Antes de ser el nombre que todo el mundo busca en las librerías, Pedro Martí (Almansa, 1988) fue aquel joven que decidió regalar su imaginación en relatos semanales para sus compañeros de gimnasio. Aquellas tardes de videojuegos fueron el combustible para una sed de mundos por inventar que, lo que nació como un refugio juvenil, se ha transformado hoy en una realidad que desborda cualquier previsión editorial. Ese sueño tiene nombre y apellidos: La mala hija | Fotos cedidas por el autor
Hoy, 23 de abril, mientras toda España celebra el Día del Libro, Martí vive su particular cuento de hadas. No está en casa; está en el corazón de Sant Jordi, en Barcelona, bolígrafo en mano para firmar en la misma mesa que gigantes como Julia Navarro, Elsa Punset o Máximo Huerta, nombres que tiene como referentes. No es para menos. Su última novela se ha convertido en el «pelotazo» del año tras seducir a más de 50.000 lectores y oyentes; un éxito que ha conseguido que hasta el propio David Bisbal se rinda ante el misterio de las calles almanseñas. «Un día me empezó a seguir en Instagram para decirme que le había encantado, incluso intercambiamos mensajes y me dijo: «Almansa, qué bonita». Él ya estuvo aquí y quedó enamorado», relata al otro lado del teléfono.
A pesar del vértigo de las cifras, Pedro mantiene los pies en la tierra. En su tierra. Aunque hoy triunfa en la Ciudad Condal, el próximo 26 de mayo regresará al Teatro Principal para el Encuentro Regional de Clubes de Lectura de Almansa y Manchuela Conquense. Hablamos con el autor sobre el síndrome del impostor, el peso del éxito y el esperado regreso de la detective Alma en una nueva entrega que ya asoma en el horizonte de 2027.
Más allá del pelotazo de La mala hija, si rebobinamos hasta el principio… ¿Cuándo y por qué te da a ti por empezar a escribir?
Pues empezó, sobre todo, por la lectura. Al final, un escritor es un lector que se atreve a inventar sus propias historias y a dar un paso más allá; es una evolución natural. Huyo de esos autores que dicen que no leen porque tienen que escribir; es algo que no entiendo. En mi caso, doña Marina, una profesora del colegio Nuestra Señora de Belén, me ayudó mucho a que surgiese ese amor por los libros. Además, mis padres, pese a no ser grandes lectores, me leían muchos cuentos de niño. También me marcaron los videojuegos de los 90, con tramas muy maduras e interesantes. Ese perfil cinéfilo y gamer me ayudó a ver que había muchas historias por inventar. Ya en el instituto tuve profesores de lengua excelentes, como María Jesús, que me animó mucho, o Ignacio Denia, quien me descubrió La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza.
Recuerdo que iba al gimnasio Sportxtreme y teníamos un foro sobre artes marciales. Un día comencé a subir capítulos de una historia de samuráis que me estaba inventando y tuvo mucho éxito entre mis compañeros. Era puro folletín; cada semana intentaba publicar un capítulo. ¡Por favor, que nadie lo encuentre jamás! (risas), pero me lo pasaba de maravilla. Siempre me ha divertido escribir; a partir de la adolescencia empecé a pensar en relatos de vez en cuando y en el reto de completar una novela en algún momento.

¿Es la lectura el pilar maestro para cualquier escritor?
Es tu principal herramienta. Lo que han hecho otros es lo que mejor te enseña cómo se puede hacer. El uso de la segunda persona de Marto Pariente o la metaliteratura de Ruiz Zafón te otorgan recursos para convertirte en mejor escritor. La lectura te prepara para todo lo que hay en la vida.
A la hora de crear tus historias, ¿Qué escritores o escritoras referentes tienes como brújula?
Una figura muy importante es Alicia Giménez Bartlett; aunque no vivió aquí, nació en Almansa y su saga de Petra Delicado es increíble. Tuve la suerte de conocerla en la gala del Premio Nadal y estaba realmente nervioso. De la escena actual destacaría a Víctor del Árbol o Toni Hill por su desarrollo de personajes. Carlos Ruiz Zafón me parece maravilloso por su estilo y el universo que creó. Por supuesto, están los clásicos: me crié con Sherlock Holmes, Hércules Poirot o el comisario Maigret. En el Nordic Noir, Henning Mankell es obligado para mí. Y soy seguidor absoluto de Paul Auster; para mí es uno de los mejores escritores de la historia y el espejo en el que te quieres mirar.
Hablemos de cifras: 40.000 ejemplares de La mala hija circulando por el mundo. ¿En qué momento empiezas a ser consciente de la magnitud de lo que has conseguido?
Actualmente hay circulando 40.000 ejemplares en papel y acaba de salir la décima edición. En digital también ha sido el libro más vendido de Destino en los últimos meses. Con el audiolibro, la respuesta desde diciembre es una locura; se mantuvo las primeras semanas como el título más escuchado, por encima del Premio Planeta o el Nadal. Si sumamos todos los formatos, es posible que hablemos de entre 40.000 y 50.000 ejemplares.
Empecé a ser consciente, por ejemplo, cuando me invitaron a la gala del Premio Nadal. Verme allí, conociendo a mis referentes como Lorenzo Silva o Víctor del Árbol, fue como vivir en un Disneylandia para escritores. Ahora, por ejemplo, firmo en Sant Jordi al lado de Julia Navarro o Elsa Punset; ahí dices: «Ostras, parece que esto va en serio». Como anécdota, un día me empezó a seguir David Bisbal en Instagram para decirme que le había encantado la novela, incluso intercambiamos mensajes y me dijo: «Almansa, qué bonita». Él ya estuvo aquí y quedó enamorado. También te da mucha perspectiva subir al metro de Madrid y encontrar a un lector con tu libro en las manos.

¿Qué tiene esta historia para que el «boca a boca» sea tan potente?
El reto era contar una historia que se ha narrado muchas veces, pero aportando algo nuevo. Quería hacer un Domestic Noir o un Rural Noir en un lugar pequeño con muchos sospechosos; La Sexta lo definió como un Twin Peaks manchego y me encantó la etiqueta. He intentado diferenciarme mediante el diseño de personajes y los diálogos. La trama tiene giros y una oscuridad que no ves venir. Ese boca-oreja es lo que creo que ha levantado la novela y la mantiene en una posición privilegiada un año después.
Según los datos de las bibliotecas locales, vas camino de cerrar este 2026 como el autor más leído en Almansa. ¿Sabe mejor el éxito en casa?
Es un orgullo inmenso. En Almansa me han apoyado muchísimo; llenaron el Teatro Principal y el próximo 26 de mayo recibiremos a clubes de lectura de Cuenca para recorrer los escenarios de la obra. Dicen que es difícil ser profeta en tu tierra, pero en Almansa la gente te quiere mucho. Les gusta que una novela nacional transcurra en su ciudad. El desamor de la historia es aplicable a cualquier pueblo, pero el amor es puramente para Almansa cuando hablo de «la Puri» o la Fuente del León. Me haría ilusión que la gente visite la ciudad a propósito de mi novela o que se grabe allí una serie.
La novela negra es muy competitiva. ¿Cuál es el elemento diferenciador de tu obra?
Primero, el escenario: ese territorio entre el Levante y la Mancha con sus viñedos marrones y retorcidos. Luego, no es habitual encontrar una pareja de detectives que sean hermanas y que se lleven a matar por rencillas del pasado. Y, finalmente, la voz propia; al lector le gusta la marca en la que se convierte el escritor.
Como autor, ahora que están en auge los audiolibros y los ebooks, ¿te preocupa el soporte o lo importante es que la historia llegue al lector?
Me preocupa por la dinámica editorial. Las editoriales necesitan notar que se venden los ejemplares físicos, que son los que aseguran tu permanencia en las librerías. Si el papel no funciona en las primeras semanas, el interés decae rápido. El digital es una opción fantástica, pero la mejor manera de apoyar a un escritor es comprar el libro físico nada más salir para que se mantenga en el escaparate.
¿Estamos ante el comienzo de una saga con la editorial Destino?
Sí, va a ser una saga. De hecho, puedo adelantar que Alma volverá a Almansa; la novela ya está en proceso de escritura y repetirá escenario. Trabajar con Destino y el Grupo Planeta está siendo increíble por su profesionalidad. Calculo que para 2027 tendremos la continuación. Además, es muy posible que mis dos obras anteriores vean la luz a principios de año, ya que la editorial se ha interesado en recuperarlas. Habrá que retocarlas un poco, porque en su día fueron autoeditadas.
Con el listón tan alto, ¿se escribe con la misma libertad de antes o el éxito se ha convertido en una mochila?
La verdad es que sufro un síndrome del impostor muy fuerte ahora mismo. A veces me bloqueo pensando que será difícil superar el impacto de mi anterior novela. En los clubes de lectura me dicen cosas tan buenas que me siento «apuñalado» pensando en lo que quizá le falte a la nueva. Estoy aprendiendo a gestionar ese perfeccionismo; lo que garantizo es que mis lectores volverán a encontrar mi esencia, mis personajes y mis diálogos.







