María José Ibáñez Alcalá nació en Almansa en la década de los 70. Su infancia y juventud transcurrieron en la placeta del Hogar, donde sus padres, Paco y Tere, llevaban adelante un restaurante junto a sus tíos. Creció rodeada del cariño familiar junto a su hermano Javi y sus primos, siempre acompañada de su grupo de amigas en los ratos de ocio. Desde muy pequeña, su padre le transmitió el amor por el fútbol y la pasión por el Real Madrid.
En su juventud conoció a Valentín, con quien contrajo matrimonio en el año 2000, formando juntos un hogar lleno de amor y complicidad. Años después, la llegada de sus hijos, Óscar y Álvaro, se convirtió en el motor de su vida, llenando su familia de alegría y fortaleza.
María José ha sido siempre un pilar fundamental para los suyos y, pese a haber afrontado grandes pérdidas, ha logrado mantenerse como un punto de unión para toda su familia. Su calidez y generosidad han hecho que todos la tengan en alta estima, ganándose el cariñoso título de «Tata».
Su carácter, empatía y compromiso con los demás la han llevado a involucrarse activamente en la sociedad. Su amor por las fiestas la convirtió en una figura clave dentro de su comparsa, Zegríes. Fue fundadora, junto a un grupo de mujeres, de la escuadra Yunkies, un grupo que marcó un antes y un después en las fiestas, al apostar por un estilo de traje que, hasta entonces, estaba reservado exclusivamente para los hombres: los conocidos trajes de negros. Desde su formación, la escuadra ha sorprendido cada mayo con espectaculares maquillajes y una impecable puesta en escena, siempre capitaneadas de manera excepcional por nuestra homenajeada, consolidándose como una de las más esperadas y aclamadas.
Hace más de 20 años, María José también fue la creadora del primer boato infantil de la comparsa, una tradición que sigue vigente hasta el día de hoy. Además, participa activamente en la directiva de su comparsa y ha sido parte de la junta de la Agrupación de Comparsas, siempre comprometida con mantener vivas las tradiciones y engrandecer las fiestas.
Su implicación con la sociedad no se limita a la fiesta. También ha desempeñado un papel clave en la educación, participando activamente en el AMPA, tanto en la guardería como en el colegio Duque de Alba, donde estuvo más de 12 años defendiendo el bienestar de los niños y la importancia de la educación.
Sin embargo, el principal motivo de su homenaje es su incansable labor en las escuelas de fútbol base de Almansa. Su vinculación con el fútbol comenzó como madre, apoyando a sus hijos desde pequeños y acompañándolos a cada partido, sin importar la distancia. En 2014, su compromiso dio un paso más allá cuando asumió la presidencia de la escuela junto a un grupo de amigos, quienes, con el tiempo, se han convertido en su segunda familia.
En un deporte tradicionalmente dominado por los hombres, María José ha demostrado con esfuerzo y pasión que todo es posible. Ha trabajado para que cada niño y niña que forme parte de la escuela de fútbol base se sienta valorado y cuidado, ayudando a que el fútbol en Almansa siga creciendo. Además, ha sido clave en la consolidación de un equipo de entrenadores y jugadores que comparten su entusiasmo y amor por los valores del deporte. En la actualidad, la escuela ya cuenta con equipos femeninos, fomentando desde edades tempranas la educación en igualdad dentro del deporte almanseño.
María José es una mujer que afronta cada reto con valentía y determinación, sin importar el ámbito. Siempre dispuesta a arremangarse y ponerse manos a la obra, lo hace de manera discreta, pero con esfuerzo y trabajo logra destacar en todo lo que se propone. Y, por supuesto, lo hace con su característica sonrisa. Enhorabuena por este homenaje, María José.