29/11/2022

El periódico digital de Almansa

Una almanseña en Palestina: «Un niño palestino me dio lecciones de cómo defender mi país»

Hablamos con una joven activista, internacionalista y almanseña. Silvia Tomás viaja a Palestina a conocer, colaborar y ayudar en los campos de refugiados
Silvia Tomás Almansa

La solidaridad internacional con el pueblo palestino recorre todo el mundo. Como no podía ser de otra forma, Almansa y su vecindad también se ha visto impactada por la situación del país de oriente medio. Desde nuestra tierra querida, personas voluntarias y sin ningún tipo de ánimo de lucro han viajado a Palestina para poner su granito de arena en favor de un pueblo vilipendiado por las fuerzas de ocupación israelíes. Hoy La Tinta de Almansa publica una entrevista con Silvia Tomás, activista de 25 años, luchadora por los derechos de Palestina y almanseña.

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Pregunta: ¡Hola Silvia! Nos encantaría poder explicar a nuestra audiencia cuál es la experiencia que has vivido cada vez que has viajado a Palestina y que nos cuentes cómo está la situación en el país. Empezando por el inicio, ¿qué se encuentra una almanseña al llegar a Israel con el objetivo de ayudar al pueblo palestino?

Respuesta: Ya tuve algunos problemas la última vez que pasé por el aeropuerto de Tel Aviv, de vuelta a España. La psicosis de Israel cuando se nombra a Palestina es demencial. Nada más bajar del avión te das cuenta de que hay algo que no funciona con normalidad: demasiadas preguntas, demasiadas miradas y no puedes nombrar, bajo ningún concepto, a Palestina si no quieres que te deporten.


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Hay que mentir para entrar, incluso fingiendo ser la persona más católica del mundo. Peor es la salida, a compañeras las pasaron por escáneres, les hicieron desnudarse, a nosotros nos separaron del resto de la fila para hablar con el personal de seguridad. Un tío trajeado mirando todos tus gestos, las manos, para pillarte mintiendo y acusarte de terrorista pro-palestina, porque eso somos para Israel, terroristas.

P: ¿Cuál fue tu último destino en Israel? ¿Era un territorio desarrollado?

R: Mi destino fue Tel Aviv, una de las ciudades más grandes de Israel, es parte del territorio que se anexionó Israel en 1948, es la capital, podría decir que es prácticamente una ciudad europea. También visité Jerusalén. La zona palestina no está del todo desarrollada, previa ocupación era fundamentalmente una tierra agrícola y ahora está en expansión industrial, de la cual solo pueden verse beneficiados los judíos.

Israel no tiene nada que envidiar en desarrollo y tecnologías a muchas de las potencias occidentales, mientras que Palestina no puede desarrollarse ni económica, ni industrialmente. Esta es una forma más de apartheid, ya que con la colocación de los muros tan cerca de la ciudad, se ha privado a los palestinos del acceso al campo, su único recurso laboral y de subsistencia. Es una tierra muy rica en recursos y es precisamente el régimen de apartheid la razón por la cuál este territorio no prospera.

P: ¿Cuán de grande es la presencia militar israelí en Palestina?

R: Según la ciudad hay más o menos. En Haifa o Tel Aviv no era muy notable, en Jerusalén un poco más. Aún así, vayas donde vayas, encontrarás soldados. Me sorprendía observar cómo los militares Israelíes cortaban calles en el barrio musulmán por simple despecho. Es una forma más de controlar, de oprimir a la población sin violencia física. Más allá del muro, en el West Bank, la Palestina ocupada, la presencia militar es brutal y constante. Se considera zona de guerra y hay check-points en cada salida y entrada a las ciudades. Además, los soldados suelen comportarse de forma muy agresiva.

Militares de Israel
Militares de Israel disuelven una manifestación en Palestina
P: ¿Cual es tu opinión sobre los campamentos de refugiados tras haberlos vivido en primera persona?

Los campamentos de refugiados palestinos se abrieron a partir del 48 hasta el 52, los creó la ONU y técnicamente es su responsabilidad. La acción que se lleva a cabo es prácticamente asistencial, no hay recursos necesarios y la financiación está en números rojos tras el recorte de Estados Unidos y el resto de sus aliados. Aún así también existe una Autoridad Palestina que coordina los campamentos, normalmente alternada entre Hamas y Fatah.

Las condiciones son paupérrimas. Considero estos campos como «cárceles de cielo abierto». Es el caso de AIDA Camp, uno de los más impactantes, ya que se diseñó en 1950 para dar cabida a un número tope de personas, pero el número de refugiados aumentó drásticamente con el avance de Israel. Más todavía con el paso de los años, ya que AIDA está rodeado totalmente por muros y las personas que viven dentro comienzan a tener hijos.

Un día de los que estuve en AIDA, el ejército sionista entró con un escuadrón para secuestrar a varios niños, los cuales estaban jugando al balón contra el muro, algo que consideraban como un «atentado a la seguridad». Finalmente los liberaron a las dos horas y las familias lo celebraron por todo lo alto. Esto es porque, normalmente, una vez secuestrados pueden estar sin ver a su familia durante meses o incluso años. Esto fue en mi primer viaje a Palestina y todavía recuerdo la preocupación de los familiares.

Olivier Fitoussi Mural en AIDA Camp
Olivier Fitoussi Mural en AIDA Camp
P: ¿Colabora Israel en mejorar la situación de los campamentos de refugiados?

R: Por supuesto que no. Son ellos los que provocan la situación de miseria, de hacinamiento, de falta de agua en pleno agosto... Incluso, los soldados se pasean por los campamentos, en un gesto cuya intención es recordar quién tiene el poder y evitar posibles rebeliones.

P: ¿Piensas que el objetivo final de Israel es ver desaparecer a Palestina?

R: Sí, ese es el objetivo del sionismo. Aún así, no quieren destruirlos ahora, para eso ya tienen las bombas si quisieran hacerlo. La situación de bloqueo y opresión que existe a día de hoy se lleva a cabo para conseguir esa violencia psicológica que te comentaba.

En la carrera de Ciencias Políticas se estudia el «Biopoder» de Foucault, un buen reflejo de lo que sucede entre Israel y Palestina. Israel tiene el control del poder y mediante esa potestad organiza la vida de la población palestina, el estado invasor es quien decide cuándo el pueblo vive y cuándo el pueblo muere, por esta razón se priva del derecho a la salud a los oprimidos

Israel quiere transmitir al mundo entero y en especial a los palestinos, que tiene la capacidad de decidir sobre la vida, quiere dejar patente su opulencia militar frente a los Estados que rechacen la ocupación. Privar a la gente de recursos médicos, facilita la muerte paulatina del pueblo palestino o su desmoralización y consiguiente huída. Esta es la lógica que mantiene el gobierno actual de Israel.

Este tipo de políticas favorecen el control mental. Por ejemplo, en Cisjordania recuerdo cómo me sorprendía ver a soldados acercarse a palestinos y saludarles, o cómo compraban en el mercado sin distinciones racistas. Yo pensaba al verlos: «Vaya, no les están disparando», como si los militares se apiadaran de ellos. Entender como un privilegio que no te disparen ya es un triunfo para el gobierno israelí.

Recuerdo una de las veces que crucé un check-point, estaba todo en un especial silencio y de pronto un militar israelí se puso a cantar «hakuna matata» por la megafonía, por eso, porque viven con sus normas, con sus bromas, con su todo.

Es tal el control mental que sufren estas personas que ya existen ciertos traumas infantiles que sólo se desarrollan en Gaza.

n hombre entra con su hijo a un hospital de Palestina
Un hombre entra con su hijo a un hospital de Palestina
P: ¿Es cierto que los check-points impiden el paso a ambulancias con pacientes?

R: Sí. Conocí un caso, muy mediático, de un hombre que sufrió una agresión militar. Los soldados le rociaron con gas lacrimógeno y la falta de oxígeno sumado a un problema de salud provocaron en el hombre un ataque cardíaco. La ambulancia consiguió recogerlo con vida, pero al llegar al punto de control, los militares cerraron el acceso. Como esta práctica es algo muy común, la ambulancia palestina esperaba justo al otro lado del puesto de seguridad. La situación fue lamentable, el hombre agonizaba a escasos metros de la ambulancia que podía salvar su vida, pero por la decisión de dos soldados no fue así.

En este caso sí. La privación del acceso a la salud influía directamente en la vida de ese hombre. Los soldados querían verlo morir. Y como este caso hay cientos. Por ejemplo, hay mujeres obligadas a dar a luz en los check-points porque le niegan la entrada a la zona donde está el hospital.

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Un palestino es atendido en ambulancia tras una concentración
P: Supongo que verse inmersa en esa situación es muy desconcertante. ¿Has vivido algún otro momento que realmente te impactara?

R: Lo que más me impactó de mi viaje fue el día que fuimos a la manifestación contra el apartheid. Todos los viernes, a modo de día sagrado para los musulmanes, en todos los pueblos de Palestina se organiza una manifestación para pedir el fin de la ocupación, el derribe de los muros y el levantamiento del bloqueo. Nosotras aprovechamos la oportunidad y fuimos a Kafr Qaddum.

Allí, las manifestaciones no acaban como en España. En nuestro país, la policía puede multar, cargar o disparar pelotas de goma, pero en Palestina el ejército disuelve a la masa con fuerza bruta, silban las balas y el calabozo sin juicio peligra demasiado. Por eso, cuando los soldados van a llegar a dispersar la concentración se preparan barricadas que faciliten la huída de los palestinos.

Ese día me sobrecogió ver que eran niños quienes estaban levantando la barricada de neumáticos. Ellos mismos le prendieron fuego y ataviados con pañuelos palestinos para cubrir sus caras escalaron una pequeña colina esperando la llegada de los militares. Cuando los soldados entraron en la plaza los niños comenzaron a lanzarles piedras con tirachinas, como en los tiempos de la intifada.

En el momento que los neumáticos dejaron de arder, el ejército israelí entró con todo. Nunca antes había estado en una situación igual, teníamos a los escuadrones militares a unos escasos 50 metros cuando los disparos empezaron a retumbar. No podía comprender la situación, me parecía surrealista ver a los niños lanzar piedras a uno de los ejércitos más poderosos del mundo y seguidamente a los soldados lanzar fuego disuasorio a los chavales. Cualquier bala perdida podía matar a una persona inocente. La única proporcionalidad que se encontraba era para con la prensa internacional y para las personas extranjeras.

Me impactó por dos cosas, en el aspecto activista y revolucionario me emocionó ver a tanta gente gritar contra sus opresores, mientras que en el aspecto humanitario me dolió muchísimo ver a estos niños privados de su infancia, nacen en conflicto, en un régimen colonial digno del siglo XIX y crecen en una ocupación, sabiendo que su país está condenado a la desaparición.

Solo podía pensar en que alguien rescatara a esos niños y los alejara de allí. A lo que ellos te respondían que no, que me fuera yo si no me sentía segura, pero que esa es su tierra y pensaba luchar por ella.

Un niño de doce años me dio lecciones de cómo defender mi país frente a la opresión. Ese día fue tremendamente impactante. 

Silvia Tomás
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