Llega la fecha de las parejas, llega San Valentín. Una cena romántica a la luz de las velas, un regalo deseado envuelto en papel rojo, tiempo de calidad para compartir con esa persona en una escapada ideal o, ¿por qué no?, una rodilla hincada en el suelo con un anillo en la palma de la mano… Son escenas que nos recuerdan al día de los enamorados. Sin embargo, especialmente para aquellas relaciones más duraderas, el 14 de febrero se convierte en un buen momento para reflexionar sobre la salud real del vínculo afectivo. Y es que toda pareja atraviesa etapas de dificultad: pero la diferencia radica en cómo se afrontan.
Charlamos con Patricia Conejero, psicóloga en Almansa, en cuya consulta atiende problemas de pareja: «No existen relaciones perfectas, pero sí relaciones que aprenden a gestionar sus conflictos. Es un error asumir los problemas como una señal de fracaso, sin embargo, enfrentarlos como una oportunidad para crecer es la manera más adecuada para mejorar la relación».
Y este es el primer consejo para los que atraviesan por un mal momento: «Ignorar las tensiones suele aumentar el desgaste emocional. Con el tiempo, pequeñas molestias pueden convertirse en distancias difíciles de salvar. La mejor terapia es poner cartas en el asunto».
La comunicación: el pilar más frágil y más importante
Muchos problemas de pareja tienen su origen en fallos de comunicación. No siempre se trata de discusiones intensas. A veces el problema es el silencio prolongado, la falta de diálogo favorece la acumulación de resentimientos. «Cuando la comunicación se deteriora, la pareja empieza a interpretar en lugar de preguntar», señala Patricia Conejero. «Y esas interpretaciones suelen alimentar malentendidos, nunca podemos dar por hecho lo que nos imaginamos que quiere o siente la otra persona: siempre debemos preguntar y, sobre todo, escuchar sin juzgar».
De esta manera, recuperar espacios de conversación sincera es esencial para reconstruir la conexión emocional entre ambas personas. Buenos momentos para hacerlo es en la intimidad, descansados, sin mayor presión encima y siempre con buenas palabras: si el amor es lo que reina entre ambas personas, siempre se debe de hablar con respeto.
Vivir juntos en la misma casa: aprender a negociar sin competir
La convivencia implica compartir rutinas, responsabilidades y expectativas. Una carga compartida que aumenta con el paso de los años. De esta manera, vivir en la misma casa puede sacar a la luz diferencias que antes pasaban desapercibidas cuando la etapa del noviazgo era simplemente algo distinto.
«Convivir no significa pensar igual en todo, sino aprender a negociar», afirma la especialista en problemas de parejas Patricia Conejero. «Una vez más: las relaciones que funcionan bien no evitan los desacuerdos, los gestionan».

Podríamos decir que la clave de una buena gestión es una justa organización. Establecer acuerdos claros sobre tareas domésticas, tiempo personal y prioridades reduce tensiones innecesarias.
Dificultades económicas y su impacto emocional
El estrés financiero es una de los problemas más habituales en la pareja. La preocupación por el dinero puede desplazar el afecto y aumentar la irritabilidad. «Sorprendentemente, las últimas encuestas indican que la primera causa de divorcio no es la infidelidad sino los problemas financieros» indica Conejero.
La economía puede ser el detonante de más inconvenientes para un vínculo afectivo. La falta de provisión hace descuidar otras áreas de la relación. Por otra parte genera mayor estrés laboral y este, a su vez, más cansancio, provocando que la llegada a casa, cuando debemos disfrutar de la otra persona, se haga cuesta arriba en lugar de ser un remanso de paz. Por no hablar que puede provocar deseos en otra persona que (creemos) pueda darnos mayor estabilidad económica.
La solución: trabajar en objetivos comunes y mantener una comunicación honesta. «Además de buscar ayuda en terapias de pareja, es importante establecer metas financieras que puedan alcanzarse en unidad», concluye la psicóloga.
Intimidad y vida sexual: una dimensión emocional
La satisfacción sexual sigue siendo un tema rodeado de prejuicios. Sin embargo, forma parte esencial del bienestar de la pareja y no debería minimizarse. «Estar satisfecho sexualmente no es un deseo egoísta ni algo secundario dentro de la pareja. Pensar que la sexualidad no es importante suele impedir que la pareja aborde dificultades que afectan directamente a su conexión emocional».
Las personas necesitan sentirse deseadas, atractivas y capaces de satisfacer al otro. También necesitan disfrutar de un contacto íntimo saludable. Cuando esta dimensión se deteriora, pueden aparecer distanciamiento, frustración y malentendidos que afectan a la convivencia más allá del dormitorio.

Problemas en la cama y su parte psicológica
Entre los problemas sexuales más frecuentes se encuentran la falta de deseo, la disfunción eréctil y la eyaculación precoz. Aunque la sexualidad no lo es todo en una relación, sí constituye una parte importante del equilibrio afectivo.
«Muchos problemas sexuales tienen un componente psicológico significativo. Por eso es fundamental acudir a un profesional que pueda abordar tanto los aspectos emocionales como los relacionales. La intervención psicológica permite comprender el origen del bloqueo y recuperar la confianza en la intimidad», asegura la gerente de Patricia Conejero Psicología.
Infidelidad y soledad: heridas del pasado
La infidelidad suele ser una consecuencia de problemas no resueltos en muchas ocasiones. También influyen experiencias previas que generan desconfianza.
Patricia Conejero es directa: «La infidelidad no aparece de la nada. En la mayoría de casos suele ser el síntoma de una desconexión emocional prolongada. Sin duda alguna, superar una traición requiere trabajo terapéutico, honestidad y compromiso real de ambas partes, etapa en la que la ayuda profesional es más que útil, muy necesaria».

San Valentín también puede ser una fecha difícil para quienes han sufrido una ruptura o la pérdida de su pareja. La soledad puede intensificar sentimientos de tristeza. «El duelo afectivo necesita tiempo y validación emocional. No es cuestión de olvidar rápido, sino de integrar la experiencia, aceptar y, una vez asimilado, continuar con una vida que no termina con la relación», concluye Conejero.
Cuándo buscar ayuda profesional
Muchas parejas acuden a terapia cuando el desgaste es avanzado. Sin embargo, la intervención temprana facilita cambios más efectivos. «Pedir ayuda no significa que la relación esté rota, todo lo contrario: significa que ambas personas quieren cuidarla y luchar por ella». En este contexto, la terapia de pareja ofrece herramientas para mejorar la comunicación, gestionar conflictos y reconstruir la confianza.
Toda la información se puede encontrar en la página web oficial de Patricia Conejero donde ofrece consejos a sus seguidores para mantener una salud mental óptima y prestar atención a posibles señales de alarma.
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