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13/06/2024
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Toni Aparicio, autor de Quién esconde tu secreto: «Queremos conocer el lado oscuro de las cosas»

«Queramos o no, el pasado está presente de manera constante en nuestra vida. Lo que hacemos está influenciado por lo que somos, por lo que hicimos o no pudimos hacer en algún momento de nuestra vida»
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Toni Aparicio nació en Albacete. Siempre rodeado de un ambiente artístico, desde muy joven supo que quería contar sus propias historias. En 2012 publicó su primera novela, El secreto de Elisa Lecrerc; en 2015, Buenaventura, y en 2018, La mala semilla. Todas ellas han cosechado buenas críticas entre sus lectores. Ha escrito y dirigido cortometrajes como Duelo! (2003), que tuvo una gran acogida en varios festivales y obtuvo el segundo premio en Abycine 2003. También ha escrito el largometraje La Reunión (2005), que se estrenó en Los Ángeles. Quién esconde tu secreto es su cuarta novela.

Quién esconde tu secreto es tu cuarta novela, la primera en AdN. Una obra que te consolida como una de las figuras del género en España. ¿El crimen engancha?

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En los últimos años las novelas de género han conquistado a lectores de medio mundo, aunque lo cierto es que este tipo de literatura siempre ha estado ahí. No es de extrañar que sea el género más demandado por los lectores en la actualidad, ya que un buen thriller puede ser algo más que eso, si incluyes subtramas que sean incluso más atractivas que la propia historia central. Además, todos nos sentimos atraídos por saber qué hay más allá. Queremos conocer el lado oscuro de las cosas. Tenemos curiosidad y un buen libro puede ser esa llave que te lleve sin riesgos a un mundo desconocido.

Tu novela puede clasificarse como un thriller psicológico, un tipo de novela que no es tan habitual en nuestro país. ¿Cómo has encarado la creación de esta obra y cuáles han sido los referentes que tenías en mente?

Quería escribir una novela donde el peso de los personajes fuera la clave principal de la historia, pero también quería un thriller que fuera impecable y destacara en el resto de los aspectos. Me atraía la idea de escribir una historia con la profundidad y ambivalencia de los personajes de Patricia Highsmith, la contundencia de James Elroy y el ritmo de Michael Connelly. Que la protagonista tuviera que descubrir si su marido es, según lo que afirman unos misteriosos mensajes que recibe, un asesino despiadado, al mismo tiempo que sospecha que esa persona conoce, aspectos de su pasado que ni su marido conoce me atrajo como idea central. Pero era importante crear unos personajes que se definieran a sí mismos. Personajes contradictorios y llenos de defectos, como cualquiera de nosotros, y esto es clave si escribes un thriller psicológico, ya que debes aportar información muy personal de tu personaje al lector, pero teniendo cuidado de no desvelar más que lo justo y necesario para que la historia progrese.

Los secretos juegan un papel fundamental en esta novela. Parece que las personas no podemos evitar mirar atrás, volver a los cabos sueltos que hemos dejado en el pasado, hurgar en las miserias propias y ajenas. ¿Por qué nos obsesiona tanto el pasado, hasta el punto de morir o matar por conservar un secreto?

Queramos o no, el pasado está presente de manera constante en nuestra vida. Lo que hacemos está influenciado por lo que somos, por lo que hicimos o no pudimos hacer en algún momento de nuestra vida. Es algo que no se puede cambiar y con lo que tenemos que vivir. Lamentarse no nos conduce a ninguna parte, pero llevado al extremo y utilizado para crear una historia de suspense, puede resultar un elemento muy atractivo. En Quién esconde tu secreto, los personajes regresan de manera recurrente a ese momento del pasado que les gustaría cambiar. El arrepentimiento por no haber hecho una cosa en lugar de otra. La tortura que supone pensar en si hubieras tomado otra decisión es algo que los persigue en todo momento. Como en la vida real, nuestros personajes no desean que los demás conozcan ciertos aspectos de su vida pasada, porque podrían perder todo lo que tienen y algunos estarán dispuestos a cualquier cosa por evitarlo.

Tus protagonistas, hasta la fecha, son todas femeninas. ¿Por qué esta decisión? ¿Qué te aportan los personajes femeninos?

Al principio no lo hacía de manera deliberada, pero luego me di cuenta de que las historias que elegía tenían más fuerza si la protagonista era una mujer. Y en el caso de Quién esconde tu secreto, ocurre de nuevo. Si extrapolásemos a nuestra protagonista por un hombre, no sería la misma historia. Tampoco tendría la misma profundidad con la que he tratado de dotarla. El comportamiento obsesivo de nuestra protagonista que la atormenta o el constante regreso a su pasado no funcionarían del mismo modo si ese personaje fuera un hombre. Crecí en un ambiente donde la influencia de las mujeres fue importante en mi desarrollo personal. A fin de cuentas, todos los autores dejamos algún rastro de nuestras experiencias en las historias que escribimos.

En Quién esconde tu secreto, Nadia parece tener una vida perfecta, pero todo se trunca de golpe. ¿Es mayor la intensidad de lo trágico cuando se vive desde (o se proviene de) un entorno apacible y seguro?

Desde luego, aunque la motivación principal de Nadia es tratar de descubrir si la persona que más ama es un asesino o no. Es sin duda una premisa muy poderosa que provoca que la historia se ponga en marcha y avance sin detenerse hasta el final. El viaje que nuestra protagonista emprende estará lleno de momentos inesperados que pondrán a prueba su fe, y nada será igual después. El otro gran protagonista de la novela es el amor, porque al final, Nadia está protegiendo sus secretos para proteger su amor. Diría incluso que el amor impregna a todos los personajes de la novela, presentado en diferentes formas y circunstancias. Quién esconde tu secreto no es una novela romántica, pero el amor es tan fuerte en algunos de ellos que ciega sus pasos y se convierte en el motivo principal de sus actos. El amor se convierte por tanto en el combustible para que su propia historia tenga sentido. Para que consigan, o no, lo que más anhelan, aunque para ello tengan que hacer cosas que nunca pensaron que serían capaces de hacer.

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