Tras décadas de entrega absoluta, Encarna Tornero García y Josefa ‘Jose’ Moreno Camacho recibieron un caluroso reconocimiento a la Trayectoria Empresarial, su «buen hacer» al frente del emblemático Restaurante Mesón Pincelín de Almansa. El homenaje tuvo lugar en el Teatro Regio de Almansa, que abrió sus puertas el pasado sábado, 7 de marzo, para celebrar el acto la asociación Mujeres en Igualdad en conmemoración del Día Internacional de la Mujer.
Encarna y Josefa han sido el «alma, constancia y trabajo» de un referente gastronómico indiscutible, cuyas biografías fueron leídas durante el acto por Tania Andicoberry, concejala del Ayuntamiento de Almansa. La historia de Encarna comenzó un 21 de agosto de 1958, en Montealegre del Castillo. Siendo la mayor de seis hermanos, aprendió desde muy pequeña que «la vida se sostiene con responsabilidad y ternura». En sus propias palabras, la semblanza recordó que Encarna «no tuvo muñecos con los que jugar; sus propios hermanos fueron sus muñecos». A los ocho años llegó a Almansa, creciendo en un hogar humilde donde su padre, Luis, le enseñó que la mayor riqueza era «poder sentarse los ocho juntos sin que faltara nadie».
Por su parte, Jose nació el 12 de enero de 1959 en La Higuera, pedanía de Corral Rubio. Siendo la menor de cinco hermanos, comprendió pronto que «los sueños no se esperan: se construyen con las manos y con el corazón». Al igual que su cuñada y compañera de vida, llegó a Almansa siendo una niña y comenzó a trabajar a los catorce años, forjando un carácter disciplinado en el sector del calzado, concretamente en Calzados Óscar.
De la zapatería a los fogones: nacimiento de una leyenda
El destino de ambas cuñadas dio un giro decisivo en 1981, cuando se sumaron al sueño familiar iniciado por su suegra, Josefa. Aunque ambas comenzaron sus vidas laborales como zapateras —Encarna desde los doce años ayudando tras la escuela—, acabaron convirtiéndose en referentes de la hostelería regional.
Fue Josefa quien las tomó de la mano para enseñarles el oficio, el respeto profundo por la cocina tradicional y el amor por el trabajo bien hecho. El nombre del restaurante nació de una anécdota llena de cariño: «El Pincelín», porque Pascual, el marido de Josefa, siempre iba «hecho un pincel». Bajo esta premisa de elegancia y esmero, Encarna y Jose comenzaron a caminar juntas.

Durante la lectura de su biografía, uno de los puntos más conmovedores fue la descripción de cómo la familia creció literalmente entre fogones. En el Mesón Pincelín «nunca hubo frontera entre vida y trabajo; todo era familia». Mientras el restaurante latía con fuerza en la planta baja, en la superior se escuchaban las risas y carreras de sus hijos, Mariángeles, Cristina, Diego y Belén, quienes se criaron compartiendo juegos y comidas en el corazón del negocio.
Embajadoras internacionales de Almansa
El reconocimiento de Mujeres en Igualdad también puso en valor cómo estas dos mujeres elevaron el nombre de Almansa a niveles internacionales. Su trayectoria las llevó a participar en jornadas gastronómicas en Toledo, Alicante, Valencia, Murcia e incluso Washington, además de estar presentes en foros de prestigio como FITUR y Madrid Fusión.
La lista de galardones que avalan su trayectoria es extensa y fue vitoreada por el público del Teatro Regio: desde el Premio al Mérito Turístico en 1985 hasta el reciente reconocimiento como «Reinas Cocineras de la Gastronomía Regional» en 2025. Uno de los momentos de mayor orgullo recordados fue la llamada de la Casa Real en 1998, cuando fueron solicitadas para dar servicio durante la visita del entonces Príncipe Felipe a Almansa. Hoy, el Mesón Pincelín sigue brillando con luz propia, recomendado en las prestigiosas Guías Michelin y Repsol.
Más allá de las estrellas y los premios, el acto subrayó la humildad de Encarna y Jose. Para la asociación Mujeres en Igualdad, estas dos homenajeadas han demostrado que la hostelería es, ante todo, una «vocación, sacrificio y amor profundo por hacer felices a los demás».
Actualmente, ambas disfrutan de una merecida jubilación, dedicando su tiempo a la familia y, en el caso de Encarna, a su nieto Bastian, mientras ven con orgullo cómo la tercera generación —Mariángeles y Diego— continúa proyectando el legado del Pincelín hacia el futuro con el mismo espíritu de excelencia.
El acto concluyó con la ovación cerrada de un teatro que reconoció en ellas no solo a dos empresarias de éxito, sino a las «maestras, madres y compañeras incansables» que han hecho que Almansa presuma hoy de una tradición gastronómica envidiable.








