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17/04/2024
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El periódico digital de Almansa

«Aroma Almanseño», por Pedro Fito Romero

«A mis tías y a mi madre, que levantaron Almansa y sus hogares»
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«Aroma Almanseño», relato escrito por Pedro Fito Romero

En un día como muchos otros de mediados de los años noventa, el calor del próximo estío comenzaba a hacer acto de presencia en las calles de Almansa. Miguel Ángel, impaciente ante las ganas de llegar a casa, esperaba a su hermana, Clara, a la salida del colegio. Siempre tardaba cinco o diez minutos más; si no era por exigencias de la maestra, ya que estaba terminando sexto curso y la cosa se ponía sería, lo sería por pararse a hablar con sus amigas o algún noviete, seguramente.

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Miguel Ángel todavía iba a tercero de primaria o, dicho de otro modo, tenía prohibido regresar a casa solo, lo que conllevaba que tenía que aguantarse hasta que su hermana apareciera.

Decenas de madres esperaban la salida de sus hijos para el deseado regreso a casa; entre preparar la merienda, ayudar en los deberes y acompañarlos a jugar al parque siempre se hacían las tantas para cuando pudieran disfrutar de algunos minutos para ellas, si es que no había alguna otra obligación que hacer. Y esa misma obligación le ocupaba muchas horas a la madre de los hermanos.

De camino a casa, cruzándose con furgonetas llena de faena, Miguel Ángel solo pensaba en el bocata de nocilla y terminar los deberes rápidamente para ponerse a ver en la tele Dragon Ball o los Power Rangers. Lo mejor era comentar los capítulos con Luis y Pedro al día siguiente en clase o por la tarde, si quedaban para jugar al balón en las pistas de al lado del cole. 

Nada más atravesar la puerta de su casa, los dos hermanos sintieron el aroma de lo que significaba ser un niño almanseño en aquellos tiempos; un aroma que tenía un profundo significado femenino y del que formaban parte un buen número de madres. Sus receptores olfativos pudieron distinguir la mezcla de olor a cuero y cemen, acompañada de un sonido rítmico, también familiar, que surgía del cuarto del fondo del pasillo a la derecha; un traqueteo acompasado que en ocasiones desaparecía para dar paso al sonido de tijeras cortando hilos y vuelta a empezar.

Clara entró directamente a su habitación como si la cosa no fuera consigo, primeros síntomas de una adolescencia que llegaba a su vida y la lanzaría hacia su propio futuro. Encima de la cama tenía su Súper Pop abierta por un reportaje sobre Julen Guerrero que la tenía dando suspiros desde el día anterior. 

Miguel Ángel fue directo a buscar a su madre. Nada más entrar, la pudo ver sentada de espaldas con bata azul de trabajo mientras con sus pies activaba el mecanismo que accionaba los entresijos de la máquina de coser. Con el sol de la tarde inyectando sus rayos en el interior de habitación, el olor y el traqueteo lo invadieron con más fuerza. Nunca podría imaginarse que aquella situación, en apariencia tan banal, se convertiría en uno de los recuerdos más puros y profundos que guardaría para siempre sobre su madre en un futuro. Y como cada tarde, tras atravesar aquella puerta, Miguel Ángel tocó suavemente a su madre en la espalda para que no se asustara, pues no pocas veces le había ocurrido por la concentración que le exigía aquel trabajo.

Su madre paró de trabajar, se levantó de su silla de trabajo y le pidió con un “dale un beso a la mami” que se acercara a su mejilla.

“Dame diez minutos, que termino ya” fue lo último que escuchó su hijo antes de que este saliera de camino a la cocina para coger el bocata de nocilla, ya estaba perfectamente preparado sobre el poyo con su vasito de agua y un par de servilletas. 

La mujer, María Teresa, sabía que no terminaría en diez minutos en ese día; pero como su hija no saldría en una hora de la habitación y su hijo, seguramente, se pondría con los deberes y sus series tras comerse el bocata, permaneció trabajando un buen rato más. Y, aunque en ocasiones no siempre se tenían las mismas ganas, trabajaba con ahínco y dedicación precisamente por el futuro de sus dos hijos. Un futuro en el que no trabajar desde los 11 años, en el que poder darles estudios y unas comodidades mayores de los que sus padres jamás hubieran podido disfrutar.

Así pasaba las tardes María teresa, entre cortes, cosidos, pegamento, gafas de ver de cerca y unas manos castigadas por sus labores.

Y así es, como hoy en día, Miguel Ángel y Clara escribimos a nuestra madre, que tantas horas dedicó a trabajar y sacrificarse para construirnos un futuro mejor.

Por supuesto, estos no son nuestros verdaderos nombres. Ni siquiera somos una sola persona.

Somos los miles de niñas y niños almanseños que crecimos con el traqueteo y el olor a fábrica dentro de nuestras propias casas. Somos esos niños que agradecemos a nuestras madres que nos construyeran un porvenir desde las profundidades de un trabajo sacrificado, en negro y, en muchas ocasiones, mal pagado.

Y, echando la vista atrás, no podemos olvidarnos de aquellas mujeres, que ya a principios del siglo XX, protestaban y luchaban por unas mejores condiciones de trabajo en una Almansa que fue pionera en crear trabajo para la mujer, ni tampoco de aquellas que, de pueblos aledaños, todos los días venían en autobuses para copar nuestras fábricas y se convirtieron, por derecho propio, en ilustres almanseñas.

Estamos orgullosos de homenajearlas, a aquellas que permanecen y aquellas que ya forman parte de nuestro recuerdo más vivido. 

A mis tías y a mi madre, que levantaron Almansa y sus hogares.

pedro fito padre e hijo
A la izquierda, Pedro Fito padre, a la derecha Pedro Fito Romero (hijo) Ganador del Concurso de Relatos de Juventudes Socialistas.
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De izq a dcha: Pilar Callado, Esther Gandía, Belén Tercero, Pedro Fito y Maria José Romero.

Concurso de Relatos de Juventudes Socialistas

Este relato fue premiado por la asociación de Juventudes Socialistas en su concurso de Relatos Cortos del año 2023. 24 relatos fueron presentados a la 8ª edición del Certamen de Relato Corto con motivo del Día Internacional de las Mujeres que organizan las Juventudes Socialistas de Almansa. “Entre ellos, relatos de la capital albaceteña, de toda la provincia y especialmente de la comarca de Almansa. Sin embargo, se han recibido también relatos de la región de Canarias, quien ya obtuvo el relato ganador en la última edición”, afirma Belén Tercero.

Este año se producía un ajustadísimo resultado en el fallo del jurado, por lo que la organización optó por incorporar un segundo premio.  Ester Gandía por “Las sin nombre”, obtenía este reconocimiento pionero de calidad de mención de honor, mientras que Pedro Fito obtenía el primer premio con “Aroma Almanseño”. Ambas obras dirigidas a reconocer el trabajo que cientos de trabajadoras del calzado han desempeñado a lo largo de la historia industrial de Almansa, así como la difícil tarea de la conciliación y la maternidad.

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Pedro Fito Romero, ganador del concurso de Relatos de JJSS, con su premio y el título de ganador
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