Dependes al 100% de las reacciones del público. ¿Cómo gestionas que alguien no colabore?

Hay de todo, pero lo bonito es que cada función es un mundo completamente diferente. Si actúo en un sitio y al día siguiente en el pueblo de al lado, aunque el repertorio sea el mismo, el show cambia radicalmente. El público es el verdadero protagonista; sin ellos no hay espectáculo posible. Cada teatro y cada auditorio tienen su propia energía.

Hoy en día, con internet la gente busca constantemente explicaciones lógicas a todo, ¿es más difícil sorprender al espectador que antes?

Hace diez años era más sencillo sorprender, desde luego. De hecho, si lo que hago hoy lo hubiera hecho hace un siglo, me habrían quemado en la hoguera seguro. Hoy la gente consume mucho contenido y busca soluciones a todo en la red. Lo fascinante de mi espectáculo es que la gente sale intentando buscar explicaciones lógicas y elaboran teorías muchísimo más complejas que la propia realidad.

Te gusta el espectador escéptico…

Muchísimo. Los escépticos son los que luego se llevan el mayor impacto. Entran pensando que no se van a creer nada y salen habiendo experimentado algo increíble que les hace volver a creer en la magia.

Has dejado boquiabiertas a personalidades de todo tipo, desde Carlo Ancelotti hasta Juan y Medio o los miembros de Estopa. ¿A quién resulta más difícil leerle la mente: a un deportista de élite, a un presentador o al público general?

La verdad es que resulta más complejo leerle la mente al espectador de un teatro que a las figuras públicas. He tenido la suerte de trabajar para muchas personalidades y todas han sido encantadoras. Le tengo una gran estima a Vicente del Bosque, con quien he coincidido varias veces. Recuerdo que la última vez, en Villena, me vio desde lejos, vino a saludarme y me dijo: «Hombre, Tony, ¿hoy también me vas a hacer algo?» Que una persona de su relevancia mundial y su calidad humana se acuerde de ti es de las cosas más gratificantes de esta profesión.

Mirando hacia atrás, desde tus inicios haciendo mentalismo en la calle o en la playa hasta actuar para el Elche CF, Audi o La Caixa, debe de ser impresionante echar la vista atrás.

Sí, a veces llego a casa y lo pienso. Empecé siendo un chaval haciendo actuaciones en la calle, acercándome a la gente en la playa o en terrazas, y haber terminado actuando en grandes teatros y para firmas de ese nivel es algo maravilloso. Para dedicarte a esto necesitas ciertas cualidades innatas; tienes que ser una persona extrovertida sobre el escenario. El artista debe ser extrovertido en escena, aunque en mi vida privada me considero alguien bastante más introvertido de lo que la gente imagina. Sobre el escenario me preocupo mucho por tratar impecablemente a los voluntarios. En España existe la tendencia a confundir el mentalismo con la hipnosis, y hay gente que sube con miedo a ser hipnotizada. Mi labor es hacerles sentir cómodos para que vean que es una experiencia totalmente segura y respetuosa.

Tony Bright
Foto cedida por Toni Bright

¿Recuerdas alguna reacción de algún famoso que te haya sorprendido especialmente? Y por otro lado, ¿a quién te gustaría hacerle un pase de mentalismo si pudieras elegir?

Me llamó mucho la atención la reacción de Carlo Ancelotti. Hice un evento en Sevilla con él, su hijo y su mujer. Ancelotti, que siempre se muestra tan calmado en las ruedas de prensa, se levantó de la silla alucinado. Nos sorprendió a todos sacarle de esa calma tan característica. Y en cuanto a mi sueño personal, me encantaría hacerle un número a mis ídolos de la música, Noel y Liam Gallagher, de Oasis. El año pasado estuve en cuatro conciertos de su gira. Hacerles mentalismo a ellos sería el broche de oro a mi carrera; después de eso ya podría cerrar el chiringuito tranquilo (risas).

¿Tiene techo el mentalismo? Después de tantos años sobre los escenarios, ¿Cómo mantienes la frescura para no caer en lo repetitivo?

Creo que cualquier espectáculo puede expandirse hasta el infinito si mantienes la pasión. Lo fundamental es transmitir esa energía, esa vitalidad y las ganas intactas de subirte a las tablas. La gente necesita creer y soñar, y no hay mejor lugar para hacerlo que un teatro.

Has comentado que adaptas la función según la energía del público en los primeros minutos. ¿Cómo recuerdas al espectador o espectadora de Almansa?

El público de Almansa lo recuerdo como tranquilo, educado y muy respetuoso, lo cual facilita mucho la interacción. Hay mucho contraste según la geografía: el público del norte tiene un hábito teatral muy arraigado y es extremadamente educado; el del sur es más participativo y efusivo. Aquí diría que hay un equilibrio fantástico para trabajar.

Para el vecino o vecina que nunca ha presenciado un show de mentalismo en directo, ¿Qué se va a encontrar en el Teatro Regio y qué le dirías para que se anime a asistir?

Sin hacer spoiler, es un espectáculo ameno, divertido, muy participativo y dinámico. Sorprende por igual a niños y a adultos. Siempre digo que es un show donde los niños lo pasan como adultos y los adultos vuelven a sentirse niños por unas horas. Van a salir del teatro sorprendidos.

ecoVitab Programa Cultural Almansa

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