Las mujeres que sobrevivieron al Patronato, el reformatorio de Franco para solteras «descarriadas» y lesbianas

Las supervivientes Consuelo García del Cid y Loli Gómez Benito ofrecerán una charla organizada por Almansa Feminista sobre la represión que sufrieron miles de niñas y jóvenes en estos centros, abiertos hasta los primeros años de la democracia
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La historia que llegará a Almansa el próximo 15 de enero, a las 20:00, en el Teatro Principal de Almansa, comienza en un patio de reformatorio a mediados de los años setenta. Allí, en 1976, una joven llamada Consuelo García del Cid se despidió de otras internas con una convicción firme: algún día, contaría todo lo que habían vivido entre aquellos muros. No era una frase al pasar, sino un compromiso personal que, décadas después, se ha convertido en una de las principales vías para entender un episodio silenciado de la historia reciente de España.

Ese episodio tiene nombre: el Patronato de Protección a la Mujer. Creado en plena dictadura y mantenido durante los primeros años de la democracia, funcionó entre 1941 y 1984 como un sistema de control y castigo dirigido a niñas y jóvenes que no encajaban en la moral oficial del franquismo. Bastaba con huir de casa, fumar en la calle en horario escolar o ser señalada como «conflictiva» para acabar bajo su tutela. Mujeres solteras, lesbianas o «rebeldes» eran reclutadas y encerradas para inculcarles valores católicos ultraconservadores.

En la práctica, el Patronato actuó como unos supuestos servicios sociales para menores que, lejos de proteger, ejercieron una vigilancia férrea sobre los cuerpos y las vidas de miles de mujeres. Algunos torturaban a las más «descarriadas» y hubo chicas que, incluso, se quitaron la vida. Consuelo García del Cid cuenta todo esto en sus obras porque no solo investigó el Patronato, lo padeció. Pasó por varios de sus centros y, con el tiempo, empezó a reconstruir su funcionamiento a través de archivos, expedientes y testimonios.

Esa labor, desarrollada durante más de 15 años, ha dado lugar a libros fundamentales como Las desterradas hijas de Eva, Ruega por nosotras o Las insurrectas del Patronato de Protección a la Mujer, obras que hoy son referencia obligada para comprender la represión femenina durante la dictadura. Su trabajo no ha estado exento de dificultades: ha sido cuestionada, denunciada y desacreditada por sacar a la luz una violencia institucional que durante décadas se mantuvo en la sombra.

Junto a ella estará en Almansa Loli Gómez Benito, también víctima de este entramado. Ambas compartirán escenario en la charla titulada ‘La violencia machista a lo largo de la historia. El Patronato de Protección a la Mujer’, un encuentro organizado por la asociación Almansa Feminista, dirigido a la ciudadanía con el objetivo de explicar qué fueron realmente estas instituciones y cómo lograron sobrevivir quienes pasaron por ellas.

Los centros del Patronato estaban gestionados, en su mayoría, por órdenes religiosas. Aunque algunos compartían espacio con colegios «convencionales», la separación era absoluta: las alumnas externas nunca se mezclaban con las internas. Para estas últimas, la rutina diaria combinaba rezos, trabajos domésticos o talleres productivos con una enseñanza mínima y repetitiva. Muchas niñas entraban sin saber leer ni escribir y salían en la misma situación. El objetivo no era la educación, sino la disciplina y el aprovechamiento de una mano de obra gratuita que permitió sostener talleres, lavanderías o industrias de repostería a gran escala.

Patronato Protección Mujer
En los internados del Patronato no se ofrece educación a las mujeres, sino trabajo forzado no remunerado en un porcentaje altísimo y celdas de castigo para las más rebeldes | Archivo RTVE

El perfil de las internas se repetía con frecuencia: chicas del medio rural, procedentes de familias empobrecidas, hijas de madres solteras o menores que habían pasado previamente por orfanatos. En otros casos, eran jóvenes víctimas de abusos sexuales dentro de su propio entorno familiar que, lejos de recibir protección, acababan encerradas. El estigma acompañó a muchas durante toda su vida, lo que explica el silencio que todavía hoy rodea estos testimonios.

El sistema incluía una red de vigilancia en la calle. Las llamadas «celadoras» patrullaban como una policía moral femenina y podían ordenar el traslado de cualquier menor a los centros de observación y clasificación. Allí se practicaban exámenes físicos y se decidía el destino final de cada chica. Algunas acababan en reformatorios especialmente duros, otros en cárceles o incluso en pabellones psiquiátricos, donde se documentan internamientos sin diagnóstico médico y prácticas como el electroshock.

Pese a la magnitud de lo ocurrido, el Patronato ha ocupado un lugar marginal en los relatos oficiales del franquismo. Para García del Cid, este vacío no es casual: invisibilizarlo ha permitido minimizar la represión ejercida contra las mujeres. Hoy, cuando empiezan a publicarse reportajes, investigaciones académicas y obras audiovisuales, todavía hay supervivientes que encuentran enormes dificultades para hablar.

El acto del día 15 en Almansa, financiado a través del Pacto de Estado Contra la Violencia de Género (Ministerio de Igualdad) e impulsado por el Ayuntamiento, es una invitación a mirar de frente una parte incómoda de la historia colectiva de España, a escuchar a quienes fueron silenciadas y a comprender que la violencia machista no es un fenómeno aislado, sino un sistema con raíces profundas. Para muchas de las mujeres que pasaron por el Patronato, contar lo vivido sigue siendo un acto de resistencia. Para la ciudadanía, escucharlas es una responsabilidad democrática.

ecoVitab

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