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18/05/2024

El periódico digital de Almansa

La Almansa que está en el fin del mundo

«La verdad que existe en las coincidencias y las casualidades es aquella que nosotros queramos que haya», por Miguel Ángel Sevilla Duro
almansa final del mundo

Coincidencias, casualidades y otra Almansa en el fin del mundo, por Miguel Ángel Sevilla | En la investigación científica un fundamento básico es que correlación no implica causalidad. Puede parecer que dos sucesos están conectados entre sí sin que lo estén en realidad, del mismo modo en que dos cosas pueden encontrarse vinculadas sin que una lleve a la otra. Si a esto se le suma el deseo por hallar una conexión entre ambas se habla de sincronicidad, como cuando piensas en una canción antigua que hace tiempo que no escuchas y justo empieza a sonar por la radio. Con las personas sucede algo parecido: Past Lives. Fotos | Miguel Ángel Sevilla.

La Almansa al fin del mundo

A orillas del canal de Beagle, a poco más de 1.000 kilómetros de la Antártida, y a casi 15.000 de nuestra ciudad, hay otra Almansa radicalmente diferente: un pueblo de pescadores de apenas 20 familias ubicado en el extremo sur de la Patagonia. Esa Almansa (Almanza, en realidad) en Argentina es, junto a Puerto Williams (un pueblo chileno al otro de la ribera), el lugar habitado más al sur del mundo.

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No parece haber ninguna conexión entre una Almansa y otra; y lo cierto es que no todas las coincidencias tienen un porqué, aunque algunas sí. El puerto de Almanza se fundó en 1899, aunque no se convirtió en asentamiento urbano hasta casi la década de los noventa. Su nombre trae causa de un antiguo aserradero, homónimo, que funcionaba hace más de medio siglo y (como sucede con el topónimo de nuestra ciudad), aunque hay varias teorías, nadie sabe muy bien por qué le pusieron aquel nombre. Es indiferente si la coincidencia nominal es casual o causal ―qué enorme es el matiz entre ambas―: a veces, aun estando muy lejos, es fácil sentirse en casa, sin perjuicio de si el sol se refleja en la piedra del Castillo o en el agua de un océano helado.

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Similitudes en gigantes distancias

Las ciudades y las personas tienen la capacidad de poder estar separadas por miles de kilómetros y, sin embargo, ser enormemente parecidas. A veces, incluso, son esa distancia y apariencia de distinción las que provocan que juntas tengan sentido. El comienzo de Niveles de vida, de Julian Barnes, lo cuenta muy bien: «Juntas dos cosas que no se habían juntado antes. Y el mundo cambia. La gente quizá no lo advierta en el momento, pero no importa. El mundo ha cambiado, no obstante».

Algo similar explica Sabato en El túnel para tratar de justificar las coincidencias: en la sociedad existen “estratos horizontales” formados por las personas que tienen los mismos gustos, y entre ellas es fácil que se produzcan encuentros casuales: «Me ha sucedido encontrar una persona en un barrio de Berlín, luego en un pequeño lugar casi desconocido de Italia y, finalmente, en una librería de Buenos Aires. ¿Es razonable atribuir al azar estos encuentros repetidos?». Tal vez no, aunque asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control. «La gente tiene miedo de reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte», narra el inicio de Match Point. De algún modo, es innegable que la verdad que hay en las coincidencias es aquella que nosotros queramos que haya.

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Un comentario

  1. Hola, buenos días, acabo de leer la noticia de la otra Almansa, situada en el sur de Argentina. Simplemente es para informaros de que un ciudadano nacido en nuestra Almansa (la de AB), se encuentra en estos momentos en La Antártida desarrollando un programa de investigación y para ir o volver, pasan por la ciudad de Ushuaia, que está a 75km de la otra Almansa. Casualidades. Perdonar por las molestias.

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