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29/02/2024
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El periódico digital de Almansa

Herminio Almendros, una placa y el amargo sabor del olvido

La memoria del legendario profesor de la II República es restaurada un poco más con la puesta de una placa conmemorativa en el lugar donde un día se erguía su hogar gracias a la Asociación Cultural Pablo Iglesias
herminio almendros placa almansa

Acto homenaje a Herminio Almendros y puesta de placa en su casa de la niñez. Almansa. Día 14 de abril. Calle Niceto Cuenca con Paseo de la Libertad. Un joven guitarrista interpreta unas notas al fuerte viento que recorre las vías de la ciudad. Medio centenar de personas le escuchan, algunos emocionados, otros intentando no perder la concentración a causa del tráfico rodado que constantemente interrumpe el acto. Alguna vecina se asoma a su balcón para ver qué pasa. Una bandera tricolor ondea sobre las cabezas de los presentes a la misma altura que un rostro olvidado. La tez de uno de los paisanos más internacionales e ilustres de Almansa, si no es el que más: Herminio Almendros. 

Homenaje a Herminio Almendros en Almansa

Fue en ese mismo lugar cuando hace ya más de un siglo se crió Herminio Almendros. Hasta hace días, las mismas calles donde jugó y creció era un lugar de olvido, donde no quedaba ni un solo rastro del legendario profesor. Esto fue así hasta ahora, ya que gracias a la Asociación Cultural Pablo Iglesias, Almendros vuelve a tener una placa conmemorativa en el lugar donde antes se levantaba su hogar de la niñez. Localización en la que ahora se encuentra un gran edificio de pisos.

ecoVitab

En este rincón de la ciudad se reunieron unas 50 personas, la mayoría simpatizantes del espectro izquierdista, republicanos y mucho maestro y maestra. Juan Luis Hernández Piqueras y Belén Piqueras Íñiguez fueron las personas encargadas de dirigir el acto junto a Victor Manuel Jiménez a la guitarra. Un acto celebrado en las mismas calles donde Herminio corrió y jugó.

juan luis hernandez piqueras
Juan Luis Hernández Piqueras: «Herminio era un fiel comprometido con la educación y ahí puso todas sus ganas y fuerzas en una obra que destella valores humanistas»

El profesor de la II República

Herminio se crió frente a las imponentes fachadas de lo Coloma y con la cercanía de los jardinillos y la estación que cambió el devenir de Almansa. Trenes que llegaban cargados de revolución social e industrial. Esos son los años de la infancia de Herminio Almendros y que él mismo recuerda bajo la nostalgia de sus escritos donde relataba su juventud. En una de sus cartas a su buen amigo Ferrán Zurriaga, Herminio dice: «Yo nací y crecí en Almansa pero creo que ya no volveré en vida». (Carta 1974 desde La Habana).

El profesor de la II República pasó más de 30 años de exilio desde enero de 1939 en la Barcelona de la Guerra Civil, ciudad que se encontraba en la imparable certeza de la llegada de las tropas franquistas. El exilio fue el único recurso para salvar la vida por la represión que se venía en todos sectores, pero más en especial en la educación. Y es que los objetivos de la administración republicana eran ambiciosos: entre 1931 y 1936 se doblaron las instalaciones educativas. Herminio era un fiel comprometido con la educación y ahí puso todas sus ganas y fuerzas.

homenaje herminio almendros almansa

A pesar de cruzar el océano huyendo del fascismo, Herminio no perdió nunca ni un ápice de su pasión por la enseñanza libre. Con la llegada del triunfo de la revolución cubana que al propio Herminio Almendros le hizo rememorar ese prometedor 14 abril de 31 que llenó de esperanzas a muchos españoles, también trajo una gran oporunidad para nuestro maestro más internacional. En 1959 Herminio fue nombrado director de educación rural de Cuba y pudo desarrollar con acierto los principios pedagógicos que siempre defendió. «Una obra que destella valores humanistas», valoró Hernández Piqueras durante el acto.

El amargo olvido al que quisieron condenarlo

Herminio Almendros tenía razón en su carta a Ferrán Zurriaga: no volvió a Almansa, su tierra, en vida. «La dictadura intentó asumirlo en el olvido y en el silencio pero rescatamos su recuerdo y memoria», afirmó con fuerza el historiador local.

La democracia intentó restablecer el honor perdido, recuperar la memoria y rescatar a los muertos de las cunetas y fosas comunes. Pero también hubo formaciones políticas que evitaron esa restauración de la dignidad de los familiares, o bien cargando frontalmente contra su objetivo o bien ignorando las acciones que, como esta, eran necesarias para ensalzar la figura del almanseño más internacional y más ilustre de nuestra historia.

Belén Piqueras Íñiguez
Belén Piqueras Íñiguez: «No hay ni la mitad descubierto de lo que hizo Herminio Almendros por la educación por lo que es una obligación restaurar su memoria y trabajo»

Belén Piqueras Íñiguez lo dejó meridianamente claro: «Hemos conseguido recuperar la placa tras mil peripecias. Ahora que está tan de moda nombrar a almanseños ilustres, no me puedo explicar cómo un tan ilustre como Herminio Almendros haya pasado por tantas peripecias sin que nadie se acuerde de él. Después de dos legislaturas con un presupuesto aprobado para hacer la fundación, después de una familia que ha sido tremendamente generosa y después de la lucha, solo puedo agradecer al Instituto de Estudios Albacetenses (IEA) por recoger el legado que el Ayuntamiento no ha querido recibir. Quiero agradecer también a Torre Grande cuyos componentes nos descubrieron su figura: no hay ni la mitad descubierto de lo que hizo Herminio Almendros por la educación por lo que es una obligación restaurar su memoria y trabajo. Quiero agradecer también a Antonio Selva que es el que más me ha ayudado en este tema. Y decir que cualquiera que quiera saber de Herminio Almendros tiene que acudir a Albacete al IEA donde encontrará todo el archivo digitalizado»

«Quisieron enterrarnos sin saber que éramos semillas»

Y con las palabras de Belén al fuerte viento que corría, comenzaron a sonar las notas sentidas del joven guitarrista almanseño Víctor Manuel Jiménez.

victor manuel jimenez almansa

Ese mismo chico, que con cierto nervio pero ilusionado tocaba la guitarra donde un día Herminio Almendros correteó y jugó en paz e inocencia, hoy recibe su formación educativa en el instituto bautizado con el nombre del profesor de la II República.

A Herminio Almendros lo desterraron. A José Conde lo encerraron en una mugrosa celda y querían dejarlo ahí durante 20 años por el único crimen de enseñar. Y a otros como Hernández de la Asunción lo asesinaron vilmente sin razón alguna. Lo que no sabían los que ejecutaban sentencias, los que llenaban fosas y los que cerraban portones es que se puede matar a una persona, pero nadie mata a la verdad. 

herminio almendros placa en almansa

Versionando el poema de Ernesto Cardenal, la memoria de Herminio Almendros se quiso enterrar pero se hizo sin saber que era la semilla más fértil que se pudiera imaginar. Una semilla que hoy, casi un siglo después de su exilio, germina en forma de valiosos alumnos y alumnas que salen del instituto que lleva su nombre como potenciales y virtuosos músicos, ingenieras, periodistas, políticas, diseñadores, traductoras, biólogos, policías, deportistas…

Hoy Herminio Almendros miraría con orgullo a ese alumnado. Sí, conocedor del valioso tiempo que se perdió con al sección femenina y el crucifijo junto a Primo de Rivera. Pero también aliviado al conocer que el desierto de la represión no marchitó las flores que brotan con la preciada semilla de la buena educación. 

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