Apenas quedan unas horas para el tan esperado «relojes en marcha» que dé comienzo al XXI Torneo de Promoción de Ajedrez de Almansa. El Centro de Innovación Empresarial y Formación Aniceto Coloma se convierte desde este viernes en la sede de este clásico veraniego que repartirá más de 3.600 euros en premios y que roza el lleno con 142 participantes confirmados.
La prueba se extenderá hasta el 2 de agosto con dos categorías en juego paralelamente: el Torneo A (sub-2400 de ELO) y el Torneo B (sub-1800 de ELO), con 71 ajedrecistas en cada una de ellas. La convocatoria ha atraído a competidores de diversos puntos de España, además de internacionales procedentes de Argelia, India y Argentina.
El Maestro Fide Alejandro Castellanos, del Club de Ajedrez Coímbra Jumilla, encabeza el ranking, seguido por el FM Carlos García Moreno (Tomelloso) y Eduardo López Quevedo, del mismo club, tercer cabeza de serie del ranking. En el plano local, la principal baza de la representación almanseña recae en Sergio Campos Sáez, que parte en la cuarta posición.
Pese al atractivo del cartel, que reparte más de 3.600 euros en premios entre ambas categorías, la competición afronta su apertura con mucha ilusión pero acusada una vez más por las carencias del recinto. La falta de una sala diáfana de gran tamaño obliga al Club Ajedrez Almansa a distribuir la actividad en cuatro estancias independientes, un problema estructural de espacio que la directiva arrastra desde los orígenes del torneo.

El humilde nacimiento entre feriantes y calor manchego
Todo empezó hace más de treinta años en el Jardín de los Reyes Católicos, justo en la intersección urbana donde hoy se ubica la fuente de los patos. En pleno bullicio de la feria de septiembre de 1992, la caseta de UGT quedaba inactiva por las tardes debido al sofocante sol manchego. Fue entonces cuando un grupo de aficionados locales (entre ellos Pedro Villaescusa, hoy presidente de honor del club) detectó que aquel rincón en sombra podía albergar una pequeña competición de ajedrez.
«Se apuntaron todos los de las casetas de alrededor; gente que ponía sus puestos, el de los caballitos, el del tiovivo, el del tiro... Gente que se quedaba parada a mediodía el sábado porque no había otra actividad a esa hora. Juntamos unas 40 personas jugando en plena feria», rememora Juan Francisco Gil, secretario y expresidente del Club de Ajedrez de Almansa, quien ha gestionado y vivido en primera persona toda la evolución de este deporte en la ciudad

Gracias al boca a boca, el torneo dejó atrás su carácter estrictamente amateur para captar a los primeros jugadores federados de la Comunidad Valenciana, la Región de Murcia y Albacete. El salto de calidad definitivo llegó al hacer las partidas puntuables para el ranking internacional y fijar atractivos premios en metálico. De pronto, Almansa se convirtió en parada obligada para la élite mundial: por sus tableros comenzaron a desfilar Grandes Maestros de la talla del rumano Mikhail Șhubă —que llegó a ser el cuarto mejor jugador del mundo—, el ucraniano Alexander Ipatov o el serbio Aleksa Striković, subcampeón de España, junto a figuras como Claudio Minzer o Mauricio Vassallo.
De los relojes de cuerda a la retransmisión digital
Con el paso de los años, el ajedrez ha evolucionado, y el torneo y el club también. Se pasó, progresivamente, de los relojes analógicos a los digitales, de los tableros de plástico a los de madera, y se empezaron a integrar tableros de retransmisión para que todo el mundo pudiera seguir las partidas de las primeras mesas del torneo desde cualquier parte del mundo.
«La retransmisión digital exige un despliegue logístico bastante complejo», explica el secretario. «En Almansa empezamos retransmitiendo 10 tableros, pasamos a 12, el año pasado 16 y para esta edición la idea es alcanzar los 18 tableros: nueve para el Torneo A y otros nueve para el Torneo B».

Sin embargo, el gran talón de Aquiles de este torneo ha sido, de manera sistemática, el espacio físico. Cuando el recinto ferial se quedó pequeño ante el volumen de participantes y se empezó a realizar un torneo más profesional, el torneo inició un largo exilio por diferentes lugares de la localidad. La primera parada fue el Hotel TRH, donde la masificación coincidió con las altas temperaturas del mes de agosto.
«El calor algunos años en el TRH era durito», confiesa Gil. «Metíamos a 200 jugadores dentro de una sala expuesta directamente al sol y aquello era insoportable. Teníamos que comprar bolsas de hielo e introducirlas en las turbinas del aire acondicionado para intentar rebajar la temperatura. A mediodía cogíamos mangueras y echamos agua al tejado del hotel para enfriar la estructura».
El talón de Aquiles del torneo: la falta de espacio
Tras alcanzar un pico de 220 jugadores, el hotel cerró sus puertas y obligó a trasladar la competición al Teatro Principal durante tres ediciones, donde el problema fue la visibilidad: «Había zonas muy oscuras debajo de los palcos donde los primeros tableros se quejaban de jugar en penumbra, y el escenario estaba un poco inclinado».

Posteriormente se pasó por el Convento de las Agustinas, el Hotel Blu y La Ramona, una itinerancia compleja en la que el precio de las salas resultó insostenible a largo plazo para el presupuesto del club. Hoy en día, el torneo se ha asentado en el Centro Tecnológico de Almansa. Aunque el edificio ha resuelto los problemas de climatización, sus limitaciones de espacio obligan a repartir el torneo en cuatro salas independientes ante la falta de una gran nave diáfana.
El techo de cristal físico de un torneo que busca hogar
«Eso fragmenta el torneo y duplica los costes de personal», explica Gil González. «Necesito obligatoriamente cuatro árbitros porque hay cuatro salas distintas. En una sala uniforme e idéntica podría tener a los mismos cuatro árbitros o menos, pero uno fijo en el ordenador y los otros ayudando en el mismo sitio. Sería muchísimo más fácil de arbitrar y más vistoso porque estarían todas las partidas juntas».

Esta limitación sitúa al XXI Torneo de Promoción ante una encrucijada difícil de resolver. Con un atractivo cartel que reparte más de 3.600 euros en premios, las previsiones de la directiva vuelven a ser las de agotar por completo el umbral de las 160 inscripciones disponibles. No obstante, el torneo ha tocado su techo de cristal físico. No puede albergar a un solo jugador más porque meter un tablero extra en las condiciones actuales resulta materialmente imposible por espacio, y no hay grandes locales donde se pueda desarrollar el torneo.
«En La Roda tienen una sala pública con capacidad para 400 personas y uno de los torneos más importantes de España. En Caudete caben 300 personas en un espacio público y, además, existen salas en Montealegre o Alpera que pueden albergar a 200 personas en una única estancia. Esa es la gran asignatura pendiente de este torneo», concluye el expresidente. El agravio comparativo con las localidades vecinas resulta evidente, y el crecimiento de esta cita con más de tres décadas de historia seguirá comprometido mientras la ciudad no le brinde el espacio que se ha ganado a pulso.
Récord nunca visto en el XX Torneo de Promoción del Club Ajedrez Almansa








