Diego de Ves, creador de los Moros y Cristianos en Almansa: «Las fiestas estaban en decadencia, hacía falta crear algo»

Diego de Ves sostiene una fotografía suya como cabo de Los Verdes, en el sofá de su hogar | B. H
Diego de Ves sostiene una fotografía suya como cabo de Los Verdes, en el sofá de su hogar | B. H

Nos recibe en la quietud de su salón, con una sonrisa que navega entre la calidez de la bienvenida y la bruma del tiempo. A sus piernas les cuesta seguir el ritmo y a su memoria, por momentos, también; pero basta que una palabra flote en el aire para que sus ojos recuperen el brillo de la lucidez: «Almanzárabes». En ese instante, Diego de Ves Esteban (Almansa, 1942) recuerda que es el capitán de un sueño que cumple medio siglo. A los pocos minutos de empezar a hablar, señala con especial orgullo el gran mueble de madera que preside su estancia. Alberga más de 1.000 vinilos, donde conviven las marchas moras, cristianas y pasodobles con su otra gran afición: la música clásica. Pero hay uno que quiere sostener con especial mimo durante la entrevista: el de Paquito el Chocolatero, del artista Lucho. Porque aquel fue el primer pasodoble que pinchó en la discoteca que él mismo regentaba, ‘El Quijote’, situada en el Paseo de la Libertad, frente a los actuales jardinillos. «La gente no tenía ni idea de desfilar; fue ahí cuando se fueron fijando en cómo era esto», recuerda. Al ver a sus vecinos bailar, Diego tuvo claro que ese sonido debía ser el himno de los suyos.

Diego es el «culpable» de que las Fiestas Mayores de Almansa sean hoy lo que conocemos. Pero, para entender la magnitud de su figura, hay que viajar a 1976, cuando presidía el barrio de San Roque y comentó, con los otros tres presidentes de barrio, que podían hacer una comparsa. Tras el 50 aniversario del centenario de la coronación de la Virgen de Belén, los festejos de la ciudad languidecían: «La fiesta de Almansa estaba en decadencia; hacía falta crear algo, hacer algo», recuerda. Su cabezonería fue el motor. Influenciado por los lazos familiares que le unían a Sax y Villena, se propuso importar el espíritu de Fiestas de Moros y Cristianos a su tierra. No fue fácil. Se encontró con la incomprensión de las autoridades y el escepticismo de un pueblo que veía aquello como una «broma» o una excentricidad. Él siempre tuvo clara su postura: «Soy como los camellos», asevera, «los camellos van contra esa pared y, o rompes la pared, o te rompes la cabeza. Yo soy de los que van a romper la pared».

Y la rompió. En 1975, desfiló por primera vez una comparsa con el nombre de Grupo Festero Batalla de Almansa, que en 1976 adoptó el nombre definitivo de Almanzárabes, fundada junto a Miguel Francés y Ezequiel González. Él mismo eligió los colores del primer traje tras inspirarse en un museo de Alcoy. Fue el primer cabo de Almansa y el director improvisado de aquellas primeras Embajadas que, hoy, son actos multitudinarios. «Yo me metía en medio del Castillo y decía: ‘vosotros aquí, vosotros ahí’», relata con satisfacción. Su empeño caló primero en los jóvenes y en sectores más progresistas, dando paso a la creación de los Mosqueteros en 1978 y, finalmente, al nacimiento de la Agrupación de Comparsas en 1979.

Diego de Ves, fundador en 1976 de la primera comparsa de Almansa
Diego de Ves, fundador en 1976 de la primera comparsa de Almansa

Esa trayectoria de entrega absoluta tuvo su reflejo en una vida llena de honores. En 1990, recibió el Distintivo de Oro de la Agrupación de Comparsas, entidad de la que es Presidente de Honor. Al llegar el año 2000, su labor fue ensalzada doblemente como Festero de Honor. Su influencia traspasó las fronteras locales durante sus doce años como vocal en la Undef, institución que en 2003 le otorgó el Distintivo de Plata y el nombramiento de Socio de Honor. Pese a este currículum, Diego mantiene la humildad de los grandes: «Un buen festero nunca diría que sus fiestas son las mejores; el buen festero es el que se junta con otros para aprender… Pero me atrevo a decir que las de Almansa están entre las 15 mejores de España. Sin duda, las fiestas son una de las cosas más grandes que he tenido en mi vida».

A su lado, incansable, está Teresa. Su mujer es el alma en la sombra, la modista que ha dado forma al sueño de Diego. Por sus manos han pasado las indumentarias de toda la familia, tanto la de sangre como la de los Almanzárabes. Al recorrer los pasillos de su casa en vísperas de mayo, el aroma a fiesta se palpa en cada rincón: cada habitación guarda un retal verde, el color de la esperanza y de su comparsa, que Teresa cose con la misma dedicación que el primer día.

Los Almanzárabes cumplen 50 años de vida; ha pasado medio siglo desde que De Ves puso la primera piedra de lo que ahora presume Almansa: unas fiestas de Interés Turístico Internacional. La Agrupación de Comparsas se lo reconoció durante la presentación de los cargos mayores 2026 y su presidente, Paco Millán, anunció que se iniciarán los trámites oportunos para que Diego sea nombrado Hijo Predilecto del Ayuntamiento de Almansa. Mientras en Almansa suene un pasodoble y un festero alce su alfanje ante el Castillo, el legado de Diego seguirá grabado en el corazón de las fiestas que él, con su bendita testarudez, se atrevió a soñar.

 

HOMENAJE

Los Almanzárabes homenajearán a los pioneros y fundadores de las Fiestas de Moros y Cristianos de Almansa, tras «un intenso trabajo de investigación y búsqueda de información». En su 50 aniversario, la comparsa pondrá el foco en ese origen, una tradición sin la que hoy no se entendería la semana grande. Para el 1 de mayo, preparan un desfile que evocará la esencia de los primeros años con sencillez y elegancia. Contarán con el Boato Dahomey, el Ballet María Ángeles Real y el Boato Nayyirah.