La Sala 1 de la Casa de Cultura alberga en su interior decenas de fotografías que narran la evolución personal y artística del escultor José Luis Sánchez, capturadas bajo la atenta mirada de José Cantos. Esta muestra inaugura oficialmente la programación del centenario del artista (1926-2026), impulsada por la Asociación Cultural Torre Grande y el Ayuntamiento de Almansa, y funciona como un espejo que refleja la materia, la vida y la evolución del creador almanseño. | Fotos: Ayuntamiento de Almansa
La exposición, que podrá visitarse del 8 al 31 de mayo, permite contemplar de forma inédita piezas que, por su enorme tonelaje o por pertenecer a colecciones privadas internacionales, serían imposibles de trasladar físicamente hasta nuestra ciudad. Es la oportunidad de recuperar un legado artístico excepcional a través del objetivo de Cantos.

Un viaje en cuatro actos: ¿Qué verá el público?
El itinerario propuesto por la asociación se aleja de la imagen tradicional de José Luis Sánchez como un artista puramente abstracto para ofrecer una visión completa de su transformación creativa. El recorrido fotográfico comienza en los años cincuenta, centrándose en su aportación a los pueblos de colonización durante la posguerra. En este periodo de escasez, el escultor logró elevar materiales tan humildes como el cemento y el hormigón para crear una iconografía sagrada de líneas estilizadas y gran modernidad que rompe con el realismo de la época.
A continuación, la muestra explora el impacto que tuvo su estancia en París y la influencia directa de su esposa, la ceramista Jacqueline Canivet. En esta etapa, Sánchez se sumerge en el diseño de objetos cotidianos, trabajando piezas como cuencos, botellas o medallas que demuestran su versatilidad técnica.

El avance cronológico conduce después hacia su etapa de madurez, acentuada por la abstracción geométrica y su innovadora integración en la arquitectura, donde sus esculturas dejan de ser objetos aislados para jugar con la luz y las dimensiones del espacio. Finalmente, la exposición se adentra en un terreno mucho más personal y cierra el recorrido con una serie de imágenes de bustos en bronce dedicados a su propia familia que revelan la faceta más íntima y humana del artista.

José Cantos: el fotógrafo que habitó la escultura
Para comprender la esencia de esta exposición, es imprescindible detenerse en la simbiosis entre el fotógrafo y el escultor. José Cantos (Almansa, 1952), cuya trayectoria profesional estuvo ligada durante tres décadas al oficio de marmolista, explicó en declaraciones a La Revistica que descubrió la obra de José Luis en 1981, a través de un catálogo del Palacio de Cristal de Madrid. Sin embargo, el destino no los uniría personalmente hasta 2010, cuando Cantos prestó piezas de su colección privada para una muestra en el Instituto José Luis Sánchez; entre ellas, una obra que el propio escultor daba por extraviada.
Aquel encuentro fue el germen de un vínculo que se materializaría años después con la restauración de Mazinger. Esta pieza de mármol de Carrara (1976) desapareció tras el cierre de un banco en Madrid y fue localizada, muy deteriorada, en un complejo privado de Alicante. El propio Cantos fue el encargado de restaurar la escultura, que desde 2013 permanece en ese enclave de difícil acceso.
Precisamente ahí reside el valor de esta muestra fotográfica: la capacidad de acercar a Almansa obras que, por su tonelaje o por pertenecer a colecciones privadas, serían imposibles de trasladar físicamente. Este proyecto busca, en definitiva, que la ciudadanía se apropie de un legado que le pertenece, cumpliendo así el mayor deseo de Cantos: «Demostrarle al mundo que la obra de José Luis es preciosa, maravillosa y, todavía, demasiado desconocida».









