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14/06/2024
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El periódico digital de Almansa

La historia dirigida: el ejemplo chino

Jorge Fito realiza un recorrido histórico en busca de la respuesta: ¿es China ejemplo a imitar o a evitar?
Jorge Fito

El mecanismo por el cual avanza la Historia de la Humanidad se basa en el desarrollo de las fuerzas productivas. Este normalmente es un proceso libre que progresa libremente (valga la redundancia) sin control ni límites fijados. Es el liberalismo y la ausencia de regulaciones quienes marcan el destino del desarrollo productivo industrial.

Al menos así ha sido en la gran mayoría de territorios del planeta donde la Humanidad se ha asentado. Mas no es este el caso de la República Popular China. En 1949 surgía la República Popular China como un Estado Socialista con economía planificada. Lamentablemente para los intereses de China, este era un país suma y primordialmente agrícola y, pese a los intentos del gobierno socialista, el país no consiguió industrializarse con éxito. Tal fue el fracaso del intento socialista autosuficiente chino que, tras la muerte de Mao, el Partido Comunista chino (PCC) determinó que eran incapaces de convertirse en una potencia económica desarrollada al estilo de los países europeos.

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Por esa razón, en los años 70-80 (del siglo pasado) decidieron abrirse al libre mercado. El histórico PCC, que desde el comienzo de su andadura estuvo marcado por una política radical de antirrevisionismo, adoptó una política económica socialdemócrata mixta fuertemente influenciada por el keynesianismo y totalmente opuesta al maoísmo que durante más de 20 años marcó una senda de férrea dictadura proletaria. Con el desarrollo de esa nueva política económica, China se ha conseguido erigir como la segunda potencia económica mundial muy cerca de EEUU.

Pero en este análisis vamos más allá. Analizamos el desarrollo de la Historia de la Humanidad. Porque mientras que el resto de países del planeta han desarrollado sus fuerzas productivas de modo totalmente libre y sin ataduras, China pasó de una economía basada en la agricultura a ser la fábrica del mundo en apenas menos de medio de siglo. Como anteriormente hemos dicho, la Historia avanza en base al desarrollo de las fuerzas productivas (y la consecuente lucha de clases). Pero China lo hizo de un modo especial. China fue en contra de la Historia: mientras todos los países desarrollaban el movimiento obrero post revolución industrial, China lo hizo al contrario. La revolución socialista china triunfó en 1949 cuando este era un país profundamente agrícola.

A este respecto y con un partido comunista al frente, China colectivizó sus granjas e intentó potenciar su industria. Pero tras casi 30 años de intento fallido, el PCC se dio cuenta de que era imposible (no como concepto, sino como situación concreta geopolítica) industrializar al país sin inversión de capital extranjero. Por esta razón decidió entre los años 70-80 permitir la existencia de la propiedad privada (de los medios de producción) de un modo sumamente controlado y siempre que las empresas se ajustasen rigurosamente a los objetivos y límites que el gobierno
les marcase.

Así pues, y gracias al impulso que dio la inversión del capital extranjero, China se desarrolló increíblemente hasta convertirse en la 2ª superpotencia mundial. Y aquí es cuando entra la Historia: el desarrollo de las fuerzas productivas a lo largo y ancho del mundo ha funcionado totalmente sin ataduras desde los albores de la Humanidad hasta nuestros días; sin embargo, China lo ha regulado desde el Estado. Mientras todos los países asistían impetuosos e irresponsables al desarrollo sin control de la industria mecanizada y, de tal forma, al incremento de las relaciones irreconciliables entre clases, China reguló este proceso. Al mismo tiempo que mantuvo un fuerte sector público, impuso importantes y restrictivas medidas a la inversión extranjera. Con todo esto permitió que las fuerzas productivas se desarrollasen bajo una importante regulación estatal.

De este modo, la industria China se ha desarrollado fuertemente. Sus fuerzas productivas han progresado tanto o más como las de cualquier país capitalista del mal llamado primer mundo. Pero la distinción fundamental es el control del Estado: han permitido el desarrollo de la industria aprovechando el capitalismo extranjero. Y así se ha desarrollado la industria en China. Y esto encaja plenamente con los planes del PCC: desarrollar las fuerzas productivas hasta el punto en que fuera viable el socialismo. Y eso es lo que ha anunciado que hará: recientemente el PCC anunció que iba a tomar el control sobre el sector privado chino para llegar de nuevo al socialismo que se produjo en los años 50 pero ahora con un desarrollo de las fuerzas productivas increíblemente mayor.

No sabemos si China volverá finalmente al socialismo pero, al menos, es lo que parece deducirse de los últimos comunicados del PCC, los cuales, por otra parte, encajan con la línea política oficial del partido. De confirmarse las sospechas/intenciones de vuelta al socialismo, podremos afirmar de manera clara una cosa: el PCC ha dirigido la historia. Conocía su fundamento materialista y lo reguló. Esperó a que las fuerzas productivas se desarrollasen y las socializó. Vio la Historia desde un prisma científico e intervino. Usó el poder del Estado y funcionó. Estudió la Historia y previó sus movimientos.

Y así, amigas y amigos lectoras y lectores, es como se demuestra que la Historia es una ciencia cuyas leyes existen y cuyo curso puede manipularse; el PCC es el ejemplo. El PCC es el ejemplo de que el desarrollo de las fuerzas productivas y, así pues, de la Historia, puede manejarse desde el Estado. ¿Será este el ejemplo a imitar o a evitar? Solo la Historia lo sabe.

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