Por haber convertido el mostrador en un puente de afecto, por entender que el comercio es, ante todo, el arte de cuidar a las personas y por haber dedicado más de cuatro décadas «a vestir con elegancia y calidez los hogares de Almansa». Bajo esta premisa de gratitud, Mujeres en Igualdad rindió homenaje a Margarita Calero Millán el pasado 7 de marzo en el Teatro Regio, reconociendo su trayectoria y su entrega al comercio local.
La concejala del Ayuntamiento de Almansa, Tania Andicoberry tomó la palabra para dar lectura a una biografía cargada de recuerdos, esfuerzo y una profunda vocación de servicio.
Raíces humildes y el descubrimiento de una vocación
Margarita nació el 7 de julio de 1966 en Hoya Gonzalo, siendo la menor de cinco hermanos. Con apenas cuatro años, su familia se trasladó a Almansa, la ciudad que se convertiría en su verdadero hogar y en el escenario donde desarrollaría toda su vida. Creció en el seno de una familia «trabajadora, humilde y comprometida», con un padre empleado en la fábrica de Alfredo Reig y hermanos vinculados a la industria del calzado.
Su andadura laboral comenzó de forma temprana. Con solo 16 años, Margarita ya mostraba ese «deseo de aprender» que la caracterizaba, iniciándose como dependienta en Confecciones Rico Hoyos. Aquella primera experiencia le permitió comprender el valor de la constancia, pero fue en Deportes Marathon donde, junto a su compañero Paco Tomás, descubrió la profesión que marcaría su destino: el comercio.
Como relató Andicoberry, fueron cuatro años de «aprendizaje, ilusión y vocación» en los que Margarita comenzó a forjar su identidad profesional detrás del mostrador.
San Rafael Hogar: Un sello de elegancia en Almansa
El gran proyecto de su vida profesional nació de una aventura compartida con su marido, Juan. Juntos crearon San Rafael Hogar, una empresa que surgió de la Cristalería San Rafael con el objetivo de «acercar a los hogares de Almansa productos de calidad, buen gusto y calidez».
Los inicios tuvieron lugar en la calle Santa Lucía, donde un rincón de un almacén se transformó en una pequeña tienda dedicada a vestir mesas con vajillas y cristalerías seleccionadas con mimo.
El traslado a la plaza Salvador Allende, frente al mercado, marcó una etapa de crecimiento en la que Margarita, en sociedad con sus amigos Diego y Pedro del Mesón de Pincelín, amplió la oferta hacia la decoración y las listas de boda. En este tiempo, Margarita se convirtió en una presencia familiar para numerosas parejas que iniciaban su vida en común, asistiendo a ferias nacionales para ofrecer siempre lo mejor y más actualizado. Sus clientes «con el tiempo dejaron de ser solo compradores para convertirse en amigos».
Posteriormente, el negocio se trasladó a la Corredera, primero al número 82 y finalmente al 32. Muchos rincones de Almansa conservan hoy la huella de su sensibilidad, una pasión que también se hizo visible en sus escaparates, los cuales fueron «premiados en varias ocasiones» por su belleza y composición.
Un lema de vida: El respeto al cliente
Si algo define la trayectoria de Margarita son los 42 años que pasó atendiendo al público guiada por un lema sencillo pero de una profundidad humana inmensa: «Trata a tus clientes como te gustaría que te atendieran a ti». Este principio fue el norte de su carrera, ofreciendo siempre respeto y una dedicación que traspasaba lo estrictamente comercial.
Durante la lectura biográfica, se hizo especial mención al apoyo incondicional que Margarita recibió de su familia y amigos en cada paso y cada traslado del negocio. En particular, destacó la figura de su hermana Consuelo, una «compañera incansable en los momentos de mayor esfuerzo y trabajo».
A pesar de que tuvo que finalizar su etapa profesional hace cuatro años por motivos de salud, el cariño de la ciudad permanece intacto.
Familia y Fiestas: Los pilares del corazón
La vida de Margarita no se entiende solo a través de su trabajo, sino también a través de su amor por las tradiciones y los suyos. Desde niña participó activamente en las Fiestas Mayores, siendo dama infantil y de distrito. Fue precisamente en esa etapa donde conoció al amor de su vida, Juan. Su vinculación festera continuó en la Comparsa Templarios, donde vivió uno de sus momentos más emocionantes al ser Abanderada en 1983.
Sin embargo, para Margarita, el mayor tesoro son sus hijos, María y Juan, y sus nietos. La mejor herencia que recibió de sus padres fue el valor de la «familia entendida como refugio, apoyo y amor incondicional», un legado que ella ahora transmite con orgullo a las nuevas generaciones.
El homenaje concluyó con una reflexión sobre la paz que otorga el trabajo bien hecho. Margarita siente que atesora una historia llena de personas y momentos que «permanecerán siempre en su corazón». Su trayectoria queda escrita en la memoria de las calles de Almansa como un testimonio de «tranquilidad de haber dado lo mejor de sí».








