Cada fallecimiento por suicidio afecta de forma directa a un mínimo de seis personas en su entorno más cercano. Transitar este proceso implica afrontar un dolor en el que frecuentemente emergen la culpa, la vergüenza, la rabia y el aislamiento provocado por el estigma social. Comprender estas reacciones como respuestas habituales y saber que no se afronta la pérdida en soledad resulta fundamental para aliviar el sufrimiento. Por ello, con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, este 10 de septiembre, la Federación Salud Mental Castilla-La Mancha y las entidades que integran su movimiento asociativo se suman a la campaña #NiCulpaNiSilencio, impulsada por Salud Mental España para visibilizar el duelo familiar y romper el silencio que lo rodea.
El duelo por suicidio presenta características que lo hacen especialmente difícil de transitar. A la tristeza por la pérdida suelen sumarse sentimientos de culpa, preguntas constantes sobre lo ocurrido, el peso del estigma social y, en muchas ocasiones, la vergüenza o la necesidad de ocultar lo sucedido por miedo a la incomprensión de los demás. Comprender que estas reacciones y emociones son habituales en quienes atraviesan este tipo de pérdida y conocer cómo evoluciona el duelo resulta de gran ayuda. Entender que no se vive esta experiencia en soledad contribuye a aliviar el sufrimiento y favorece el proceso de adaptación y aceptación.
El estigma social y la complejidad del duelo
Por ello, Salud Mental Almansa Afaenpal destaca la importancia de hablar de la salud mental desde la cercanía y de generar espacios seguros donde las personas puedan expresar cómo se sienten sin miedo a ser juzgadas. Acompañar, escuchar y mantener una presencia activa puede marcar una diferencia especialmente importante en momentos de gran sufrimiento emocional.
desde la asociación consideran fundamental seguir trabajando para romper los silencios que rodean al suicidio, combatir el estigma y facilitar que tanto las personas que atraviesan una situación de crisis como sus familiares y allegados sepan que no están solas y que existen recursos y redes de apoyo a los que acudir.
La importancia de validar las emociones
Defienden que la prevención no comienza únicamente cuando aparece una situación de emergencia, sino también en el día a día: mediante la creación de vínculos, el diálogo abierto y el acompañamiento a quien lo necesita. Del mismo modo, consideran esencial prestar atención a quienes quedan tras un suicidio, reconociendo su dolor y evitando que afronten el duelo en soledad. Dar espacio a la palabra, validar las emociones y acompañar sin juzgar son también formas de cuidar y de prevenir.
Además, y como cada año, el Comité Pro Salud Mental en Primera Persona y la Red Estatal de Mujeres de Salud Mental España, órganos consultivos en los que participa la Federación, han elaborado un Manifiesto por el Día Mundial para la Prevención del Suicidio donde señalan que «no es casualidad que las muertes por suicidio superen a las víctimas en accidentes de tráfico».
Sugieren que «es el entorno más cercano quien, quizá, puede transformar las expectativas y aportar luz, practicando la escucha activa y la experiencia compartida» y defienden que «cuando hay comprensión, la esperanza es más fuerte que el sufrimiento». Coinciden, además, en señalar algo importante: «En ese momento, tenemos la responsabilidad de no dejar espacio al silencio. Qué bueno sería ser escuchados sin el miedo a ser juzgados. Entender es cuidar; hay que preguntar sin temor, aunque respetando los tiempos».
Últimas cifras oficiales
Con cada suicidio se estima que, al menos, 6 personas quedan profundamente afectadas por la pérdida. Según los últimos datos definitivos del Instituto Nacional de Estadística (INE), las muertes por suicidio han disminuido por segundo año consecutivo.
En 2024, se produjeron en España 3.953 fallecimientos por esta causa (2.902 hombres y 1.051 mujeres), lo que supuso una reducción de un 3,9% respecto a 2023, si bien continúa siendo la segunda causa de muerte externa, en este caso, por detrás de las caídas accidentales.
En Castilla-La Mancha, en 2024 se contabilizaron 163 muertes por suicidio, una cifra muy similar a la registrada en el ejercicio anterior (160), pero con un importante incremento en el número de mujeres fallecidas, que pasaron de 22 a 42.
Toledo (49) y Ciudad Real (43) fueron las provincias con más muertes por suicidio. Albacete registró 28 fallecimientos, Guadalajara 23 y Cuenca 20. El suicidio es el tercer motivo más habitual de muerte por causas no naturales en Castilla-La Mancha y sigue produciendo más muertes que los accidentes de tráfico (110 en 2024).
Estas cifras muestran que el suicidio continúa siendo un importante problema de salud pública y una realidad que requiere prevención, sensibilización, acompañamiento y recursos.
En este contexto, resulta especialmente importante no olvidar a las personas que quedan atrás. El duelo por suicidio puede prolongarse y presentar dificultades específicas, por lo que contar con apoyo profesional, grupos de ayuda y espacios donde poder hablar de la pérdida sin juicios puede ser fundamental para afrontar el proceso.
La prevención también pasa por escuchar
Hablar de suicidio de forma responsable puede ayudar a que las personas se sientan escuchadas y puedan pedir ayuda. La prevención es responsabilidad de toda la sociedad: familiares, amistades, profesionales y comunidad. Detectar señales, preguntar, escuchar sin juzgar y acompañar son formas de reducir el aislamiento y facilitar el acceso a la ayuda. «Entender es cuidar»: no siempre tenemos las respuestas, pero ofrecer escucha y acompañamiento puede marcar la diferencia.
Un recurso disponible: el 024
Para prevenir y atender la conducta suicida, está disponible el teléfono 024, un recurso público, gratuito y accesible las 24 horas del día, cuyo objetivo es atender a personas con conducta o ideación suicida y a las personas de su entorno. En situaciones de emergencia inmediata, se debe contactar con el 112.
Desde Salud Mental Almansa y la Federación Salud Mental Castilla-La Mancha insisten en la importancia de seguir construyendo una sociedad en la que hablar de salud mental no genere vergüenza, miedo ni estigma; una sociedad capaz de acompañar tanto a quien atraviesa una situación de sufrimiento como a quienes deben afrontar la pérdida de un ser querido.
Porque detrás de cada cifra hay personas, familias, amistades y comunidades afectadas. Y porque cuidar la salud mental también significa cuidar los vínculos, escuchar, acompañar y no dejar a nadie solo ante el dolor.










