Víctor Ortiz, ‘Wilbur’: «Es un yin y yang muy curioso. Al gimnasta le juzgan por hacerlo bien; al payaso le aplauden por el error»

La cara más disparatada del 'Grand Prix' trae su humor físico al Teatro Regio este 3 de septiembre antes de lanzar su próximo proyecto escénico
wilbur grand prix

De pequeño, Víctor Ortiz de la Torre (Alicante, 1981) era un auténtico torbellino, uno de esos niños que no podían quedarse quietos ni un segundo y a los que sus padres apuntaron a gimnasia simplemente para que soltara adrenalina. Lo que nadie esperaba es que ese pequeño «mono chimpancé», como él mismo se define, tuviera un talento nato que lo llevaría a ser campeón de España de acrobacia con solo 12 años y a mantenerse 16 en la élite. Pero detrás de las medallas y del rigor gimnástico que más tarde lo condujo hasta las carpas del Circo del Sol, siempre habitó el mismo chaval gamberro al que le gustaba más hacer muecas y sacar una sonrisa que subirse a un podio. | Fotos: MPC Management

Una inoportuna lesión de bíceps a los 21 años acabó por romper su trayectoria en el tapiz, pero le abrió de par en par la puerta a su verdadera vocación: la de hacer de payaso a tiempo completo. De esa mezcla entre la disciplina del atleta y la mirada tierna y gamberra del clown nació Wilbur, ese personaje de cuerpo hiperactivo que hoy arrasa en redes sociales y que se ha ganado el cariño de millones de hogares desde el plató del Grand Prix en Televisión Española. Un tipo que este 3 de septiembre pisa las tablas del Teatro Regio con Piensa en Wilbur, un espectáculo familiar que servirá de antesala a su próximo proyecto, Impacto Total.

Vienes al Teatro Regio en plena feria con tu espectáculo Piensa en Wilbur. ¿Cuál es la propuesta y qué se va a encontrar el público sobre el escenario?

Piensa en Wilbur es una coctelera de muchas cosas. Hago todo lo que se me da bien, lo que se me da mal y lo que se me da regular. Wilbur es un payaso excéntrico, pero con muy buen corazón, que hace de todo: monólogo, acrobacia, gimnasia, equilibrios y magia. Siempre llego a la misma conclusión cuando me preguntan: soy un payaso que hace cosas, así que es mejor venir a verlo.

Salen contigo a escena tres «compañeros» inseparables: Contractura, Tirón y Desgarro. ¿Quiénes son?

Vienen conmigo a todas partes y, con el paso del tiempo, cada vez más. El otro día conocí un poco mejor a Desgarro por una rotura muscular justo antes de mis vacaciones. Tuve suerte, solo anulé una función y tuve 20 días para recuperarme. Al trabajar con tanta exigencia física y acrobacias, necesito calentar bien y mantenerme a diario para no oxidarme ni atascarme. Hay que tener el motor limpio, con su aceite y la ITV al día para durar en el tiempo (risas). Me imagino siendo un abuelito haciendo el pino y me hace gracia; quiero llegar tan lejos como físicamente pueda.

victor ortíz wilbur

Dado que es un espectáculo con tanto esfuerzo físico y variedad, ¿cómo nació Piensa en Wilbur, cuál fue la chispa inicial y cuánto tardaste en encajar todo este proceso?

Nació por la necesidad de expresarme y de hacer el tonto, que es lo que más me gusta. Empecé uniendo piezas cortas hasta estructurar un show de una hora. Fue un proceso muy orgánico: tras acumular muchas horas de vuelo, fue emergiendo el personaje que llevaba dentro, al que aún no le había puesto nombre ni sabía que existía.

Retrocediendo a tus inicios, fuiste campeón de España y estuviste 16 años en la élite de la gimnasia hasta que una lesión te apartó del tapiz. ¿Cómo viviste esa etapa y cómo se gestó el salto de la alta competición al humor y al circo de calle?

Mis padres me apuntaron al único club de gimnasia de Alicante porque de enano era un mono chimpancé que no paraba quieto (risas). Para quemar energía me metieron ahí y fue un acierto: para un niño, un gimnasio es un parque de juegos con colchonetas y barras para tirarse en blando. Se me daba bien, me federé rápido y a los 12 años gané mi primera medalla en un Campeonato de España y fui campeón nacional en la modalidad de acrobacia. Mi vida pasó a ser la competición y de hecho me libré de la mili por ser deportista de élite.

Con 21 o 22 años sufrí una lesión grave de bíceps que me tuvo apartado casi un año. Fue el detonante para redirigirme a mi verdadera pasión: hacer el payaso. Yo ya era muy tonto antes de la gimnasia, de los que siempre están poniendo caras e intentando hacer reír. Durante la recuperación conocí a alguien que entrenaba en mi gimnasio, le vi actuar en una plaza y lo tuve claro. Le puse la misma disciplina de gimnasta para poder vivir de ello hasta hoy. Como la gimnasia te da el control total del cuerpo, me llevé todas esas habilidades a mi personaje.

¿Esa vocación por el humor y por hacer de payaso la has llevado dentro siempre?

Sí, en el gimnasio, en el colegio o en la competición, siempre era el tonto del grupo. Me gustaba más hacer el tonto que competir. Lo curioso es que en la gimnasia los jueces te puntúan por lo bien que lo haces todo, mientras que al payaso le aplauden por lo mal que lo hace, porque trabaja con el error. Es un yin y yang muy curioso haber tocado las dos partes y disfrutar de ambas.

Formaste parte del Circo del Sol como acróbata y luego diste el salto a la televisión, donde hoy la gente te conoce por explicar las pruebas del Grand Prix. ¿Cómo recuerdas esa transición a la pantalla?

En el Circo del Sol estuve poco tiempo sustituyendo a un acróbata lesionado. Fue una experiencia mágica, pero en esa etapa ya estaba bastante empachado de hacer acrobacias y quería hacer más el bobo, así que creé mi propia compañía. Llevamos cuatro temporadas en el Grand Prix, un programa que veía de pequeño. La productora me conocía por redes sociales y me llamó para proponerme entrar con el regreso del formato. Era Televisión Española, era imposible decir que no. Es súper divertido, como estar dentro de unos dibujos animados, y además me dan total libertad creativa. Ojalá estemos 15 temporadas más.

Tienes cerca de un millón de seguidores en redes sociales. ¿Cómo choca hacer humor tras la pantalla del móvil frente al contacto directo del teatro o la calle?

Siempre me ha gustado grabar cosas. Utilizo las redes sociales como una herramienta de trabajo, un currículum para que la gente luego venga a verme al teatro, que es lo que verdaderamente me apasiona: el cuerpo a cuerpo. Al exponerte en redes sabes que hay cierto nivel de hate; son las reglas del juego. La gente opina desde el anonimato de su casa, algo que no ocurriría en un teatro, donde nadie se levanta a decirte una barbaridad a la cara. Las redes a veces sacan lo peor del ser humano, pero también son un desahogo para volcar todas mis chorradas diarias. A mí me llamaron del Grand Prix precisamente por las redes. Pero si tuviera que elegir una sola cosa de por vida, elijo el teatro forever and ever.

piensa wilbur

En una era centrada en el monólogo hablado, tú apuestas por la comedia corporal. ¿Por qué crees que la acrobacia y el lenguaje físico siguen conectando de esa forma con el público?

El lenguaje físico es universal: te permite actuar en Japón, Brasil o Dinamarca. Un golpetazo o poner formas raras con el cuerpo funciona en cualquier sitio. En España predomina el monólogo sobre texto, pero yo nunca me planteé qué formato elegir; simplemente surgió de forma natural por mis habilidades de gimnasta. Actúo despechugado en escena para que se vea mi cuerpo, bajo los hombros, adquiero formas raras y la gente se queda alucinada. Hay que hacer lo que a uno le pida el cuerpo.

¿Qué vivencias o aprendizaje te da el teatro en vivo que no te hayan podido dar ni el deporte ni la televisión?

El teatro no tiene sustituto. Se intentó hacer teatro online en pandemia y no funcionó; para eso te pones una película. La experiencia del teatro y del circo requiere presencialidad: salir de casa, pagar tu entrada y sentarte a ver la obra. Es puro e insustituible. Me apasiona la interacción, la improvisación, ver la cara del público y saber que cada función es diferente. La televisión tiene cortes y edición, pero el teatro es la vida misma.

Tu personaje es un terremoto sobre el escenario. A nivel físico y con el paso de los años, ¿cómo se cuida Víctor fuera de los focos para mantener esa exigencia en cada show?

Me mantengo en forma entrenando calistenia en casa, haciendo flexibilidad y calentando muy bien antes de salir al ruedo. Tengo 45 años y estoy muy bien, pero Wilbur es explosivo. Víctor, que es el que tiene el cerebro, debe tener los deberes hechos porque, si fuera por Wilbur, estaría en silla de ruedas. Con los años voy descartando acrobacias peligrosas. Ya no me hace falta hacer un triple ni un doble mortal; ahora hago un salto sencillo y aderezo todo lo de alrededor con ingenio y comedia. Hago más haciendo menos físicamente. Mi propio cuerpo me dicta los límites para no hacerme daño.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por Wilbur Victor (@wilburvictor)

¿Qué le dirías a quien aún está dudando si comprar la entrada para ir a verte?

Tengo familia en Almansa por parte de padre y le tengo mucho cariño a la ciudad; de pequeño he ido a dar vueltas con él y a comerme los polos de soletilla. A quien dude, le diría que no se lo piense: se van a partir el culo en familia, algo muy difícil de conseguir hoy en día. No tienes que dejar a los niños aparcados para ver un show de adultos, ni tampoco tragarte un espectáculo infantil aburrido. Igual que el Grand Prix es el programa del abuelo y del niño, el show de Wilbur es el espectáculo del abuelo, del niño, del padre, de la madre y de todos.

¿Tienes nuevos proyectos o espectáculos entre manos?

A finales de este año voy a estrenar mi nuevo espectáculo, Impacto Total. Va a ser un show basado por completo en el juego constante con el público durante hora y media, con la gente participando, dejándonos llevar, con acrobacias y con Wilbur en estado puro.

ecoVitab

Quizás te interese:

Archivado en:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *