Saludo de la Directora: El tic-tac del calzado

Ilustración Paulino Ruano I Calzado
Paulino Ruano

Hubo muchas tardes en Almansa en las que el tiempo no se midió en minutos, sino en «pares acabados». Las horas no las marcaba el tic-tac del reloj, sino el tac-tac obstinado que salía de fábricas, casas y talleres clandestinos. Miles crecieron escuchando el diapasón del martillo, las máquinas de coser y las aparadoras; o fueron sus propias manos las que sostuvieron el ritmo cardiaco de una ciudad entera.

Hoy ese tic-tac es diferente. No suena como el esforzado pulso que levantó, casi de la nada, una de las industrias más singulares de España. Es más bien una advertencia; un latido irregular: el convenio del calzado caduca el 31 de diciembre.

CCOO pide mejoras: subir salarios, reducir la jornada anual al menos 16 horas y una mayor protección. La patronal, «flexibilidad» para adaptarse a las leyes laborales y menos trabas a los fijos discontinuos. Urge llegar a un acuerdo que no estrangule al trabajador ni debilite a las empresas. Salvar aquello que aún nos define.

No conviene por ello olvidar de dónde venimos. A mediados del s. XIX, el ferrocarril y el empuje visionario de la familia Coloma obraron e milagro: de apenas 150 zapateros artesanos se pasó a más de 1.500 obreros. Almansa se convirtió en ciudad-fábrica; motor de progreso. Llegaron guerras, dictaduras y cierres, como el de los Coloma, en 1954. Pero el latido resistió.

Sí, a partir de los años dos mil muchas perecieron. Sancho, Lorens y tantas otras. Aguantan Magnanni, Mezlan, Michel, Martino Forma. Sendra Boots, centenaria, sigue ahí. Pese a los ERE, la deslocalización y el cansancio obrero.

De ahí que la negociación que inicia en 2026 no es un mero trámite, sino el proceso de volver a enhebrar un oficio entero. CCOO está realizando asambleas en todas las zonas zapateras para construir una plataforma consensuada a nivel nacional. El acuerdo debe estar listo antes de junio, dicen, para evitar incertidumbre, atrasos salariales y el conflicto de la negociación anterior.

Porque, cuando un acuerdo afecta a unas 2.000 familias, no hablamos solo de salarios u horas: hablamos de dignidad. De si Almansa quiere seguir siendo tierra de zapateros o un recuerdo tallado en bronce en su monumento, que por cierto, este 2026 cumplirá 40 años. La obra de Benlliure nació para honrar el orgullo obrero; hoy exige coherencia. Que no se convierta en lápida.

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