Desecano, los que abrieron la veda del rock en Almansa entre las hueveras y casetes de una bucólica sala de ensayo

Tres décadas después de arrancar una olivera para hacer ruido y de reventar cintas de casete, el quinteto se reencuentra el próximo 17 de octubre en una noche única que promete hacer historia
desecano grupo rock Almansa

Si alguien busca un auténtico templo del rock almanseño, que no lo intente ni en el museo que no tenemos ni en los festivales que tampoco organizamos. Hay que irse al polígono industrial de Almansa, empujar la puerta de una nave y plantarse en la sala de ensayo de Desecano, la cual también comparten con otros grupos. Allí la moqueta es humilde y no existe pretensión de estudio elitista: hay amplificadores, una batería imponente y, sobre todo, una barra de bar fetén para dar la bienvenida a las visitas. Allí me encuentro, queridos lectores, para conocer el origen de todo.

Al otro lado de la barra se sientan los cinco sospechosos habituales de esta historia: Juan Carlos Bueno Gil (guitarra solista), Gabriel Martínez (voz), Daniel Rodríguez Pardo (guitarra rítmica), Miguel Almendros Santa Creu (bajo solista) y Juan Carlos Pérez Amorós, ‘el Pollo’ (batería heavy).

La estampa de 2026 tiene un matiz casi cómico, maravillosamente saludable, si se compara con la de 1990. Sobre la barra no hay quintos de cerveza peleona ni ceniceros a rebosar. Lo que ruedan son latas de cerveza sin alcohol (de marca blanca del súper), no se respira miseria… hay para todos, pero algunos prefieren beber agua. «No creo que esto fuera así en vuestros comienzos ¿no?», les pregunto. «Hace 30 años traíamos las mismas cervezas al local, pero con graduación y estábamos fumando todos; ahora es cerveza ‘sin’ y nada de tabaco, solo gimnasio para mayores», suelta Dani entre risas nada más arrancar la charla.

Pero que nadie piense que esto les ha llegado con la templanza de la edad (muy bien llevada). En el grupo nunca hubo vinculación con las drogas ni excesos destructivos; lo suyo siempre fue la disciplina del ensayo los fines de semana y el trago fresco entre colegas. «Siempre nos gustó el hacer música, tocar la guitarra en las juntanas con los amigos y un buen gin-tonic, por supuesto, pero nada de desfase», comenta Bueno. Y aunque en la nevera solo refresque una botella de agua mineral, ese espíritu de puro rock sigue ardiente: en cuanto Gabriel agarra el micro, las guitarras Ibanez rugen y ‘el Pollo’ le da al pedal, la magia analógica se activa al instante. «Volver a juntarnos los cinco ha sido un regalo, tío. Solamente los ensayos ya son un regalo. Te pones aquí, haces las mismas tonterías de siempre y pierdes 20 años en un segundo», apunta de nuevo el guitarra rítmico de la resurgente Generación Homicida.

Desecano Grupo de Rock Antigua Generación Homicida
«Los que jugábamos peor al fútbol fuimos los que cogimos los instrumentos y aquí estamos… ¡y además sin riesgo de lesiones!»

El ‘cuarto de la música’, la olivera arrancada y la picaresca de las hueveras

Para entender de qué madera está hecha esta banda hay que viajar a los primeros años noventa, cuando el grupo ensayaba en el campo de la familia de Juan Carlos. Aquel rincón, bautizado para el devenir de los tiempos como «el cuarto de la música», no nació de un proyecto comercial de una fábrica humana de K-popers, sino más bien de la complicidad familiar. «Básicamente existimos gracias a su padre y a su madre», reconocen con gratitud a los progenitores de Juan Carlos.

Cuando el quinteto empezó a darle chicha a los amplis pronto necesitaron ampliar el local, la solución fue drásticamente rural: tuvieron que arrancar una olivera entre todos a pulso. Y para insonorizar el espacio y no molestar a los vecinos durante la sagrada hora de la siesta, tiraron de lo que había a mano: «Como el Pollo vendía huevos, lo insonorizamos con hueveras, mantas y mientas. Lo teníamos fácil», recuerda Gabi.

Suena a ancianidad, y lo repetimos ya mucho aquellos que vivimos una vida sin una asquerosa pantalla en el hocico 24 horas al día, pero hay que decirlo: en una época sin teléfonos móviles, WhatsApp ni redes sociales, ese «cuarto de la música» se convirtió en un auténtico lugar de encuentro de la juventud almanseña. La gente quedaba en los bares de moda del pueblo y decía: «¿Subimos al campo a ver a estos?». El camino se llenaba de ciclomotores y se juntaban hasta 14 coches aparcados en la puerta. Los ensayos de los viernes por la noche o los sábados por la tarde eran la excusa perfecta para encontrarse, tomar algo y arrancar la juerga. Y he aquí la importancia de generar espacios para que la juventud desarrolle distractores decentes, creativos y que hereden un legado a la sociedad. Benditos sean los papás de Bueno, cuanto regalaron a la ciudad sin saberlo. 

«¿Y por qué coger una guitarra a los 16 años?», les cuestiono. La respuesta de la banda es pura honestidad: «Como en el fútbol éramos muy malos, dijimos: ‘Esto parece que funciona con las chicas’. Los que jugábamos peor al fútbol fuimos los que cogimos los instrumentos y aquí estamos… ¡y además sin riesgo de lesiones!», comenta Juan Carlos entre risas de canallita. 

Desecano inicios banda
Fotografía principal de la sesión realizada por Avispa Records en Madrid en 1997 a los recién nacidos Desecano, días antes llamados Generación Homicida (1997 – Archivo banda)

La alquimia del cassette: Portadas a fuego, ‘Sufre mamón’ y el filtro del tiempo

En los noventa la cultura se conquistaba a base de carretera, garitos y cintas magnéticas. Cuando alguien conseguía un disco codiciado —de Iron Maiden, de Leño o de Ilegales— se activaba el ritual de la doble pletina. «Metías una cinta virgen, le dabas a grabar y luego te currabas la carátula a mano con bolígrafo, rotuladores e incluso quemando el papel con fuego para darle estilo. Y si al final de la cara A quedaban tres minutos libres, se rellenaba con lo que hubiera», explican un poco entre todos. 

Las anécdotas con los cassettes dan para un libro de historia musical.

El sacrificio de Iron Maiden: Juan Carlos batería recuerda cómo Miguel le grabó en cassette el mítico directo ‘Live After Death’ de Iron Maiden. Como el concierto era demasiado largo para la cinta, tuvieron que sacrificar un tema largo en el que Bruce Dickinson jugaba con el público.

 

El pelotazo de Hombres G: Dani confiesa que, aunque quede menos «heavy», el grupo que le empujó a tocar a los 13 años fue Hombres G. Tras ver la película ‘Sufre mamón’ en el cine El Regio de Almansa, salió en manada con las chavalas del pueblo directo a por una guitarra. «Esto de los Hombres G no lo pongas eh, a ver qué dicen de nosotros», se oye comentar de fondo al Pollo. 

 

La trinchera de Ilegales y La Polla: Miguel machacó hasta romper la cinta el álbum ‘Chicos pálidos para la máquina’ de Ilegales (en especial el tema ‘Al borde’).

 

Mientras que Gabi descubrió el punk con poso gracias a una cinta de La Polla Records que le prestó su tocayo Gabi. Años después tocó en el mismo escenario y noche que Evaristo Páramos.

 

El viaje sideral en Citroën CX: En los primeros traslados del grupo, ‘el Pollo’ ponía en la pletina de su Citroën CX el ‘Riders on the Storm’ de The Doors para calmar los ánimos.

 

Aquella devoción se trasladaba a la grabación: para hacer sus primeras maquetas caseras utilizaban dos pletinas de cassette cruzadas. Grababan la batería en una cinta, la reproducían en la otra pletina mientras tocaban el bajo encima, y volvían a repetir el proceso con las guitarras. Al final, la batería quedaba grabada cuatro veces superpuesta, pero el tema salía adelante.

La trayectoria: De la aceleración de «Generación Homicida» a la madurez de «Desecano»

Aunque la conversación de barra es el motor del grupo, su hoja de servicios en el rock nacional es impecable y merece su lugar en la historia local.

 

El camino no estuvo exento de baches. Entre 1992 y 1994, el servicio militar obligatorio (la Mili) actuó como una apisonadora que frenaba la continuidad de la banda. Como no se iban todos a la vez -unos terminaban mientras ‘el Pollo’ o Juan Carlos se marchaban a destinos como Ceuta o Melilla-, el grupo se veía abocado a parones forzosos de un año entero.

A pesar de las interrupciones, la banda llegó a compartir escenario con mitos como Extremoduro, Platero y Tú, Siniestro Total, Reincidentes, Def Con Dos, Barón Rojo, Rosendo y Mano Negra. Cuya mención nos lleva a recordar una anécdota con la que fue la original banda de Manu Chao en Almansa. Acababan de renovar su repertorio y solo tenían siete canciones ensayadas para la maqueta ‘El hurón’, tras tocar su pase, mientras el público pedía el bis, fue el propio Manu Chao, que siempre exigía la participación de un grupo local en sus bolos (olé por Mano Negra), quien les pidió otra canción desde bambalinas: «¡Es vuestro público… Tocar otra!. Gabi tuvo que acercarse al micro y confesar entre risas: «Bueno, ¡vamos a repetir una que ya hemos tocado!».

En 1997, tras ganar concursos regionales, la discográfica madrileña Avispa Records, la misma que comenzó con Extremoduro (pero que también los dejó escapar), les firmó un contrato para cuatro discos. El grupo viajó a los Estudios M-20 de Madrid para grabar ‘De dónde viene este ruido’. El contrato original —que todavía conservan guardado en casa— se firmó como Generación Homicida, pero el sello les sugirió cambiar el nombre por considerar que resultaba demasiado agresivo para el giro melódico y elaborado que estaba tomando su sonido, al que los propios músicos definían como «rock animado». Así nació oficialmente Desecano. Y probablemente esa fue la única vez en la que un grupo local alternativo en Almansa tuvo un contrato encima de la mesa, si me equivoco, poneros en contacto conmigo.

desecano logo grupo rock

Tras desvincularse de Avispa por discrepancias con el proceso de producción, en 2001 lanzaron el aclamado disco autoproducido ‘Polvo’, grabado en Almansa junto al productor Pablo Sánchez, incorporando arreglos de flauta, fagot y palmeros. Finalmente, cuando rondaban los 28 años y tras 14 ininterrumpidos de carretera, la banda se disolvió de forma natural por cansancio y cargas laborales, «sin broncas ni conflictos de egos». 

La filosofía del rock: Comprar discos de 2.000 pesetas vs. el «fast food» digital

La conversación en la barra del ensayo deriva inevitablemente hacia el contraste entre la era analógica y el consumo digital actual. Los miembros de Desecano no guardan rencor al presente, pero analizan la escena con la lucidez de quien ha pateado mucho escenario: «Ahora la música es todo sencillo y aburrido. Le dan a una canción en el móvil, no la escuchan ni dos segundos y si no les gusta, la pasan».

Ante el estupor que genera esa inmediatez efímera, la generación de Desecano aprendió a amar el rock a base de esfuerzo económico y paciencia: «Antes te comprabas un disco que te costaba 2.000 pesetas y, aunque al principio te pareciera infumable, lo ponías una y otra vez en casa leyendo el libreto hasta que al final te gustaba y le sacabas el jugo».

Cuando les planteo a bocajarro si son conscientes de que fueron ellos los que abrieron la veda del rock local, en la barra del ensayo se mezcla el orgullo honesto con una humildad que no entiende de medallas impostadas. «Es de las cosas que más orgullo nos da, tío. Músicos que están hoy ensayando aquí mismo en el polígono se nos acercan y nos dicen que cogieron una guitarra gracias a habernos visto a nosotros sobre un escenario», confiesa Bueno. La paradoja es que Desecano abrió ese camino a ciegas, sin un espejo local donde mirarse. Ellos no tuvieron a unos «Desecano» veteranos a los que admirar en el pueblo; su escuela fueron las portadas de los LP, las cintas machacadas a copias y las ganas adolescentes de comerse el mundo sin saber muy bien dónde acabaría el viaje.

Sin embargo, huyen de colgarse la etiqueta de salvadores y prefieren poner en valor la trinchera cultural de su época. Aclaran rápido que Almansa ya era una caldera efervescente de decibelios: «Cuando nosotros empezamos había una cultura de conciertos brutal. Éramos tres o cuatro bandas activas, llenábamos el Teatro Principal hasta la bandera en los festivales de Navidad y nos juntábamos en colectivos como el COAL para ir al Ayuntamiento a pelear por locales y equipos». Se reconocen, en definitiva, como la chispa que encendió el relevo generacional: de chavales autodidactas que aprendían a tocar a base de cabezonería a convertirse, sin pretenderlo, en el referente local para todos los que vinieron detrás, algo que, en muchos aspectos, es más valioso e importante que ser referente mundial.

desecano banda regreso

Así es, en los noventa, los conciertos en el Teatro Principal de Almansa se abarrotaban hasta la bandera para ver a los grupos locales. Existían colectivos de músicos como el COAL que se organizaban para exigir espacios al ayuntamiento y la juventud acudía a los locales a descubrir bandas a ciegas, comprando la maqueta en el acto para apoyar a la escena.

Si hemos podido disfrutar de veintipico Festikral con innumerables grupos locales, si hemos bailado ska con Combo Calada, asentado la cabeza como gallos con Inextruendo, rapeado sobre rumba con la Triple F, en un pogo con la Banda Dekae o agitado nuestras manos rapados como frailes con el Porricas o JotaUve (y otras tantísimas noches de gloria hechas por y para el pueblo) fue gracias a la vanguardia de organizadores, profesores y artistas que dieron a Desecano como primer fruto de una prolífica historia de música local. Ese es el recuerdo y por lo que muchos vivimos, ahora toca el reto de no dejar morir de sed de este arte a una ciudad que es punta de lanza a nivel cultural en muchísimos ámbitos y sí, también en música alternativa. Pero eso, queridas lectoras, es otro tema. 

El 17 de octubre: Una cita única e irrepetible con sabor a histórica

«¿Volvéis por los fans o volvéis por la pasta?», disparo a los rockeros. «Vamos a decir que por los fans», responden, con sinceridad, pero eso sí entre risas. Aunque lo cierto es que creo si vuelven no es ni por lo uno ni por lo otro. El regreso de Desecano no responde a ningún plan de marketing ni a una búsqueda de ingresos tardíos. Todo surgió tras un almuerzo entre amigos y una improvisada sesión en el local. «Nosotros en el grupo nunca estuvimos en la música por triunfar; es que nunca lo pensamos. Esto lo hacemos por nosotros y por nuestra gente», explican entre unos y otros justo al recordar la firma en Madrid con Avispa Records.

El concierto del próximo 17 de octubre está concebido como una fiesta de reencuentro intergeneracional. Un homenaje a los que subían al campo en moto, a los que compraron ‘El hurón’ en cassette y a los jóvenes músicos que hoy citan a Desecano como la banda que les inspiró a colgarse una guitarra.

concierto desecano regreso almansa

Claves del evento

Carácter exclusivo: La banda ha sido tajante al respecto. «Esto en principio es un concierto único, una vez nada más. Si la gente no viene esta vez, es muy probable que haya perdido una oportunidad muy buena».

Horarios y ambiente: La apertura de puertas será a las 19:00 horas y la velada se alargará hasta pasada la medianoche. Previamente actuarán Los Harrison y Gusano Smith (grupo en el que toca un servidor). Habrá espacio habilitado para bocadillos, hamburguesas, papas y refrescos para aguantar la jornada.

Apoyo e infraestructura: El Ayuntamiento de Almansa ha cedido el recinto y el escenario, mientras que la televisión local TV Almansa desplegará un equipo técnico de primer nivel con cinco cámaras, realización en directo y pantalla gigante para inmortalizar la cita y garantizar el espectáculo audiovisual.

desecano banda al completo

Treinta y seis años después de que cinco chavales de dieciséis se juntaran a hacer ruido en una terraza, las guitarras de Desecano volverán a sonar en su pueblo. Seguramente la cita del 17 de octubre pondrá la piel de gallina a más de una generación. El rock de secano está de vuelta y los fieles a él brindaremos juntos una última noche. 

Entradas en el siguiente enlace a GIGLON: 

https://www.giglon.com/todos?idEvent=desecano-una-vez-una-mas-una-vez-nada-mas 

ecoVitab Programa Cultural Almansa

Quizás te interese:

Archivado en:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *