Belén Teruel Megías, el hilo invisible que cosió la historia de Almansa

Casi medio siglo entre las máquinas de Calzados Míster avalan a una mujer que convirtió el aparado en un arte y el compañerismo en su bandera
Belén Teruel Megías

Su historia es la crónica viva de una ciudad que se construyó entre el olor a piel y el sonido rítmico de las máquinas de aparar. Se le premia por haber dedicado casi medio siglo a una industria que es el alma de Almansa, por haber sido el hilo invisible que, puntada a puntada, ha mantenido viva la identidad de un pueblo.

El pasado 7 de marzo en un Teatro Regio que se puso en pie para aplaudir a Belén Teruel Megías una trayectoria impecable en el sector del calzado. Tania Andicoberry subió al escenario para dar voz a la semblanza de la homenajeada.

Un origen marcado por el aroma a cuero

Belén Teruel Megías nació un 27 de julio de 1963 en una Almansa que era «nuestra tierra marcada por el trabajo, la humildad y, sobre todo, por el inconfundible olor a piel y a cuero que durante décadas ha llenado sus calles y sus talleres».

Hija de Julián y Vicenta, fue la segunda de cinco hermanos —José, Belén, Julia, Antonio y Raquel— en un hogar donde la escasez de recursos se suplía con una abundancia de valores: allí aprendió la importancia de compartir y la necesidad de salir adelante siempre unidos.

Sus primeros años transcurrieron en las aulas del colegio Duque de Alba, donde no solo adquirió conocimientos académicos, sino que sembró amistades sinceras que han resistido el paso de las décadas.

Sin embargo, Belén pronto comprendió que en la Almansa de aquella época la vida no esperaba. Siendo apenas una niña, aprovechaba sus veranos y el tiempo después de clase para trabajar en la fábrica de Amadeo montando cajas. «Eran tiempos en los que el calzado era el sustento de casi todas las familias; tiempos duros, sí, pero también llenos de orgullo, de compañerismo y de sueños compartidos».

Una vida entre puntadas

El destino profesional de Belén quedó sellado en 1979, cuando con solo 16 años cruzó por primera vez el umbral de Calzados Míster. Lo que comenzó como un primer empleo terminó convirtiéndose en su segunda casa durante los siguientes 47 años. Allí, con la paciencia de quien sabe que la maestría requiere tiempo, fue aprendiendo los secretos del oficio hasta especializarse en el aparado.

En el taller de aparado, sus manos se transformaron en herramientas de precisión artesanal. La biografía leída en el Regio subrayó que, durante casi medio siglo, Belén ha sido una parte «discreta pero imprescindible de una industria que ha dado identidad, empleo y dignidad a Almansa».

Su filosofía laboral siempre fue clara: la curiosidad y las ganas de aprender eran el motor, pero el combustible era el sentimiento, pues para ella «el trabajo bien hecho nace del corazón». Detrás de cada par de zapatos que salió de sus manos había mucho más que cuero y suela; había una historia de «madrugones, esfuerzo, compañerismo, risas compartidas en los descansos y apoyo mutuo en los momentos difíciles».

Esa dedicación no pasó desapercibida para sus compañeros, quienes le otorgaron el reconocimiento más valioso de todos: su cariño y respeto profundo. Como bien señaló Andicoberry, Belén es de esas personas capaces de dejar una huella imborrable sin necesidad de hacer ruido, alguien que siempre está dispuesta a escuchar, aconsejar y tender la mano a quien lo necesite.

El hilo que une el trabajo y el hogar

Si en la fábrica Belén cuidaba cada detalle, en su hogar ha sabido tejer una historia igual de hermosa. Desde hace más de 40 años camina junto a José, su compañero de vida, con quien ha construido un refugio basado en el amor y la complicidad. Juntos han visto crecer a sus hijos, Lorena y Álex, «quienes hoy son su mayor orgullo».

Sin embargo, hay un título que Belén ostenta con especial alegría: el de ser una «auténtica ‘superabuela’» para sus nietos, Jorge y Marta. Su vida ha sido un hilo continuo donde se han entrelazado «el amor por los suyos, el respeto por el trabajo y el orgullo de pertenecer a una tierra zapatera que nunca se rinde».

La biografía concluyó con una reflexión poderosa sobre la figura de Belén como espejo de tantas otras: «Mujeres valientes, discretas, incansables. Mujeres que, puntada a puntada, levantaron una ciudad, sostuvieron familias y dejaron un legado de dignidad que merece ser recordado».

ecoVitab

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