14/08/2022

El periódico digital de Almansa

Carla Torre Costa, la estudiante que lleva el nombre de Almansa por todo el globo

Es alumna del colegio Episcopal O.M. Ekumene y ahora forma parte del «Parlamento Mundial de Adolescentes» gracias al trabajo que desarrolló con otras 18 compañeras
carla torre costa almansa

Al entrar por las puertas del Colegio Episcopal O.M. Ekumene en Almansa se encuentra el siguiente mensaje: «La vida, el amor, la verdad, la libertad y la justicia son los principios fundamentales en los que nos tenemos que basar para ofrecer una formación integral plena». Resulta idóneo encontrar este mensaje, puesto que hoy vamos a preguntarnos cómo podemos mejorar el planeta en el que vivimos y esos valores son, sin duda, sobre los que se cimienta un mundo ideal.


Nos desplazamos hasta este centro educativo para charlar con una alumna amable y simpática que sabe ofrecer conversaciones interesantes y profundas.

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Ella es Carla Torre Costa. Almanseña de 16 años que representa a la juventud de todo el país en el programa internacional World Teen Parliament (Parlamento mundial de adolescentes). Ha sido la primera española en conseguir el premio y por lo tanto en formar parte de dicho programa.

En este proyecto, colegios de todo el globo participaban elaborando un video en inglés ,de un minuto, con una propuesta y un solo alumno de 13 a 18 años, para responder a la siguiente pregunta: «¿Cómo mejorar el mundo?». Pues bien, el Colegio Episcopal de Almansa ha sido el primer centro educativo internacional en ser seleccionado con Carla Torre como representante de dicho centro educativo, siendo la imagen y voz de su propuesta.

Lo más importante de la docencia

Belén Sánchez, querida profesora de idiomas en el Episcopal, la cual ha impartido clases a 30 promociones distintas de alumnos, fue quien descubrió este proyecto de intercambio cultural. «En un primer momento me pensaba que era algo más pequeño, pero cuando me di cuenta que el proyecto era internacional, lejos de acobardarnos, nos lanzamos hacia delante», explica la profesora y añade: «Me empujó el espíritu de valentía que tenemos en este colegio».

Sánchez agradece la implicación y total puesta a disposición de la directiva del centro, la cual apoyó la decisión de presentarse a este proyecto desde el principio. «Cuando tuve el apoyo de la dirección, pasé a darlo a conocer a los alumnos de 1º,2º y 3º de secundaria, valorando las ganas e implicación de aquellos que de forma voluntaria quisieran trabajar en una propuesta para mejorar el mundo, independientemente del nivel de inglés que tuvieran. El trabajar de forma cooperativa, como habitualmente trabajan, suponía aportar cada uno lo mejor de su valía. Además al ser alumnos de estos cursos , en caso de ganar podrían seguir trabajando juntos el curso siguiente, tal y como ha pasado. Este curso estamos siguiendo directamente la formación de Carla como miembro del programa, y por otra parte Carla va a ser guía, apoyo y referente tanto para la propuesta como para el candidato o candidata de este curso».

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Belén Sánchez y Carla Torre Costa

«Tanto en primero como en segundo de ESO hubo varios voluntarios que se animaron, pero fue en tercero donde me llevé una grata sorpresa, puesto que ocho estudiantes se animaron a participar», recuerda Belén Sánchez con una sonrisa que denota alegría y orgullo.

Con un grupo de 19 estudiantes voluntarias de primero, segundo y tercero de Secundaria, Belén Sánchez se puso a trabajar. «Estoy muy ilusionada y contenta con este proyecto, puesto que la respuesta y la idea original es de los alumnos y es una iniciativa que va más allá de aprender idiomas, sino que trata de educar en valores, algo que para mí personalmente como profesora es lo más importante de la docencia».

¿Cómo hacemos un mundo mejor?

Las 19 alumnas del Episcopal comenzaron a trabajar siguiendo las pautas de los grupos burbujas. Mediante encuentros virtuales por la plataforma Teams, los estudiantes escribían sus propuestas redactadas en conjunto con el objetivo de llegar a una conclusión «mucho más enriquecedora».

La conclusión a la que llegaron fue la siguiente: «Our education, our future». Que traducido al castellano es: «Nuestra educación, nuestro futuro». Esta propuesta fue supervisada por la profesora de Lengua Castellana, Mayte García, para más tarde ser traducida al inglés por Carla Torre. «Mayte también ha tenido mucha importancia en este proyecto. Aprovecho también para decir que me encantan sus clases, me gusta mucho leer y el ‘Plan Lector’ que estamos haciendo en su asignatura es provechoso para todos», declara Carla.

«Traduje el texto porque me hacía ilusión y no me costaba ningún esfuerzo. Fue un proceso fácil gracias a mis compañeros, el texto se aprobó y fue totalmente consensuado», explica la estudiante.

La educación como motor de cambio

La propuesta de Carla y sus compis para mejorar el mundo pasa por la educación. «Si nos enseñan competencias y habilidades necesarias para nuestro día a día, para desarrollar un trabajo, haremos que la gente trabaje y viva más feliz. El objetivo es aumentar el valor del trabajo, no solo cuantitativamente sino cualitativamente. Queremos que el trabajador ofrezca un producto o servicio siendo feliz y denotando que es su vocación. Mejoraremos el mundo si las personas trabajan en lo que realmente quieren trabajar y para ello la educación es fundamental».

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Carla Torre junto algunos de sus compañeros del World Teen Parlament

Preguntamos a Carla sobre cómo se imagina la educación dentro de 20 años: «Me gustaría una educación basada en la igualdad y que el alumnado reciba información de utilidad para su vida personal. Es decir, que sepamos cómo es la vida real. Que las materias que se impartan sean útiles tanto para el mundo académico como para fuera del aula».

Un proyecto internacional de intercambio cultural

Carla Torre Costa ya forma parte del programa virtual internacional World Teen Parliament como alumna elegida entre 100 estudiantes de todo el mundo. En este itinerario formativo que durará 12 meses, la almanseña recibirá formación en pensamiento crítico, empatía, creatividad, comunicación, colaboración y liderazgo. Pero sobre todo, tendrá la oportunidad de convivir con otros adolescentes del mundo y comprender mejor su realidad.

«Pienso que conocer es respetar. A todos los jóvenes del proyecto nos une el objetivo común de mejorar el mundo en el que vivimos. Nuestra cultura es diferente, nuestros horarios y costumbres son diferentes, pero en realidad todos somos más parecidos de lo que pensamos. Es muy bueno estar abierto a otras culturas, te enriquece mucho personalmente», afirma la joven almanseña.

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«Seamos impulsivos en el buen sentido de la palabra: preguntemos dudas, conozcamos gente, compartamos experiencias»

Un mensaje para los alumnos más jóvenes

Carla Torre, alumna de cuarto de Secundaria en el Episcopal y con cientos de alumnos en cursos inferiores a ella, manda un mensaje a estos: «Primeramente les digo que no se queden con las ganas, que en la vida a hay tiempo para todo y hay que aprovechar las oportunidades que aparecen, como me ha pasado a mí con este proyecto. Ve a por ello, este es el mejor momento para empezar algo nuevo. Seamos impulsivos en el buen sentido de la palabra: preguntemos dudas, conozcamos gente, compartamos experiencias…».

Hacemos la misma pregunta a Belén Sánchez, que responde tras pensar un instante: «A todos los alumnos les recordaría el mismo mensaje de nuestro proyecto: Nuestra educación, nuestro futuro. La educación académica y sus conocimientos nos abren muchas puertas, pero no debemos olvidar nuestra faceta personal. No nos podemos centrar en grandes aspiraciones académicas si no acompañamos nuestra formación con valores que nos hagan crecer como personas».

La importancia de la amistad

No nos podíamos despedir de Carla sin hacerle nuestra pregunta de oro: ¿Cuál ha sido un momento feliz en tu etapa como estudiante en el Episcopal?

Carla mira hacia arriba y reconoce la dificultad de la pregunta para seguidamente responder: «Ha habido de todo, momentos buenos y malos. Me quedo con esa buena sensación que tenía cuando no me salía bien un examen y mis compañeras me apoyaban. Era tan sencillo como coger una pelota y jugar en el recreo. Esos son los momentos más felices, cuando sientes la amistad en el patio».

Una reflexión final de lujo, en la que podemos comprender mejor el valor de la convivencia, del intercambio, del compañerismo que se vive en el colegio. No olvidemos que dentro de los muros de estos centros educativos residen las mentes que edificarán nuestro futuro y las que harán de este mundo un lugar mejor.

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