30/11/2022

El periódico digital de Almansa

«Tarjeta blanca a las personas con discapacidad», por Valero González

La tarjeta blanca es, a día de hoy, una injusticia mayúscula. Algo que solo sucede en Almansa.
Valero González Tarjeta Blanca

En la nueva Ordenanza Municipal de Circulación seguimos incluyendo una «tarjeta blanca» que debería haber desaparecido en 2014. En aquel año se aprueba una norma a nivel nacional, siguiendo el camino marcado desde la Unión Europea, que unifica las condiciones para poder solicitar la Tarjeta de Estacionamiento (esta tarjeta azul, grandota, que vemos en el salpicadero de algunos coches) y las prerrogativas que incluye para sus titulares.

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El objetivo es facilitar que quienes la tengan puedan aparcar en los «mejores lugares» a la hora de desplazarse por la ciudad, y reducir así en lo posible el trayecto que tienen que recorrer desde su coche hasta el lugar al que quieren ir.

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Una ayuda necesaria para las personas con discapacidad

Es decir, la Tarjeta Azul permite aparcar en cualquier punto de la zona azul sin tener que sacar ningún tipo de tique. Así, se fomenta la plena inclusión de las personas con discapacidad en la sociedad. La norma facilita los desplazamientos de las personas con dificultades de movilidad disponiendo de lugares estratégicos reservados en exclusiva para su aparcamiento y eximiéndoles del pago de la zona azul; garantizando que, al menos, las distancias o el dinero no sean obstáculos insalvables que les obliguen a quedarse en casa.

Pues esto es así en toda Europa, menos en Almansa. Aquí se creó a finales del siglo pasado la Tarjeta de Autorización Especial (tarjeta blanca), precisamente porque no había una normativa específica que permitiera a las personas con discapacidad —que tengan movilidad reducida— aparcar sin pagar en la zona azul. Esta tarjeta fue un avance en su momento, pero como tantas cosas en esta vida que son buenas en sus inicios, con el tiempo, se quedan obsoletas y hay que cambiarlas por otras más nuevas.

Una injusticia «en mayúsculas»

La tarjeta blanca es, a día de hoy, una injusticia mayúscula. Así que la vamos a escribir en mayúscula: INJUSTICIA. ¿Por qué? Por un lado, se obliga a las personas que ya tienen reconocida su Tarjeta Azul europea por un equipo técnico de valoración a que pasen por un nuevo trámite innecesario: tienen que solicitar la tarjeta blanca, y el concejal del área, la concede o la deniega.

De otro lado, solamente pueden solicitar la tarjeta blanca quienes pueden conducir. Es decir, que a quienes su discapacidad no les permite conducir y necesitan ser transportados por otra persona, no pueden beneficiarse de la tarjeta blanca.

En tercero y último lugar, también supone un agravio comparativo entre quienes sí la tienen y quienes no, y entre quienes residen en Almansa, y quienes residen fuera.

Más vale que, al menos, le hubieran cambiado el color a la tarjeta. El rojo hubiera sido una buena opción, y no por ser el color que representa al partido de quien escribe. Lo hubiese sido porque entonces las hubiésemos podido utilizar para sacar «tarjeta roja» al resto de grupos políticos de nuestro Ayuntamiento, que votaron a favor de mantener esta injusticia.


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