Sin duda, hablar de Ana Arráez es hablar de la historia viva de la danza en Almansa. Con tres décadas al frente de la Academia Scheherezade y un corazón desbordante de amor y pasión, Ana ha compartido coreografías con generaciones de alumnas, transformando su estudio en un semillero de talento cuyos frutos reflejan el auténtico refugio de bienestar que se halla en la calle Aparicio nº4. Lo que comenzó casi por azar -cuando una joven Ana, con intención de ser monitora de musculación, quedó prendada de una clase de baile en el centro donde iba a formarse- se ha convertido en una trayectoria vital dedicada al movimiento hecho arte.
Y es que Scheherezade es mucho más que una escuela de baile, como digo, es un espacio donde conviven el ballet clásico, la danza oriental, el flamenco y las tendencias urbanas, todo bajo una filosofía de disciplina y salud. Este año, Ana y su «equipazo» (así lo llama ella misma) se preparan para su cita más especial: el tradicional festival benéfico que en este fin de temporada, en el Teatro Regio, pondrá rostro y voz a mujeres que la historia oficial decidió ignorar.
Pregunta: Treinta años de Scheherezade… Se dice pronto, pero ¿cómo recuerda esos inicios en los que la danza se cruzó en su camino?
Ana Arráez: Es curioso, porque mi inicio fue por un novio deportista. Yo quería sacarme el título de monitora de musculación, pero al llegar al centro vi a una chica bailando y supe que eso me iba a gustar mucho más que hacerme fuerte en el gimnasio. Empecé con el aeróbic y gracias a María Ángeles Real, que me abrió las puertas de su casa, comencé a dar clases. Hace 30 años que abrí la academia, con unos 26 o 27 años, y desde entonces no he parado de adaptarme. Empezamos con mucho ballet de la mano de mi compañera Eva Hoyos y luego incorporamos prácticas que van desde TRX hasta zumba yoga o danza urbana.
P: En este tiempo, la academia ha sido testigo de cambios sociales importantes. ¿Cómo ve la evolución del alumnado, especialmente en cuanto a la inclusión de los hombres?
A.A.: El alumnado y el profesorado se renuevan constantemente. Es una satisfacción ver a antiguas alumnas que ahora me traen a sus hijos. En cuanto a los chicos, sigue siendo una minoría, pero cuando están, aportan muchísimo. En el grupo de urbano tenemos un profesor chico y en ballet hay algún niño que es una ricura. Recuerdo con mucho cariño un boato de Bollywood donde conseguimos juntar a 10 chicos; para mí, la figura masculina rompe con lo establecido y aporta una intención diferente al grupo.
P: Además de los más jóvenes, tiene un grupo muy especial que llamas «tus Cisnes Plateados». ¿Qué nos puede contar de ellas?
A.A.: ¡Son maravillosas! Es un grupo de danza clásica para mayores de 50 años. El ballet es la base de todo: da elegancia, corrige la espalda y fortalece el cuerpo. Aunque ellas a veces son reticentes a salir en los festivales de fin de curso, yo siempre les digo que, sea en público o en privado, es una manera preciosa de mostrar que, con 60 años, el ballet te sigue dando unas cualidades increíbles.

P: Hablemos del gran evento que se avecina. Este año la temática versa sobre mujeres olvidadas. ¿Cómo nace esta idea?
A.A.: La idea partió de mis compañeras Pilar y Patri. Nos dimos cuenta de cuántas mujeres han quedado en el olvido a pesar de sus grandes logros. Queremos darles visibilidad. A través de una voz en off, iremos explicando la trayectoria de estas mujeres -médicas, artistas, científicas- para que el público pueda ponerles cara y saber qué hicieron. El festival se organiza por bloques: flamenco, clásico, oriental, urbano… y todo se unifica para rendirles este homenaje.
P: Como es tradición en Scheherezade, el festival tiene un componente solidario. En esta ocasión, la recaudación irá destinada a la asociación Patalea por la Inclusión.
A.A.: Siempre hemos tenido ese toque benéfico desde el primer festival. Este año colaboramos con Patalea porque hacen una labor preciosa con las familias y les cuesta mucho mantener su increíble local. Son un grupo de mujeres valientes -y ahora también algunos chicos- con un empuje increíble que han levantado todo desde la organización propia. Además, el festival será muy inclusivo: colaboran las niñas de Asprona y habrá una sorpresa final donde participarán desde el mismo patio de butacas.

P: ¿Qué siente Ana Arráez cuando se apagan las luces y empieza la música?
A.A.: Para mí, bailar es dejarme llevar, desinhibirme y transmitir. A veces no necesito hablar; me pongo delante del espejo, hago un gesto y mis alumnas me siguen. Aunque levantarme cada día sea duro y el trabajo previo de coreografía sea intenso, cuando llego a clase y veo el fruto del esfuerzo, todo merece la pena.
P: Para terminar, ¿qué le diría a esa niña que hoy sueña con dedicarse a la danza?
A.A.: Le diría que luche por sus sueños, porque se hacen realidad, aunque el camino no sea fácil. Yo nunca me he hecho rica con esto, pero enriquecerme de lo que he conseguido y levantarme cada día haciendo lo que me gusta vale mucho más que cualquier sueldo alto. La danza es disciplina, es educación y es una forma de vida que te ayuda para siempre.

P: Después de tres décadas de trayectoria, ¿cuál ha sido el momento de mayor felicidad que guarda en su memoria relacionado con la danza?
A. A: Es inevitable pensar en mi hijo y en mi marido, que son mi apoyo fundamental, pero en lo profesional hay un instante que guardo como si fuera ahora mismo. Fue el día en que estaba colgando el cuadro con el nombre de la academia en el pasillo para la apertura. Justo en ese preciso momento, entraron mi hermano y mi cuñada por la puerta para decirme que iba a ser tía por primera vez. Se juntaron dos ilusiones: el nacimiento de mi proyecto vital y la llegada de un nuevo miembro a la familia. Eran dos sueños que se complementaban y se hicieron realidad a la vez en ese mismo pasillo. Es un recuerdo que todavía hoy me emociona profundamente.

Y con este mismo sentimiento, tras tres décadas de labor, lanzamos una invitación a emocionarse, a descubrir legados femeninos silenciados y a disfrutar de un espectáculo donde la inclusión será la verdadera protagonista sobre las tablas. Las entradas ya están disponibles para esta cita con la memoria y la solidaridad; no falten a este encuentro donde, una vez más, el baile demostrará ser el lenguaje más puro para unir corazones y rescatar del olvido lo que verdaderamente importa. Puedes sacar las entradas aquí: Entradas para festival de Scheherezade 2026.
Ana Arráez: cuando la danza forja vínculos más duros que el acero







