01/12/2022

El periódico digital de Almansa

Antonio Ibáñez Galiano, el Obispo almanseño

Un hombre que levantó templos, colegios, asilos, conventos y palacios. La elocuencia de sus sermones en la catedral de Teruel y en parroquias hizo que los fieles rebosaran los templos para oírle
Obispo Antonio Ibáñez Galiano Almansa

Junto con Monseñor José Delicado Baeza (Almansa, 18-01-1927-Valladolid, 17-03-2014), son los dos Obispos que ha dado la ciudad de Almansa. Antonio Ibáñez Galiano¹ nace en la ciudad albaceteña de Almansa el 9 de marzo de 1829. La partida de bautismo dice así:

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“En la Parroquia de Sta. María de la Asunción de esta M. N. M. L. y Fidelísima Ciudad de Almansa, en diez de marzo de mil ochocientos veinte y nueve. Yo el Dr. Dn Baltasar Morant, Beneficiado Cura propio de esta Parroquial, bauticé y crismé a Antonio de Padua, Ramón, Melchor, Melitón y Josef, hijo legítimo de Dn Antonio Ibáñez  y Dª  Dolores Galiano. Nació ayer mañana a las quatro. Abuelos Paternos, Dn Juan Cayetano Ibáñez y Dª Concepción Ortega, naturales de Yecla. Maternos, Dn Pascual Galiano y Dª Pascuala Galiano, de esta Ciudad. Padrinos, Dn Pedro Ibáñez y Dª Consolación Galiano, a quienes advertí el parentesco Espiritual y obligación. Testigos, Juan González y Diego Piqueras. Y lo firma, Dor. Dn Baltasar Morant”².

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El padre, también llamado Antonio Ibáñez Ortega (1796-1860), descendía de los más nobles apellidos yeclanos. Él y todos sus descendientes habían vivido en Yecla y desempeñado los más altos cargos en la política local (alcaldes, regidores, alféreces mayores, y familiares del Santo Oficio). En las relaciones de propietarios ocupan los primeros lugares. El abuelo Juan Cayetano (1760-1837) pertenecía a la Real Maestranza de Ronda y presidió como regente, la Junta Popular que se levantó el 30 de mayo de 1808 contra la invasión francesa. A principios del XVI ya aparecen un Hermano Ibáñez y un Pedro Ortega, originario este último de Montealegre del Castillo.

La madre, María Dolores Galiano y Galiano (1804-35), pertenecía a una de las más linajudas familias almanseñas, entroncada con otras de Villena, como los rodríguez de Navarra, Mergelina y Fernández de Palencia, o de Yecla, como los Spuche, Serrano de Espejo y Sánchez de Amaya. Un cuarto abuelo ostentaba el marquesado de Rafol³.

El único biógrafo que ha tenido hasta ahora Ibáñez Galiano, ha sido Manuel Eixarch Santapau⁴, canónigo doctoral y profesor del Seminario de Teruel. Él cuenta que, junto a un piadoso corazón, Ibáñez Galiano se reveló siempre como una inteligencia clara y brillante.

Su padre lo confía a los Escolapios del colegio madrileño de San Antonio Abad, donde demuestra excepcionales dotes de aplicación y de aprovechamiento en los estudios de Latín y de Humanidades, que le convierten en el colegial más distinguido. En el Real Instituto de San Isidro, en la capital de España, verifica el Grado de Bachiller en Artes, con la más alta calificación. Sus estudios en un colegio de Escuelas Pías, le mantendrán siempre fiel al espíritu calasancio.

Se traslada a la Universidad de Valencia para cursar estudios de Derecho C y Canónico. En aquella facultad entabla una íntima amistad con uno de sus condiscípulos, Benito Sanz y Forés⁵ (1828-95), que llegaría a ser arzobispo y cardenal de Sevilla. Ambos amigos consiguen las mejores notas en todas las asignaturas y entre ambos empieza a madurar la vocación sacerdotal.

A los 16 años de edad obtiene el Bachillerato de Derecho por la Universidad civil valentina, e ingresa en el Seminario Conciliar de la Purísima Concepción, de la misma capital. Aquí cursa siete años de Sagrada Teología y uno de Derecho Canónico. En todos obtiene la nota “merecidísima” y la mayor calificación en ambos “nemine discrepante”

En 1853 es ordenado sacerdote por el arzobispo de Valencia Pablo García Abella. Durante dos años alterna su ministerio en aquella capital, con frecuentes viajes a Yecla y Almansa, hasta que el obispo de Cartagena, Mariano Barrio Fernández (1805-78), consigue que se incardine en esta diócesis en 1855. Ibáñez Galiano recibe su primer nombramiento como encargado de la rectoría de Raspay⁶. Llega en un momento difícil.

En 1855, fecha de su entrada en Yecla, como rector de Raspay y, muy pronto, como ecónomo de la Asunción (Iglesia Vieja), el ayuntamiento está gobernado por el abogado Fortunato Díaz y Maza de Linaza (1815-92), progresista partidario de Espartero. Los conservadores, cuyo adalid era el también abogado Juan Ortuño Serrano, han abandonado la alcaldía, porque “desde luego no aceptaban el lema o bandera alzada por el general Leopoldo O’Donnell”, es decir, el pronunciamiento que en las actas municipales reciben el calificativo de “Glorioso Alzamiento Nacional”⁷.

En esas mismas fechas, el cólera morbo asiático provocaba un “estado triste y aflictivo” a la población. Los meses de agosto y septiembre ocasionan una mortandad: algunos cadáveres están varios días sin poder ser enterrados. Por las noches se encienden hogueras con hierbas aromáticas en todas las esquinas. Los cuatro médicos y los dos farmacéuticos son incansables en la asistencia a los contagiados. También los sacerdotes, y, entre ellos, se destaca Ibáñez. .Este será el primer contacto con los duros problemas de la vida.

Durante el periodo que Ibáñez Galiano actúa de párroco en Yecla, es una época de prosperidad. De 11.000 habitantes Yecla pasa a 19.000 en cuarenta años⁸. Se inician en esos años una serie de tendencias políticas, que no en esas fechas partidos, en el sentido actual de la palabra; no existen ficheros, ni organización, todo lo más cuatro directivos formados por “notables” que, en contacto con los políticos de la capital, se encargan de  la administración municipal cuando su partido toma el poder en Madrid.

El prelado Antonio Ibáñez Galiano cuando contaba 55 años en edad. Fotografía L. Sánchez, hacia 1884

El nombramiento de Obispo (1880)

Las cualidades intelectuales y morales de Ibáñez, su caridad inmensa, sus grandes realizaciones (El Colegio de Escuelas Pías(1875-61), La Iglesia Nueva (1857-1872), el convento  de las Monjas concepcionistas  (1872-75), El Asilo de ancianos (1875-78), llegan a la corte y a la Nunciatura, y obtiene su recompensa. Se convierte en “el cura obispo”.

El gobierno de S.M. presidido por Cánovas del Castillo, lo presenta para el obispado de Teruel y la administración apostólica de Albarracín. Influyen, sin duda, los deseos de Martínez-Corbalán y las amistades del arzobispo Sanz y Forés y del obispo de Cartagena, como reconoce en su primera pastoral. León XIII acepta la propuesta y lo preconiza en el consistorio celebrado en diciembre de 1880.

La noticia del nombramiento llega a Yecla el 6 de diciembre, el mismo día en que empiezan las fiestas patronales de la Virgen del Castillo. El alcalde Esteve lo comunica a la población, con un elogio a “tan virtuoso sacerdote, celoso y muy caritativo, que ha acometido grandes empresas en beneficio de esta población”. El jefe de la oposición Epifanio Ibáñez, propone que se solicite que la consagración episcopal se celebre en la Basílica yeclana, y que se le regale, en nombre del Municipio, el báculo y un anillo en el que figure, junto al escudo de Yecla, el que el electro prelado adopte.

El 26 de febrero de 1881 fue una de las jornadas más memorables de la vida local. En las amplias naves de la Iglesia Nueva que él había construido, se realiza su consagración episcopal. Actúa de consagrante su amigo el arzobispo Sanz y Forés y como asistente el diocesano Mariano Alguacil Rodríguez. Como invitada especial estaba Sor Teresa de Jesús Jornet, la santa fundadora de la Congregación de religiosas de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.

Asistió todo el pueblo, y la frase no es hiperbólica sino real. Su biógrafo dice que “el hecho fue tan grandioso que apenas se ha tributado a otro obispo de nuestros tiempos una tan elevada manifestación de cariño y gratitud“₉.

La entrada en Teruel

León XIII, mediante Bula de 16 de diciembre de 1880, comunica al clero turolense el nombramiento de Antonio Ibáñez Galiano para obispo de la diócesis y manda, como es habitual, que se le preste la debida obediencia.

El 29 de marzo de 1881, en nombre del nuevo prelado, toma posesión del Obispado el deán de la Catedral, previa presentación al Cabildo de las bulas expedidas por S.s. y las letras ejecutoriales firmadas por el rey. La entrada del prelado se realiza el 3 de abril en la Puebla de Valverde. Aquella misma tarde marchó a la capital, en donde fue recibido por Cabildo, autoridades y pueblo. En su carruaje recorrió el trayecto que media entre San Julián y la Casa de Beneficencia, alojándose en el Seminario Conciliar.

Siempre de acuerdo con el Cabildo, dio comienzo a las obras en la catedral. El prelado “costeó el hermoso altar de San Antonio de Padua, con su imagen titular; la verja de la capilla, la lámpara y los objetos necesarios para su culto; los dos púlpitos, labrados al estilo gótico; el pavimento de madera y el  zócalo de toda la iglesia; restauró y decoró a sus expensas las capillas de la Inmaculada Concepción, Santa Águeda, Santo Tomás, Santo Cristo, santa Encarnación, los Santos Reyes, Santa Bárbara, San Roque, Virgen del Rosario, empleando en ello una suma fabulosa¹⁰.

Su agotamiento le ocasiona una profunda depresión. En agosto de 1888 marcha a Yecla, donde celebra su último pontifical, junto a los escolapios que le habían dado su primera formación, y que habían sido siempre sus mejores consejeros.

Ibáñez Galiano, el hombre que había levantado templos, colegios, asilos, conventos y palacios, se instala en el entresuelo de la casa número 22 de la valenciana calle de las Avellanas, en donde vive el yeclano y amigo Pedro Cusac Llopis, soltero, de ideología liberal. A las cuatro de la tarde del 21 de julio de 1890 fallece, “a consecuencia de reblandecimiento cerebral” según consta en el parte médico¹¹.

A los dos años de su muerte, el 5 de diciembre de 1892, su cadáver es llevado de Valencia a Yecla, para esperar la eternidad desde el convento de las monjas franciscanas que él fundara. El 7 de dicho mes fue colocado en un bello mausoleo en la iglesia citada. Una gran aglomeración de público acudió a la cita. Por desgracia hubo algunas ausencias, pocas pero significativas; las de aquellos que antes “explotaron su influencia o se lucraron con su desprendimiento”¹².

Al cumplirse el primer centenario de su nacimiento, Yecla le rindió cálido homenaje. El 12 de marzo de 1929 hubo misa en la Iglesia Nueva, con sermón del párroco francisco Campos Martínez, y en procesión fue el pueblo a las Concepcionistas para rezar un responso en su sepulcro. En su memoria se inauguró y bendijo la iglesia del Cementerio. Por la tarde en el Teatro Concha Segura, celebróse una velada necrológica. El Cabildo turolense, por medio de su deán Antonio Buj, expresó su adhesión. Intervinieron el párroco de Almansa Eloy Villena; el rector de los escolapios, P. Vicente Laguna; el notario Marcos Pérez Cádiz, y el alcalde José del Portillo y del Portillo, alma de esta conmemoración.

    1. ORTUÑO PALAO. Miguel. El Cura-Obispo Antonio Ibáñez Galiano. Discurso leído el día 17 de diciembre de 1892, en su recepción pública, como miembro de la Academia de Alfonso X el Sabio de Murcia.
    2. Libro de Bautismos, 32, fol. 177vuelto. Parroquia de Almansa. Archivo diocesano de Albacete.
    3. Marquesado de Rafol. Concedido por Carlos II, rey de España por Decreto de  18 de noviembre de 1687. (Antonio Almunia Rodríguez de Navarra)
    4. EIXARCH SANTAPAU,  Manuel. Los Obispos de Teruel.  Le dedica cuarenta páginas (de la 255 a la 295). Imprenta de A. Mallén. Plaza del Mercado, 16.Teruel. 1893. 
    5. BENITO SANZ Y FORÉS, (Gandía, 21 de marzo de 1828—Madrisd1 de  noviembre de 1895). Sacerdote, Obispo y Cardenal español, que ocupó las catedrales de Oviedo, Valladolid y Sevilla. Fue él único reformador del famoso catecismo del Padre Astete.
    6. Raspay es una pedanía yeclana, distante 18 kilómetros del casco urbano. Contaba entonces con 50 casas y tenía alcalde pedáneo. La mayoría de sus habitantes hablan el valenciano.
    7. H. M. Y. Libros Capitulares. (Secretaría).  19 de julio de 1854.
    8. En el primer censo oficial, realizado el 21 de mayo de 1857, Yecla tiene 2.715 vecinos, con un total de 11.669 habitantes. En 1857, los vecinos son 4.427
    9. Eixarch, op. Cit., pág. 263.
    10. Eixarch., op. Cit., págs. 292-293.
    11. Registro Civil de Valencia. Sección 3ª. T. 97-Mar, folio 72.
    12. H. M. Y. Hemeroteca. Prensa Local. El Criterio Yeclano, de fecha 9 de octubre de 1892.


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