Herminio Gómez, precursor de la Recreación de la Batalla: «Hay vecinos que todavía dicen a los turistas que en Almansa no hay museo»

El historiador desentraña los secretos de su último libro «Batalla de Almansa: el relato del cuadro» y lamenta el desconocimiento que aún existe entre la población sobre su propio legado
Herminio Batalla Almansa

Pocas figuras personifican tan bien la memoria de nuestra ciudad como Herminio Gómez Gascón (Almansa, 1963). El historiador no solo ideó el Museo de la Batalla, sino que su voz guía cada año a miles de personas a través del fragor de la Recreación Histórica. Tras décadas de estudio, el historiador presentó el pasado 22 de abril su último libro Batalla de Almansa: el relato del cuadro. En estas páginas, Gómez desmantela mitos y desentraña los secretos de una «obra de teatro pintada» que define los cimientos de nuestro pasado.

A las puertas de una nueva conmemoración internacional, la «voz oficial» del campo de batalla reflexiona en esta entrevista sobre la urgencia de situar este patrimonio en el lugar que merece. Desde la reciente petición para declarar los campos de la Batalla como Bien de Interés Cultural (BIC) hasta la necesidad de un gran museo que abandone su actual ubicación subterránea.

Todavía me encuentro con visitantes que, tras preguntar a un vecino por la calle, reciben como respuesta que «en Almansa no hay museo», lamenta. El autor nos invita a mirar dentro del lienzo de Filippo Pallotta para entender que la batalla no es una anécdota de un fin de semana, sino el momento en el que, hace tres siglos, «crujió la historia de Europa». Con el uniforme del Regimiento Castilla siempre cerca de su corazón de recreador, Herminio reivindica una gestión cultural a la altura de lo que Almansa custodia.

Cuéntanos brevemente de qué trata este nuevo libro. ¿Por qué has decidido centrar tu investigación específicamente en el análisis del cuadro de la Batalla de Almansa?

Aunque he colaborado en otras publicaciones desde 2007, este es, sin duda, mi libro más personal. El proyecto nace de la interacción diaria con los visitantes del museo, personas que vienen de toda España e incluso del extranjero. Es fascinante ver cómo muchos entran con cierto escepticismo y terminan pasando horas preguntando; eso te hace comprender la trascendencia que este episodio tiene fuera de nuestras fronteras.

Mi principal aportación ha sido poner en valor este género de «crónica histórica», donde el lienzo de Filippo Pallotta y Buenaventura Liglio es, prácticamente, el «Santo Grial». Es la obra más completa que existe: incluye 181 referencias en su base que identifican a todas las unidades militares participantes. Gracias a esto, podemos saber por fin quién estuvo allí, lo que tiene consecuencias directas en el conocimiento histórico. Por ejemplo, siempre se pensó que fue un enfrentamiento entre almanseños y valencianos, pero el cuadro —pintado en 1707— nos revela que hubo veinte almanseños y ningún valenciano. Esto cambia las bases de lo que creíamos saber sobre nuestro país y cómo hemos llegado hasta aquí.

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Herminio Gómez durante la presentación de su nuevo libro «Batalla de Almansa: el relato del cuadro» | Foto: Ayuntamiento de Almansa

¿Ha sido difícil romper con esas interpretaciones históricas que han ignorado la información científica durante siglos?

Era necesario explicar por qué ha costado tanto que la sociedad acepte la diferencia entre la memoria popular y el conocimiento científico. A menudo, nuestra élite intelectual ha soslayado el estudio bélico científico. No busco el agravio, sino constatar un error de enfoque que debemos subsanar para conocer nuestro origen real.

También quería narrar mi propio proceso: el de alguien que, sin una formación académica superior pero con una curiosidad inagotable, profundizó por sus propios medios hasta alcanzar la interpretación humanista y europeísta que defendemos hoy en Almansa. Como respaldo a esta posición científica, en 2022 la Universidad de Navarra presentó la primera tesis doctoral dedicada íntegramente a una batalla, y fue precisamente sobre la de Almansa. Su autor es quien ha prologado mi libro, El relato del cuadro.

En ese análisis minucioso de los 181 puntos de referencia, ¿has hallado algún detalle técnico que modifique o refuerce nuestra visión sobre el desarrollo de la batalla?

Al estudiar esos números, descubrí que algunos personajes aparecen en varios puntos del cuadro simultáneamente. Esto nos indica que la obra no es un simple índice, sino un relato dinámico; es una obra de teatro pintada. El lienzo captura tres escenas distintas: el inicio, el desarrollo de la tarde y el desenlace. Estamos ante una pieza única que combina tres artes: la pintura del óleo, la literatura de los relatos de su base y la escenografía del teatro. Es una singularidad absoluta que solo puede disfrutarse aquí y que Almansa debe aprovechar como un activo cultural de primer orden.

Respecto a la recreación de la Batalla de Almansa, sigues siendo la «voz oficial» que narra el combate frente a miles de personas. ¿Cómo se gestiona un evento de esta magnitud desde el micrófono?

Efectivamente, sigo al frente de la narración, pero es una labor compleja. La organización de una recreación histórica de este nivel es dificilísima. Manuel Olaya, presidente de la Asociación 1707 Almansa Histórica, coordina a los grupos nacionales e internacionales, pero hasta el último momento pueden surgir mil imprevistos. De hecho, la lista definitiva de participantes me llega apenas unos minutos antes de empezar.

Como historiador especializado en esta batalla, trato de armonizar lo que los recreadores ejecutan en el campo con el relato histórico real. Hay que explicarle al público que, aunque veamos a 500 personas en un despliegue de 300 metros, en 1707 hubo 45.000 hombres en una línea de seis kilómetros. Buscamos que el espectador se lleve una escena lo más fiel posible, siempre entendiendo las limitaciones de escala.

Los recreadores vienen de año en año y muchos ni siquiera se conocen entre sí. Los participantes ya traen el papel interiorizado: conocen la época, las técnicas militares del siglo XVIII y se rigen por una instrucción estricta. No basta con comprarse una escopeta; hay que pertenecer a un grupo, recibir formación y estar dispuesto a vivir 48 horas como un soldado de la época, tanto en el combate como en la vida del campamento.

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Gómez firmando libros a los y las asistentes | Foto: Ayuntamiento de Almansa

El año que viene se cumple el 320 aniversario de la batalla, una cifra muy potente. ¿Qué te gustaría ver en esa edición o qué aspectos crees que se deberían mejorar?

Me gustaría ser prudente porque no soy el organizador, aunque mantengo una relación excelente con Manuel Olaya y los compañeros de la Asociación tras 20 años de trabajo conjunto. Creo que el 320 aniversario es una ocasión inmejorable para dar una «vuelta de tuerca» al nivel de calidad y prestigio del evento. En mi libro planteo precisamente este camino. Hace dos décadas partíamos de la nada: nadie sabía qué era una recreación en España y el mundo académico ignoraba el estudio de las batallas. Hemos pasado del «-10» al «5», lo cual es un logro, pero ahora toca dar el siguiente salto.

En ese sentido, ¿Qué importancia tiene la reciente petición para declarar el campo de batalla como Bien de Interés Cultural (BIC)?

Es un paso adelante de la corporación que debemos valorar. Por primera vez, el Ayuntamiento de Almansa ha solicitado formalmente la declaración de BIC para un tramo real del campo de batalla. Esto no es solo una etiqueta; si se consigue, ese terreno dejará de ser un campo cualquiera para convertirse en un monumento histórico protegido por el Estado. Hablamos del lugar donde hace tres siglos regó la sangre de europeos de once naciones diferentes y donde «crujió» la historia de Europa. Hemos tardado 19 años en iniciar este proceso, pero si para el 320 aniversario está consolidado, el techo será el cielo.

¿Siente que Almansa ha asimilado ya la importancia de este patrimonio o todavía queda camino por recorrer en la gestión cultural?

Almansa es una ciudad histórica que, a menudo, vive de espaldas a este hecho, salvo en fines de semana concretos. Necesitamos una gestión cultural y turística profunda con apoyo de todas las instituciones, porque esto no es solo historia local, es historia de España y de Europa.

Por ejemplo, no se han pedido nunca fondos para construir el gran museo que Almansa merece. Actualmente estamos en un espacio subterráneo difícil de encontrar. Es paradójico que, tras 19 años de éxitos internacionales con la recreación, todavía no haya carteles en la ciudad que señalicen el museo. Todavía me encuentro con visitantes que, tras preguntar a un vecino por la calle, reciben como respuesta que «en Almansa no hay museo». Siento mucho pudor cuando los visitantes, tras decirme que el museo es una preciosidad y que les fascina lo que les cuento, me preguntan: «¿Cómo es posible que no den esto a conocer?».

Por eso, volviendo a tu pregunta sobre el 320 aniversario, podríamos hacer muchas cosas grandiosas, pero sinceramente creo que un paso de gigante sería algo tan sencillo como colocar carteles por toda la ciudad que informen de que tenemos un museo. Así de simple y así de necesario.

herminio gomez batalla almansa
Herminio Gómez en el stand de FITUR en 2025: «Que venga a Almansa todo aquel que quiera tomar contacto con una realidad histórica que forjó la Europa tal y como ahora la conocemos. Es una oportunidad inmejorable debido al enorme trabajo de investigación científica realizado sobre una época que tiene mucho que ofrecer y con lo que sorprender»

Mencionabas antes el desconocimiento que aún existe sobre el museo.  ¿Crees que un nuevo espacio, un «gran museo», permitiría reflejar toda la historia que ahora queda oculta en un sótano?

H. G.: Sin duda. No es lo mismo tener un museo en un sótano invisible que un centro de referencia. Para que se entienda, aunque la escala sea distinta, miremos el «efecto Guggenheim» en Bilbao. Aquel museo, por su arquitectura y su firma, dio la vuelta a una ciudad industrial en crisis y la situó en el mapa mundial. No fue casualidad, fue una estrategia de crecimiento y una apuesta de futuro. Almansa debería hacer lo mismo, salvando las distancias: asumir que somos una ciudad histórica, y no solo por la batalla.

Fíjate en un detalle: el museo no deja de recibir donaciones de investigadores y ciudadanos particulares, pero eso no sale en las noticias. El almanseño no tiene ni idea de esa riqueza. Llega abril, se habla de la batalla, y después nos enfrentamos a once meses de encefalograma plano. Eso es absurdo. Ninguna ciudad del mundo puede vivir de eventos de un fin de semana.

Me interesa profundizar en las donaciones. ¿Qué ha recibido el museo últimamente? ¿Hay piezas o legados que, por falta de espacio o difusión, el ciudadano aún no conoce?

Por ejemplo, poco antes de la última recreación, falleció un coronel del ejército de origen valenciano. Él publicó un libro sobre la batalla en 2001 y, tras años de vinculación emocional con nuestra ciudad, dejó dicho que su biblioteca personal debía incorporarse al Museo de la Batalla de Almansa. ¿Se supo algo de esto en los medios? Nada.

También tenemos familias almanseñas que ceden objetos históricos de gran valor o, hace apenas unos meses, la entrega de un cuadro de Carlos Rodríguez que retrata una escena de la recreación. A esto me refiero: el museo funciona y atrae patrimonio de forma natural, pero lo hace sin cobertura. Mi obligación profesional es poner sobre la mesa que, si esto avanza así de forma casi invisible, qué no lograríamos si los almanseños y almanseñas lo asumiéramos como un elemento esencial de nuestra identidad. No somos un préstamo de nadie; somos lo que somos por el lugar que ocupamos.

Cuando empezamos con la conmemoración, algunos me advertían sobre la «susceptibilidad» de los valencianos con este tema. Pues bien, hoy estamos donde estamos gracias a su apoyo. En la recreación, el 90% de los participantes viene de fuera y muchos nos agradecen que mostremos su parte de la historia. Aquí no buscamos quién tenía razón; ponemos sobre la mesa la dificultad que afrontaron nuestros ancestros para llegar al momento actual. Es un episodio de trascendencia internacional: el 75% de los hombres que murieron en Almansa eran extranjeros. Eso debería hacernos reflexionar sobre la magnitud de lo que custodiamos.

De cara al próximo 25 de abril de 2026, ¿Cómo vives tú personalmente ese fin de semana de la recreación desde dentro del museo?

Aunque ya no esté en la organización, mantengo mi corazón de recreador. Siento algo muy especial cuando me pongo el uniforme del Regimiento Castilla. Atiendo a la gente en el museo vestido de oficial y así realizo la ruta del domingo por la mañana.

En cuanto a la afluencia, el impacto es exponencial. Si un domingo normal vienen 20 personas, el de la recreación podemos juntar a 150. El museo se convierte en un «chorro» constante de visitantes; es el momento culminante del año. De hecho, aproximadamente ente el 15-20% de las visitas anuales se concentran en esos tres días. Es un esfuerzo agotador, pero se disfruta muchísimo porque ves el fruto de todo este trabajo de divulgación.

Programa completo de la Recreación de la Batalla de Almansa 2026

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