Dionisia Serrano, la «madre de todos»: un tributo al trabajo silencioso de las amas de casa

La asociación Mujeres en Igualdad rinde un emotivo tributo a esta vecina de Almansa que, a sus casi 83 años, personifica la fortaleza y el sacrificio de una generación
dionisia serrano

Dionisia Serrano Secaduras tiene ocho hijos, trece nietos y un corazón infinito. Por eso, la asociación Mujeres en Igualdad en Almansa quiso rendir tributo a su trayectoria de vida en la categoría de Ama de casa, durante el Acto ‘Homenaje a ocho mujeres almanseñas’, en conmemoración del 8 de marzo.

A través de la lectura de texto biográfico a cargo de Tania Andicoberry, concejala del Ayuntamiento de Almansa, se recorrieron los hitos cronológicos de la vida de Dionisia y se rescató del olvido cotidiano la grandeza de una mujer que representa a toda una generación de «mujeres valientes a las que –desde siempre– hemos querido poner en valor desde nuestra Asociación».

Dionisia nació el 27 de abril de 1943 en Villanueva del Arzobispo, Jaén. De entre todas las homenajeadas de la jornada, ella ostentaba el título de ser la más longeva, un detalle que solo añadía peso a su ejemplo. Hija de Pedro y Antonia, creció en el seno de una familia humilde y trabajadora donde, aprendió los valores que han sido la brújula de sus casi 83 años de vida: el respeto, el esfuerzo, la responsabilidad y, por encima de todo, el amor por los suyos.

Aquella infancia en tierras jiennenses forjó su carácter. «Creció en una época en la que muchas mujeres sostenían sus hogares desde la discreción, sin reconocimiento público, pero con una fortaleza admirable», se recordó durante el acto, subrayando que Dionisia fue un reflejo fiel de esa capacidad de cuidado y sacrificio que aprendió desde muy joven.

Un camino compartido: de Jaén a Almansa

La vida de Dionisia dio un vuelco a los 18 años, cuando la familia se trasladó a Elda por el destino militar de su padre. Fue allí donde, con apenas 19 años, el destino le presentó a Eduardo, el que se convertiría en el amor de su vida y compañero inseparable. Un año más tarde, la pareja se establecía definitivamente en Almansa, la ciudad que vería nacer y crecer su mayor proyecto vital.

En 1964, Dionisia y Eduardo se dieron el «sí, quiero», iniciando un camino basado en el compromiso mutuo. La familia no estuvo exento de dificultades. Su primer hijo fue un niño y, aunque el destino les puso una dura prueba para el matrimonio, lejos de rendirse, Dionisia demostró una «fortaleza admirable», decidiendo junto a Eduardo conformar la que hoy es su mayor riqueza: una familia numerosa y unida.

Poco a poco, el hogar de los Serrano se fue llenando de risas y preocupaciones. Llegaron Pedro, Juan Ramón, Antonio, Mari Carmen, Eduardo, Teresa y, finalmente, David, el benjamín, que llegó como un regalo inesperado. Ocho hijos. Ocho historias. Ocho vidas cuidadas con amor, paciencia y entrega.

«Fue madre, enfermera, maestra, consejera, cocinera, costurera, administradora del hogar y apoyo incondicional». Todo ello, recordó la voz de Andicoberry, se realizó «sin horarios, sin vacaciones y sin reconocimiento externo, pero con una vocación inmensa».

El pilar que sostiene la sociedad

Uno de los momentos más aplaudidos del acto fue la reivindicación de la figura del ama de casa como un motor social. La biografía destacó que el trabajo de Dionisia «no aparece en nóminas ni en currículos, pero sostiene hogares, educa personas y construye sociedades». Gracias a su dedicación, generaciones enteras han podido crecer con estabilidad y valores sólidos.

Dionisia no solo crió a sus hijos; los acompañó en cada etapa vital: desde sus comuniones y estudios hasta sus bodas y el servicio militar, celebrando sus logros y sosteniendo sus caídas. Hoy, ese legado se ha multiplicado. Con trece nietos y dos bisnietos (con uno más en camino), Dionisia sigue siendo el pilar central de su familia. A sus casi 83 años, su labor no ha terminado, pues, como se dijo en el acto, «ser madre y abuela no termina nunca».

Durante el acto, se recordó con especial emoción a Eduardo, el marido de Dionisia, a quien definieron como el «ángel que los acompaña desde el cielo». Juntos supieron transmitir a su prole que lo verdaderamente importante en la vida no es «tener», sino «ser». Sus hijos, yernos, nueras y nietos, presentes en el acto, no podían ocultar su orgullo ante una mujer que es «ejemplo de dignidad, ternura y fortaleza».

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