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18/05/2024

El periódico digital de Almansa

El enigma de la sexualidad humana (I): El ser humano y el resto de los animales

Francisco Doñate, almanseño ilustre, escribe una serie de artículos sobre el misterio de la sexualidad humana, a raíz de los sucedido con el obispo Reig Plá y la dimisión de Carla Antonelli
Francisco Doñate enigma sexualidad humana

La jubilación-destitución del polémico obispo de la diócesis de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Plá [tras sus ataques hacia la homosexualidad, entre otras cuestiones], y la dimisión de Carla Delgado Gómez (Carla Antonelli) como diputada de la Asamblea de la Comunidad de la Madrid (la primera transexual que ocupa este puesto en España) ante un nuevo retraso en la aprobación de la Ley Trans, me han llevado a publicar el presente artículo (el primero de una serie de tres).

El enigma de la sexualidad humana (I): El ser humano y el resto de los animales

La mayoría de los animales nacen machos o hembras en función de su fórmula cromosómica, es decir, XX para las hembras y XY para los machos. En el caso de los seres humanos, nuestra fórmula cromosómica es la de 22 pares de cromosomas autosómicos y un par de hetero-cromosomas sexuales XX o XY, esto es, cada uno de nosotros poseemos en total 46 cromosomas. El sexo del nuevo ser depende siempre de la aportación del macho, dado que unos espermatozoides portan el cromosoma Y, y otros el cromosoma X. Por el contrario, el óvulo siempre posee solo un cromosoma X, de modo que si el óvulo es fecundado por un espermatozoide Y tendremos un  macho, y si es fecundado por uno con cromosoma X, tendremos una hembra. Hablo de macho y hembra, porque esto es lo que sucede en la mayoría de los animales (que se reproducen a través de lo que conocemos como reproducción sexuada). Esta reproducción como todos ustedes saben se produce mediante el COITO.

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En casi todos los animales, la fertilidad de la hembra depende siempre de su «estatus hormonal». Esto significa que si la hembra se encuentra en «fase estrogénica» entrará en CELO, ovulará y será receptiva para que el macho la penetre. El celo, por ejemplo, en las perras dura entre nueve y diez días. El macho, en consecuencia, solo tiene esos días para mantener relaciones sexuales con la hembra. Por otro lado, independientemente de que se quede embarazada o no, esta fase estrogénica desaparecerá transcurrido ese periodo y la hembra ya no permitirá que el macho la cubra. Si la hembra dice NO, es siempre NO. Por muy diminuta que sea la perrita en comparación con el macho. No se da en el mundo animal la posibilidad de un coito fuera de la fase de celo y, por lo tanto, no es posible que se produzca una VIOLACIÓN, aunque sean quince perros y una sola perra.

Tras el coito, se puede producir una fecundación o no. Si hay fecundación implicará que solo uno de los espermatozoides ha penetrado en el interior del ÓVULO, pudiendo el material genético del macho organizarse con el de la hembra. Dado que el óvulo y el espermatozoide tienen la mitad de los cromosomas propios de esa especie, la célula resultante tendrá ya la totalidad de los cromosomas de la especie que se trate. A partir de aquí, el óvulo fecundado (o también llamado Zigoto), se dividirá una y otra y otra vez (reproducción  asexuada), dando lugar a una masa de células que constituirá el pequeño embrión. En las primeras fases del desarrollo, los embriones de la mayoría de las especies animales son muy parecidos. Casi seguro que ninguno de ustedes distinguirían un embrión humano de uno de ratón o de cerdo.

En la especie humana, a las siete semanas de la gestación, las gónadas (testículos y ovarios), ya empiezan a producir hormonas. Así, en el embrión macho (XY),  ya se detecta la producción de testosterona, que con el paso de los días irá in crescendo.  También las suprarrenales del embrión y de la madre producirán testosterona. Además, tenemos que decir, que a través del cordón umbilical pasan las hormonas femeninas y masculinas de la madre. En el caso del embrión hembra (XX), en sus ovarios, se producirán hormonas femeninas (estrógenos), además de testosterona en sus suprarrenales. También a través del cordón umbilical le llegarán testosterona de la suprarrenal de la madre y por supuesto sus hormonas femeninas. ¿Qué quiero decir con todo este galimatías? Pues algo tan sencillo como que los embriones del ser humano y de los animales (machos y hembras), están llenos de hormonas tanto masculinas como femeninas.

El Sistema Nervioso Central, justo en esos días, empieza a definirse y, como todos sabemos, sus células nobles reciben el nombre de NEURONAS. Las neuronas en contacto con las diferentes hormonas sexuales comenzarán a formar receptores específicos para las mismas, determinando el sexo del cerebro, es decir, habrá animales machos con muchos receptores para la testosterona y otros con menos receptores. E incluso con más receptores para estrógenos (dependiendo de las hormonas que hayan circulado por su cuerpo, porque no todas las glándulas producen la misma cantidad). O embriones hembra con muchos receptores para estrógenos y pocos para testosterona o al revés. Volviendo a los perros, según lo anterior, habrá perros muy machos y otros menos machos, o hembras muy hembras u otras menos hembras.

Esto, en principio, no tiene demasiada importancia para los animales NO HUMANOS, por dos razones fundamentales. Una: su sexualidad está sometida a las FASES ESTROGÉNICAS de las hembras. Y dos: no tienen la capacidad de generar FANTASÍAS SEXUALES. En consecuencia, podemos ver a un macho de perro hacer movimientos sexuales con otro macho, incluso lamer sus genitales y ano, pero esto no es más un juego. No es una actividad sexual propiamente dicha. Incluso las hembras pueden jugar el rol de machos. Nunca un macho penetrará a otro macho. Esto no quiere decir que un macho no pueda aparearse con una hembra de otra especie, pero la hembra, en ese supuesto, tiene que estar en celo. El caso del ser humano, que trataremos en el artículo siguiente, es totalmente diferente…

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