Del deseo de morir con el VIH a convertirse en una voz contra el estigma

La activista valenciana que visitará nuestra ciudad para realizar una mesa redonda junto a Almansa Entiende relata cómo buscó infectarse para acabar con su vida y cómo la visibilidad, el tratamiento y el activismo transformaron su historia, al tiempo que denuncia la discriminación que siguen sufriendo las personas con VIH, especialmente las mujeres
Teresa Medina testimonio persona con VIH

Teresa Medina Cano nació en Valencia en 1958. A sus 68 años, forma parte de la junta directiva de la Asociación Valenciana de VIH, Sida y Hepatitis (AVACOS-H) y es una de las pocas mujeres que hablan públicamente sobre lo que supone vivir con el virus. «La visibilidad del VIH me ha dado la vida», afirma. | Fotos de Pablo Herrero.

Antes de convertirse en activista, su vida estuvo marcada por la adicción a la heroína, el estigma, la discriminación, la maternidad y la supervivencia. A los 16 años probó la heroína por primera vez, en una época en la que, según recuerda, se ofrecía con total normalidad y existía un profundo desconocimiento sobre sus consecuencias. Aquella primera dosis fue inyectada y dio paso a tres décadas de consumo. «La heroína ha sido mi amor y mi destrucción», resume.

Procedente de una familia valenciana de clase media, con un padre empleado de banca y cinco hermanos que cursaron estudios superiores, Teresa inició varias carreras universitarias que nunca llegó a terminar debido a la adicción. Tras años de ingresos hospitalarios, peritonitis, vida en la calle y continuos intentos fallidos por dejar las drogas, reconoce que sigue viva «de milagro».

Buscó infectarse para morir

A comienzos de los años 2000, agotada por la adicción, tomó una decisión extrema: buscar la transmisión del VIH para poner fin a su vida sin tener que abandonar las drogas. «No podía dejar la heroína. Mi vida era un desastre. Entonces pensé: bueno, voy a coger el VIH, y así, me muero», relata con la cercanía y frialdad de una persona que ahora busca romper cualquier atisbo de tabú en estos temas.

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«La ciencia va mucho más rápido que el estigma»

Teresa se infectó a propósito en 2003 y apenas dos semanas después comenzó a sufrir fuertes fiebres. Cuando acudió al hospital ya esperaba un diagnóstico positivo con una elevada carga viral. Sin embargo, recuerda que el médico internista le dijo una frase que cambió su perspectiva: «Pensabas morirte por esto, pero de esto tú no te vas a morir».

Para entonces, los avances médicos habían convertido el VIH en una enfermedad crónica y controlable para quienes reciben tratamiento. Ese diagnóstico no acabó con su vida, sino que inició un proceso que trece años después le permitió abandonar definitivamente la heroína y comenzar una nueva etapa.

Las mujeres, las grandes invisibilizadas

Teresa denuncia que las mujeres con VIH continúan siendo invisibles tanto en el imaginario colectivo como en la investigación científica. Según explica, en España el 57,5 % de las mujeres reciben el diagnóstico en fases avanzadas de la infección, frente al 49 % de los hombres, una diferencia que atribuye a la menor percepción del riesgo y a la falta de estrategias de cribado adaptadas.

También critica la escasa presencia femenina en los ensayos clínicos sobre nuevos tratamientos, donde la participación de mujeres sigue siendo inferior al 20 %, lo que provoca que la medicación no siempre esté adaptada a sus características fisiológicas. «A mí me dan la misma medicación que a un tío», lamenta, al tiempo que reclama incorporar una perspectiva de género en la salud sexual.

El peso del estigma

Teresa considera que el principal problema sigue siendo social más que el de recursos en el sistema sanitario, donde por supuesto, también hay camino por recorrer y aspectos en los que mejorar. Y es que Medina asegura haber sufrido discriminación incluso dentro de hospitales y centros de salud,  recuerda uno de los episodios más dolorosos con una frase que aún permanece en su memoria: «Me dijeron «no nos toques, por favor»».

Asimismo, cuestiona que el diagnóstico de VIH continúe señalándose de forma visible en los expedientes médicos, al considerar que esa práctica alimenta la discriminación. «La ciencia va mucho más rápido que el estigma», sostiene.

Recuerda que el VIH no se transmite por lágrimas, sudor, saliva, tos, estornudos, abrazos, besos, alimentos, ropa, toallas o espacios compartidos. Además, subraya que una persona en tratamiento antirretroviral que alcanza una carga viral indetectable tiene riesgo cero de transmitir el virus a sus parejas sexuales. Es el mantra que debemos repetir y asimilar: Indetectable es igual a intransmisible. 

Pese a ello, explica que muchas personas, especialmente mujeres, siguen renunciando a mantener relaciones afectivas o sexuales por miedo al rechazo. Tras participar recientemente en un encuentro con mujeres jóvenes que manifestaban haber renunciado a tener pareja o relaciones sexuales de por vida, reconoce que salió «llorando». Ella misma admite que ese temor persiste: «Siempre tienes miedo, eso no se te quita».

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«Todos los días le doy gracias a la vida»

Ser mujer lesbiana durante el franquismo

La historia de Teresa también está marcada por la discriminación por su orientación sexual. Recuerda el momento en que sus padres la descubrieron en la cama con otra mujer y cómo su madre llegó a plantear llamar a la policía en una época en la que la homosexualidad podía conllevar penas de cárcel. «Yo ya había sufrido tanto rechazo por ser yonqui, que lo del VIH me parecía secundario», explica.

El activismo como forma de devolver la ayuda recibida

Hace nueve años dejó definitivamente las drogas gracias al apoyo de la Unidad de Conductas Adictivas, Narcóticos Anónimos y su familia. «La UCA me dio una mano. Mi familia me dio la otra», afirma. Su hijo, de 40 años, ocupa un lugar central en su vida. «Es el tipo más increíble del mundo», asegura, destacando que nunca dejó de apoyarla pese a las dificultades.

Ese respaldo fue el impulso para involucrarse en AVACOS-H, donde participa en grupos de apoyo para personas recién diagnosticadas. «Todo lo bueno que me dieron a mí, quería devolvérselo a otra gente», explica. Su decisión de hacerse visible responde también a la ausencia de referentes femeninos. «No había mujeres VIHsibles. Yo tenía que hablar por ellas», sostiene.

Nuevos retos para las personas con VIH

Teresa advierte de que las personas diagnosticadas durante las décadas de los ochenta y noventa están alcanzando edades avanzadas, lo que plantea nuevos desafíos relacionados con las residencias, la soledad y los cuidados. «Hay un melón muy grande por abrir», afirma, al tiempo que denuncia que algunas residencias continúan poniendo trabas a personas con VIH.

Aunque la legislación española protege el derecho a la igualdad de trato, asegura que todavía existen empresas que despiden ilegalmente a trabajadores tras conocer su diagnóstico, federaciones deportivas que solicitan pruebas de VIH pese a ser ilegal y profesionales sanitarios que rechazan realizar determinados tratamientos o intervenciones.

Defensa de las asociaciones frente a los recortes

Teresa continúa participando en charlas, festivales, encuentros intergeneracionales y mesas redondas, además de repartir preservativos y acompañar a personas recién diagnosticadas.«La visibilidad es una opción política, y es la única opción para que todo mejore», defiende. Aquí tendremos la oportunidad genial de poder acompañar a Medina junto con el doctor de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital de Almansa, Darío Extremera, en una mesa redonda organizada por la asociación Almansa Entiende con motivo el Orgullo 2026, cuya temática este año se centrará en derribar los estigmas que golpean a las personas con VIH. Será el próximo viernes 3 de julio a las 19:30 en el salón de actos de la Oficina de Turismo. Entrada libre.

También denuncia los recortes, la incertidumbre y el aumento de las exigencias burocráticas que afectan a las asociaciones que trabajan frente al VIH en la Comunitat Valenciana. «En la Comunidad Valenciana quieren que desaparezcamos, cuando somos las únicas asociaciones que reparten pruebas rápidas para la detección precoz del VIH, que son esenciales», afirma.

Después de décadas marcadas por el silencio, Teresa asegura agradecer cada día seguir viva. «Todos los días le doy gracias a la vida», concluye. La mujer que un día buscó el virus para morir dedica ahora su experiencia a ayudar a otras personas a vivir.

ecoVitab

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