«Aunque hayas visto la Celestina en otras versiones, nuestra mirada va a ser diferente. Van a ver espectáculo, puro espectáculo». Lo dice José Tomás, director de Tablas Teatro, y basta repasar lo que se trae entre manos para creerle. La alcahueta más célebre de Fernando de Rojas, la vieja hechicera que enreda los amores de Calisto y Melibea desde hace más de cinco siglos, abandona la provincia de Salamanca original para aparecerse entre los frondosos bosques del norte de España, al son de la gaita y con un pie inmerso en el futuro.
Los días 3, 4, 5 y 6 de julio, la Plaza de Santa María será el escenario de «La Celestina 1499-2199», un montaje de dos años de gestación que pondrá a más de cien personas sobre las tablas. No es un capricho menor. Tras el éxito de Cinco horas con Mario, la compañía podía haber repetido fórmula. Pero ha preferido dar un salto al vacío que mezcla el patrimonio monumental de la ciudad con una atmósfera futurista y distópica. Riesgo puro, en definitiva, que es justo la marca de la casa.
Una Celestina con aroma norteño
«Yo esta obra ya la leí de joven, y a mí siempre me ha gustado. Lo que pasa que yo nunca la ubiqué en tierra salmantina, que es donde realmente Fernando de Rojas la tiene ubicada. No sé por qué, siempre la ubiqué en Galicia», relata José Tomás. Esa intuición adolescente quedó dormida durante años hasta que hizo el Camino de Santiago: «Me vino a la cabeza la Celestina por aquellos campos de eucaliptos, por aquellos bosques», recuerda.

Los paisajes brumosos del noroeste fueron una inspiración para el director y eso quedará reflejado en la obra. De ahí salió una de las apuestas más importantes del montaje: «Por eso va a haber música gallega, por eso va a haber una serie de cosas relacionadas con el norte de España».
Respecto a la elección del escenario, Tomás asegura que quería «un espacio super monumental» a la altura de la obra. «Me apetecía hacer algo especial en un espacio alternativo, fuera de las instalaciones». Hace un año el proyecto ya estaba perfilado; en abril se repartieron los papeles y, en octubre, cerrado el telón de Cinco horas con Mario, empezaron los ensayos.
La Plaza de Santa María se impuso casi sola en su imaginario, porque pocos rincones de Almansa concentran tantos símbolos juntos: se aprovecharán la propia plaza, la fachada de la Iglesia de la Asunción y el Palacio de los Condes de Cirat. La compañía deja atrás la intimidad del Convento de los Padres Franciscanos para abrazar la monumentalidad.
Un escenario de más de 50 metros
Querer abarcar las fachadas más nobles y, a la vez, sentar a 400 personas por función dio como fruto un escenario tan espectacular como endiablado. «El escenario queda muy largo, pero muy estrecho: 50 metros de largo por 8 de ancho», resume Tomás. Y eso sin contar con los inquilinos de la plaza. «Está la fuente en medio, hay bancos, farolas, árboles. Hay que ir encajando las gradas para que todo el mundo tenga buena visibilidad». La compañía asegura que la obra se podrá ver a la perfección desde cualquier grada, tanto la grada A como la B, C y D, ya que dependiendo del guion los actores y actrices irán moviéndose de un lado a otro y ocuparán cada vez un espacio diferente.

Cuatro tribunas, repartidas con tiento alrededor de la escena, resuelven la ecuación. La distancia también obligó a reaprender a actuar. De los ensayos en las salas pequeñas del teatro a la inmensidad de la plaza hay un abismo. «Hay escenas donde hay que hacer una transición desde la puerta de la iglesia a la puerta del Ayuntamiento. Los actores tienen que empezar a hablar cuando empiezan a caminar, para que no haya esos valles, esas lagunas de transición», cuenta el director. La buena noticia es que el espacio acaba cediendo. «Cuanto más tiempo estamos aquí, cada vez la plaza se me hace más pequeña porque te haces con ella», admite aliviado.
De 1499 a 2199: el clásico que no envejece
Publicada en 1499 como Comedia de Calisto y Melibea, La Celestina es una de esas obras que se resisten a la etiqueta. A caballo entre la Edad Media y el Renacimiento, retrata sin piedad la pasión, la codicia y las miserias humanas a través de unos amores manejados entre bambalinas por la vieja hechicera. Cinco siglos después, su mezcla de lirismo y crudeza sigue dando juego a quien se atreve con ella: «Hay catedráticos que la consideran más novela que teatro, y otros más teatro leído que escenificado».
El propio director reconoce que el material de partida es complejo y extenso, y que ha exigido una adaptación, sin tocar el alma de la obra. «La esencia y la parte más poética, todo lo que son refranes, aforismos, metáforas, todo eso lo hemos respetado», asegura. El reto era doble: que la reconozca quien la conoce y que sorprenda a todos. Por eso insiste tanto en la «mirada diferente». Es una «reinterpretación» que combina pasado y futuro en una propuesta visual y escénica inédita y que lleva la historia original a una visión futurista y distópica sin perder lo gótico, romántico y poético de la obra.
El título lo dice: De 1499 a 2199. Setecientos años caben en esos dos números, y la obra los recorre. «Hay un vestuario que pertenece a una época y hay otro que probablemente pertenece a otra. Vamos a ir jugando», adelanta el director, que tampoco quiere desvelar más de la cuenta. La idea de fondo es que la historia de Celestina no envejece: el deseo, la manipulación y la avaricia estarán igualmente presentes. Buena parte del vestuario procede del fondo que la compañía ha ido acumulando a lo largo de los años; otras piezas se han confeccionado nuevas para la ocasión.
Teatro ambulante para romper la cuarta pared
Antes de que dé comienzo la función, a las 21:00, una compañía de cómicos saldrá del Convento de los Padres Franciscanos y bajará por la calle San Francisco rumbo a la Plaza de Santa María. «Haremos un desfile con un carruaje imitando el siglo XV, con banda de gaita y todos los actores, invitando al público a que vaya a la plaza», describe José Tomás. Es un guiño al teatro ambulante de aquella época bisagra entre la Edad Media y el Renacimiento.
Los actores irán hablando con la gente por el camino, en la piel de una compañía del XV que anuncia el estreno de una obra «recién escrita ese mismo año, en 1499». El desfile dura unos veinte minutos. La entrada al recinto se abre a 21:30 por la calle Virgen de Belén, y a las diez en punto arranca la función. Quien llegue al convento ya estará, sin saberlo, dentro de la historia.
Más de cien personas para un espectáculo a cielo abierto
La actriz Pepa Mira estrena galones. La intérprete, con más de una decena de montajes a sus espaldas, encarna por primera vez un papel protagonista de este calibre: la mismísima Celestina. Benjamín Calero da vida a Calisto, Belén Cantos a Melibea, y los criados Sempronio y Pármeno a cargo de Juan Carlos Gómez y José Francisco García. Los padres de la joven, Pleberio y Alisa, están interpretados por Jorge García y Ana Olaya, mientras que el trío de cortesanas lo componen Narcisa Cantero (Elicia), Inma Santos (Areúsa) y Estefanía Gómez (Lucrecia). Cierran este elenco principal David Cantos como Tristán, Juan Carlos Calero como Sosia y Miguel Almendros en la piel de Centurio. «Estamos aproximadamente en los casi cuarenta actores», calcula el director; sumados figurantes y músicos, el centenar de personas se planta sobre la escena, con música de todo tipo y en su mayoría en directo.
El teatro de calle posee la belleza de lo efímero, un riesgo que la compañía asume con orgullo pese a la dependencia meteorológica o la complejidad de la sonorización en exteriores. «Sacar el teatro fuera del espacio escénico es muy chulo, pero también tiene mucho riesgo. Hay que estar siempre mirando al cielo, y no es lo mismo sonorizar un espacio cerrado que uno abierto», admite José Tomás. En la plaza no hay camerinos ni instalaciones: todo se fabrica de cero. A cambio, el cielo abierto regala una libertad creativa única. «La iluminación está supercuidada y nos permite hacer cosas inviables dentro de un teatro cerrado».
Vuelan las entradas en taquilla
Las entradas para las funciones de los dos primeros días volaron en las taquillas, síntoma de la enorme expectación que despierta la cita. Acostumbrada a alargar sus montajes, esta vez la compañía ha tenido que comprimirlo todo en cuatro días, ya que ocupar un espacio público y montar un dispositivo de seguridad nocturno no permite estirar el calendario, aunque Tablas Teatro no cierra la puerta a sumar algún pase si la demanda aprieta.
El director concluye con una invitación rotunda para indecisos, indecisas y amantes de la cultura: «Hay tanto efecto visual que los ojos no dejarán de mirar cosas de forma constante. Alguien me decía una vez que nuestras obras hay que verlas dos veces porque en la primera se te escapan detalles. Eso es bueno; significa que inyectamos mucha riqueza a los proyectos. Esta es una oportunidad única. Estas propuestas tan atrevidas no se volverán a repetir jamás. Aunque hayan visto otras versiones de La Celestina, nuestra mirada les resultará completamente diferente». Aún quedan localidades para asistir a la representación y se pueden adquirir en las taquillas del Teatro Regio o de forma online en Giglon.com.






