Por toda una vida dedicada a convertir el silencio en melodía, por su constancia inquebrantable tras las partituras y por haber hecho del clarinete no solo su instrumento, sino una extensión de su propia alma. Este fue el motivo del reconocimiento que la asociación Mujeres en Igualdad brindó a Raquel Tomás Clemente el pasado 7 de marzo, en un Teatro Regio de Almansa que se vistió de gala para aplaudir su trayectoria en la música y su entrega a la banda local.
Tania Andicoberry, concejala del Ayuntamiento de Almansa, subió al escenario para dar lectura a una biografía que repasó los hitos de la homenajeada. A través de sus palabras, los asistentes pudieron comprender que la historia de Raquel es, en realidad, una partitura escrita con esfuerzo, humildad y mucha dedicación.
Los primeros acordes de una vocación temprana
Raquel nació el 10 de junio de 1972 en el seno de una familia humilde y trabajadora, siendo la única hija de Pascual y Luisa. Su infancia transcurrió entre los juegos con sus primos y la felicidad de las pandillas de amigos de sus padres, recuerdos que Raquel todavía «atesora en su memoria y en su corazón».
Pero, más allá de los juegos infantiles, la música llamó a su puerta muy pronto. Con solo seis años, Raquel ya mostraba un interés inusual por el arte sonoro. Comenzó recibiendo clases de guitarra con Antonio Tamarit, conocido como «el jardinero», quien le enseñó a tocar canciones de oído.
Aquella niña aplicada no solo aprendía para sí misma, sino que su compromiso era tal que «incluso ayudara en el colegio a enseñar a otros niños y niñas» las canciones que ya dominaba de memoria. Sin embargo, el destino le tenía reservado un instrumento diferente, uno que no se pulsaba, sino que se soplaba.
El clarinete: una elección con nombre propio
La transición de la guitarra a la banda de música fue casi fortuita pero definitiva. Una conversación con Paqui, la mujer de José López Gimeno «el Papi», fue el detonante. Raquel expresó su deseo de tocar en la banda y encontró en ellos la disposición inmediata para empezar.
La elección del instrumento dejó una de las frases más celebradas de la noche. «fue el hecho de que no le gustara ‘tocar de lado’ lo que llevó a Raquel a decantarse por el clarinete», descartando así la flauta travesera. Sin saberlo en aquel momento, Raquel estaba eligiendo al que sería su «compañero inseparable durante décadas y una extensión de su alma».
Tras pasar por las enseñanzas de Juan López Ortuño «Juanito», Don Joaquín Mínguez Marco y Juan Sapiña Ferrer, Raquel se preparó para el gran momento de su vida.
Cuarenta años de compromiso con la Unión Musical
El 9 de junio de 1985 es una fecha grabada a fuego en su biografía: ese día ingresó oficialmente en la Banda de la Unión Musical de Almansa. Desde entonces, han pasado casi 41 años en los que Raquel ha pertenecido a la institución con un orgullo y una vocación que han sido reconocidos en múltiples ocasiones, como con el Diploma de Méritos en 1989 o el de Honor en 1996.
Su vida profesional y personal también ha gravitado en torno a esta pasión. Aunque se formó como Técnico Administrativo y trabajó en diversas empresas locales, desde 2017 ejerce como la administrativa de la Sociedad Unión Musical de Almansa, uniendo así su sustento con su gran amor por la música.
Raquel ha visto pasar a numerosos directores por el podio —desde Joaquín Mira Esteban hasta el actual Antonio Perís Muñoz— y ha compartido atril con veteranos a los que admira profundamente, como Fernando Gómez, Juanito o Pepe Delicado, confesando que le «gustaría llegar como ellos» a seguir disfrutando de los ensayos con la misma ilusión del primer día.
La música como refugio en los momentos agridulces
2002 fue un año de contrastes dolorosos: en febrero falleció su padre, pero en la festividad de Santa Cecilia, Raquel recibió el premio de «músico del año». Recogió el galardón estando embarazada de su hijo Pascual, un momento que «hizo que ese año finalmente terminara algo más feliz».
Ese legado musical ha tenido continuidad. Raquel siente un orgullo inmenso al ver que su hijo Pascual ha seguido sus pasos, incorporándose a la Banda Sinfónica en 2018 también como clarinetista. Por su parte, su hijo Daniel, aunque no toca, le regala la frase que más ternura despierta en ella: «alguien tiene que estar en el público para aplaudiros».
Pionera y referente para las mujeres en la banda
El reconocimiento de Mujeres en Igualdad también puso en valor el papel de Raquel como mujer en un ámbito que ha cambiado drásticamente. Ella recuerda con nostalgia y orgullo que, cuando empezó, «solo estaban 3» mujeres en la banda, llegando incluso a quedarse sola en algún periodo. Hoy, la realidad es muy distinta, con cerca de 60 mujeres integrando la agrupación, un avance que ella ha vivido en primera línea.
Además de su faceta musical, Raquel es una mujer profundamente ligada a las tradiciones, siendo parte del Grupo Festero «La Olla» desde los cuatro años, y sigue demostrando su inquietud por aprender estudiando inglés en la actualidad.
Un alma musical que conquista corazones
El acto en el Teatro Regio concluyó con un resumen perfecto de lo que Raquel representa para Almansa. Tania Andicoberry la definió como una mujer de «carácter discreto, humilde, pero siendo una gran persona y con su alma musical». Su clarinete no solo ha puesto notas a cientos de conciertos, sino que ha armonizado su propia vida, una existencia llena de «esfuerzo, amor y entrega».








