Beatriz Benyto Ruano nació en Albacete el 10 de julio de 1986. Es la menor de cuatro hermanas. Hija de José Matías Beneyto Mora, agricultor, y Teresa Ruano Valiente, ama de casa. Su infancia no fue fácil, ya que su madre falleció cuando ella tenía solo cuatro años. Desde entonces, su padre tuvo que hacerse cargo de sus cuatro hijas (las gemelas, Rocío y la propia Beatriz) con el apoyo incondicional de sus abuelos, quienes se turnaban para darles de comer: una semana estaban con los abuelos maternos y, la siguiente, con los paternos.
A pesar de las dificultades, Beatriz recuerda con cariño que, al llegar del trabajo, su padre siempre se llevaba a sus hijas a casa para cenar y dormir juntos. Desde pequeña, su vida ha estado ligada al campo, pues su padre era un agricultor de gran dedicación. Todos los veranos, cuando finalizaba el colegio, comenzaba la campaña de recolección de patatas, seguida por la de la almendra, la vendimia y, cuando llegaban las Navidades, tocaba la recogida de la oliva.
Siempre sintió fascinación por la maquinaria agrícola. Tanto es así que, con solo 12 años, ya sabía manejar el tractor y ayudaba a su padre a vaciar las patatas de la pala al remolque o a llevarlo tras la cuadrilla, para que los trabajadores pudieran descargar la cosecha en la pala tras la recolección. Por todo ello, una de las principales razones que la motivó a estudiar Ingeniería Técnica Agrícola fue su estrecho vínculo con el mundo agrario, un sector que conoció de cerca desde muy pequeña.
Su padre siempre había deseado tener un hijo varón, convencido de que ninguna de sus hijas seguiría sus pasos en el campo… pero la vida le tenía preparada una sorpresa. Sin embargo, el destino también le tenía reservado otro duro golpe. No solo perdió a su madre en 1990, sino que, en 1993, a su padre le diagnosticaron cáncer de colon, una enfermedad contra la que luchó hasta 2006. Tras años de batalla, finalmente falleció, dejando a Beatriz huérfana de padre y madre a los 20 años.
En ese momento, ella cursaba el segundo año de Ingeniería Técnica Agrícola y, al quedarse sin el apoyo de su padre, tuvo que replantearse su situación: debía seguir estudiando, pero también trabajar para poder costearse la carrera.
Así, comenzó a trabajar los sábados en los mercados con la frutería De la Huerta a la Mesa y, además, consiguió una beca en la universidad, donde trabajaba en la biblioteca por las tardes mientras continuaba con sus estudios. Finalmente, en 2010, logró terminar la carrera y obtuvo el título de Ingeniera Técnica Agrícola, con especialización en explotaciones agropecuarias.
Ese mismo verano, en Almansa, surgió un proyecto que contrataba a jóvenes titulados: Autoprotección de viviendas secundarias, dirigido por el entonces Intendente Jefe de Policía, Federico. Beatriz fue seleccionada y trabajó durante tres meses en la Policía Local. Finalizado el proyecto, necesitaba un empleo estable, así que contactó con su antiguo jefe de De la Huerta a la Mesa y trabajó allí durante dos años como dependienta.
Aunque se sentía agradecida por el trabajo, su verdadera pasión seguía siendo el sector agrícola. Tenía la formación, las ganas y la inquietud por ejercer su profesión, por lo que decidió buscar nuevas oportunidades. Para ampliar sus posibilidades, se inscribió en la Escuela Oficial de Idiomas para estudiar alemán, un idioma que, para su sorpresa, le resultó fácil de aprender.
En 2013, decidió dar un giro a su vida y se trasladó a Alemania para trabajar como Au Pair en Ingolstadt. Allí cuidó a tres niños durante un año y medio. A pesar de la distancia, su deseo de trabajar en el sector agrario no desapareció. Un día, desde Alemania, vio una oferta de empleo publicada por el Ayuntamiento de Almansa para jóvenes titulados.
La única condición era que el candidato debía encontrar una empresa interesada en contratarlo; el ayuntamiento se encargaría de costear su sueldo. Sin dudarlo, Beatriz contactó con la finca Hacienda El Espino y, para su sorpresa, el dueño le respondió: «Vente para Almansa YA». No es difícil imaginar su emoción en ese momento.
Así, al fin tuvo la oportunidad de comenzar a trabajar en su profesión. Durante varios meses participó en la campaña de vendimia. Al finalizar, y gracias a su experiencia en la finca, le ofrecieron un nuevo empleo como técnica de calidad en un almacén hortofrutícola, especializado en cebollas y ajos. Con el tiempo, fue adquiriendo más experiencia en el sector y, finalmente, le ofrecieron una entrevista para gestionar las fincas de La Marquesa de Montortal como administradora, ya que la persona que las llevaba hasta entonces se jubilaba.
Beatriz superó con éxito la entrevista y asumió el puesto, un trabajo que sigue desempeñando en la actualidad. En esta labor ha aprendido mucho sobre la profesión, ya que implica la gestión de personal agrícola, la tramitación de documentación con la administración, la supervisión de facturas de proveedores y la planificación de la rotación de cultivos.
De manera paralela, le surgió la oportunidad de incorporarse como comercial de abonos en la multinacional Fertinagro Biotech. Durante siete años, compaginó la venta de fertilizantes con la gestión de las fincas. Gracias a este trabajo, conoció a muchos agricultores, especialmente en el corredor de Almansa, donde trabajó con clientes de municipios como Caudete, Montealegre, Fuente Álamo, Pétrola, Chinchilla, Higueruela y Alpera.
Sin embargo, por motivos personales y, sobre todo, debido a su maternidad, tuvo que tomar una difícil decisión. Como muchas otras mujeres, se vio obligada a dejar un trabajo para poder estar más cerca de su familia y evitar salir fuera de Almansa. Aun así, su vínculo con el sector agrícola no se ha visto afectado. Ha sido parte de la junta directiva de la Asociación Agrícola Almanseña (ASAJA), como vocal en representación de las fincas que ha gestionado.
Actualmente, también ocupa el cargo de secretaria de las Aguas Privadas de San Pascual, donde, junto con la junta directiva, colabora en el mantenimiento del abastecimiento de agua, desde su origen hasta su distribución. Además, trabaja con un distribuidor de Bonete, Mateo Reolid Martínez, donde asesora a agricultores en la gestión integrada de plagas y la elaboración de cuadernos de explotación, no solo en Almansa, sino también en los municipios cercanos.
El sector primario, nuestra agricultura, es un pilar fundamental de nuestra sociedad. Encontrar mujeres como Beatriz, que viven su profesión con tanta pasión y compromiso, es un auténtico privilegio. Este reconocimiento es más que merecido y, sin duda, lo compartes con tu padre, que, allá donde esté, mirará con orgullo a la gran profesional en la que te has convertido.