Tal día como hoy, en 1991, el Santuario de Belén recibió la declaración de Bien de Interés Cultural, un reconocimiento que puso en valor la historia, el arte y el profundo vínculo emocional de este rincón con Almansa. Tres décadas después, a unos doce kilómetros de la ciudad, el santuario conserva un importante legado patrimonial y sigue siendo un lugar de peregrinación y devoción muy arraigado en la vida de generaciones de almanseños y almanseñas. | Foto: Paulino Ruano Díaz
Es en los meses de verano cuando adquiere un protagonismo especial. La llegada de Nuestra Señora de Belén a Almansa y su posterior regreso al santuario en septiembre marcan dos de los momentos religiosos y festivos con mayor arraigo en la ciudad. Esta efeméride coincide, además, con otra especialmente significativa y estrechamente vinculada: el centenario de la coronación de la Virgen, un año singular en el que la romería de regreso tuvo que suspenderse hasta en dos ocasiones, celebrándose finalmente el traslado en octubre, tras la misa en el propio santuario.
En ese regreso tardío y en un año tan especial, la Virgen lució un nuevo manto de camino donado por la Agrupación de Comparsas, con estrellas bordadas en hilo de plata, que sustituyó al anterior, ya muy deteriorado por el paso del tiempo. Más allá de estas fechas señaladas, el Santuario de Belén permanece como un remanso de paz.
Un conjunto arquitectónico de gran valor
El Santuario de Belén presenta una arquitectura que combina elementos barrocos y neoclásicos, fruto de distintas fases constructivas a lo largo de los siglos. El conjunto está formado por la iglesia y varias dependencias anexas, como la sacristía, el camarín, el museo y la sala de velas.
La iglesia cuenta con una planta rectangular de nave única, coro a los pies y una fachada presidida por una portada principal rematada por una espadaña añadida en 1922. En su interior, destaca la bóveda de cañón rebajada con lunetos decorados, dividida en cinco tramos por arcos fajones apoyados sobre pilastras policromadas, entre las que se simulan capillas mediante arcos pintados.
La cabecera alberga un retablo barroco de talla policromada, fechado en 1715, organizado en tres cuerpos. Desde este espacio se accede a la sacristía y al museo a través de puertas barrocas talladas y decoradas con pintura al fresco.
Especial relevancia tiene el camarín, considerado la dependencia más singular del santuario y que se terminó de construir en 1731. De planta cuadrada, está cubierto por una cúpula sobre pechinas dividida en ocho segmentos, con decoración pictórica al fresco tanto en la cúpula como en las paredes. Su pavimento original, compuesto por azulejos de influencia levantina, es una de las piezas más valiosas.
Orígenes en el siglo XVI y devoción popular
Las primeras noticias documentadas del santuario se remontan al siglo XVI. El 15 de marzo de 1515, el almanseño Juan Sánchez de Belén, propietario de las tierras donde hoy se ubica el conjunto, dejó constancia de la existencia de una primitiva ermita que albergaba una pequeña talla de la Virgen, traída de un viaje a Roma.
El culto a la Virgen de Belén fue creciendo progresivamente, favorecido por la proximidad a la acequia de Alpera, que garantizaba agua y sombra, esenciales para el descanso del ganado, y por su cercanía al antiguo camino real. Este enclave propició la aparición de una feria de ganado en torno a la ermita y atrajo a numerosas gentes del entorno que acudían a venerar a la Virgen.
Hacia 1540, los almanseños acordaron celebrar en la ermita de Belén el Voto a San Juan de mayo, una peregrinación que tenía lugar cada 6 de mayo. A partir de ese momento, la afluencia de personas aumentó tanto que fue necesaria la reforma y ampliación de la ermita original.
Las obras comenzaron a finales del siglo XVI y concluyeron en 1627, cuando el patronato de la fundación pasó definitivamente a manos del Concejo de Almansa, dejando de pertenecer a los herederos de Juan Sánchez. Ese mismo año, el 6 de febrero de 1627, se documenta el primer caso conocido de rogativa a la Virgen de Belén, cuando, debido a una extrema sequía, representantes del concejo y del clero trasladaron por primera vez la imagen desde su ermita hasta la iglesia de la Asunción para pedir lluvias.
La iglesia y sus dependencias
Gran parte del conocimiento actual sobre el santuario se apoya en el estudio iconográfico realizado por Juana Tomás Vico, presentado en las XX Jornadas de Estudios Locales, Arquitectura religiosa en Almansa (2013). En este trabajo se detalla que la construcción de la iglesia data del siglo XVII, mientras que el resto de dependencias se desarrollaron durante el siguiente siglo.
Según el estudio de la historiadora, el retablo barroco del altar mayor, fechado en 1715, fue ejecutado y ensamblado con anterioridad a la construcción del camarín, tal y como indica la inscripción situada sobre el pedestal del banco, en la que se puede leer: «Se hizo esta obra a devoción de los vecinos de la villa de Almansa» y, a la derecha, «siendo comisario D. Fulgencio Galiano Spuche, en el año 1715».
El estudio también menciona la singularidad del arco central del retablo, que permite orientar la imagen tanto hacia el templo como hacia el camarín, lo que podría justificar la existencia de un contrarretablo donde pudieron celebrarse oficios litúrgicos, como sucedía en otros conventos de la comarca.
En cuanto a la autoría del retablo, hasta el año 2002 se desconocía la identidad de su escultor y ensamblador. Fue la investigación de Clemente López (2003) la que permitió desvelar el nombre de sus artífices: los maestros de ensamblaje y vecinos de Ayora, Pedro Fernández y Pablo Tomás. Respecto al dorador, todo apunta a que pudo ser Tomás Velando, un prestigioso dorador que residió en Almansa entre la segunda y la tercera década del siglo XVIII
Últimas reformas en el Santuario de Belén
A lo largo de los siglos XIX y XX, el santuario fue objeto de diversas reformas, como la realizada en 1834 ante el deterioro del edificio, la restauración de la fachada en 1922, y otras actuaciones posteriores hasta la actualidad, como la edificación de los soportales del extremo derecho de la plaza, el adoquinado, la restauración y pintura de la fachada y la nueva peana de la Virgen, realizada por Carlos Arques en 2002.
Similitudes y vínculos con otras ermitas de la provincia
Otra de las aportaciones del estudio iconográfico de Juana Tomás Vico es la relación del Santuario de Belén con otros santuarios de la provincia de Albacete que comparten similitudes arquitectónicas y decorativas. En localidades cercanas a Almansa destacan la Ermita de la Virgen de la Consolación, en Montealegre del Castillo, y la Ermita de la Virgen de Gracia, en Caudete. Ambas cuentan con camarines pavimentados con cerámica valenciana, aunque la segunda, construida en 1744, muestra mayor riqueza cromática.
El estudio menciona también la Ermita de Belén de Liétor, especialmente relevante por conservar uno de los conjuntos más bellos de pintura popular barroca de la provincia, con frescos en la nave principal que simulan retablos y hornacinas, así como decoración pictórica en el arco del presbiterio y en el camarín, donde aparece también un zócalo pintado que imita la azulejería valenciana.
Hace unas semanas, el Santuario presentó nuevas mejoras y adquisiciones. Para saber más lee la siguiente noticia:





