01/12/2022

El periódico digital de Almansa

Encañonado por los dos bandos: la historia de un querido almanseño en la Guerra Civil

Una dramática historia de guerra en la que intervienen personajes históricos de nuestra ciudad
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Cuando en La Tinta nos adentramos en la temática de la Guerra Civil en Almansa es imposible escribir con cierto tono de tristeza y dolor. Fueron los años más oscuros del siglo XX para nuestro país y no hay ningún episodio en la historia contemporánea de Almansa que provocara más muertos y heridas. Hoy os traemos una historia particular, en la que un hombre extraordinariamente bueno se vio sometido a una situación totalmente inhumana. 

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«Rita», el apodo de un hombre ejemplar

Nuestro protagonista es Ángel Bonete Asensio, más conocido como «Rita». Muchas personas que nos leen conocerán a alguno de sus familiares, amigos o cercanos, pero, sobre todo, seguro recordarán la voz del que fue uno de los mejores tenores (aficionados) de Almansa, componente de pleno derecho de la Schola Cantorum, de la Parroquia de Santa María de la Asunción. «Cuando iba andando por la calle, solía ir cantando sus melodías, la gente decía tan solo con escucharlo: “Ya viene por allí Rita”»; nos comenta una de sus sobrinas, destacando el característico timbre de voz de Ángel. En aquellos años había un dicho popular almanseño que aseguraba que, «…cuando “Rita” canta en San Roque, se oye en Santa María».

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Ángel Bonete, fue un hombre intrínsecamente bueno, de profesión zapatero (trabajaba en la fábrica de Los Coloma), una persona con especial pasión por la música, en concreto, por el género lírico popular por excelencia en aquellos tiempos: la zarzuela. Fue un devoto católico, como la mayoría de las personas en su época, pero él lo demostraba de forma especial cada vez que el coro de la Schola Cantorum entonaba sus himnos a la Patrona almanseña. 

Angel “Rita” era el solista en una de las partes del himno de la Coronación, de modo que, en tiempos de no muchos habitantes, se convirtió en una figura pública local. Además de ser un buen cristiano practicante y de cara al público, lo era con el ejemplo; formaba parte del tan necesario grupo de voluntarios de la Cruz Roja. Con el paso de los años, fue condecorado con la Medalla de Oro de la organización, por la impagable labor que desarrolló como voluntario durante más de 50 años.

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Ángel Rita, segundo por la derecha, durante el acto de Cruz Roja en el que se le otorgó la Medalla de Oro | Archivo familiar

La llegada del conflicto

Cuando llegó la Guerra Civil a Almansa, su profesión de zapatero se vio interrumpida, pero su dedicación a los demás no iba a descansar mientras las balas retumbaban por las calles. Él y otros voluntarios de la Cruz Roja eran los encargados de ayudar a los heridos, dar comida a los desabastecidos y recoger los restos de los asesinados.

Ángel “Rita” vivió momentos de auténtico dramatismo y cargó con numerosos cadáveres de todas las edades, bandos y sexos, tanto en Albacete como en Almansa. Fue un hombre bueno, que demostró, con el ejemplo de toda su vida, la importancia del amor por el prójimo.

Pistoleros anarquistas, un tren hacia Albacete y Hernández de la Asunción

Un día, a mediados del año 1.937, Ángel se encontraba en la estación esperando al tren que se dirigía para Albacete, en lo que iba a ser una jornada más de dedicación voluntaria con la Cruz Roja. La mala suerte cambió el rumbo de su día y de su vida entera.

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Un tren de guerra luce las siglas de la CNT en Almansa | Almansa 1930-1939 ‘Imágenes con historia’

En el mismo andén en el que Ángel “Rita” aguardaba su tren, tres pistoleros de ideología anarquista estaban reunidos esperando, según testimonios, a un objetivo a liquidar. Estos tres milicianos pseudomilitares de la FAI no eran vecinos de Almansa, pero uno de ellos, al ir a encender un cigarrillo, dirigió la mirada hacia un lado y reconoció rápidamente a Ángel “Rita” como el cantante del coro de la parroquia de la Asunción.

Sin previo aviso y con una frase lapidaria, los asesinos se acercaron a él: «Este es el que cantaba en la iglesia, pues ahora nosotros te vamos a cantar el `gori gori´». Se referían los milicianos al canto religioso fúnebre del Gloria; cantarle a alguien el ‘gori gori’ era una expresión, un eufemismo para manifestar que esa persona estaba muerta o a punto de estarlo.

Uno de los pistoleros encañonó a Ángel “Rita” a la altura de la sien, y entre los tres lo maniataron con la decidida idea de montarlo posteriormente en el temido coche negro «del paseo», cuya parada final era el cementerio. Nuestro protagonista confesó a los homicidas milicianos que él solamente cantaba en el coro de la iglesia, pero que no tenía ningún tipo de relación con el levantamiento golpista.

Cuando todo parecía perdido y tras unos minutos de incertidumbre que fueron una eternidad para “Rita”, de repente, el tren destino Albacete llegó a la antigua estación de Almansa. «No, ahora no podemos. Vamos al andén, que ya viene este», le ordenó un pistolero a los demás, recordándoles que estaban allí con otra misión.

El anarquista armado dejó de apuntar a Ángel Bonete con la misma facilidad que le puso el arma en la cabeza, como si nada hubiera sucedido. Este quedó petrificado viendo cómo los pistoleros subían al tren rápidamente antes de que siguiera a su destino.

Otros testimonios aseguran que fue el propio José Hernández de la Asunción, el alcalde de Almansa en Guerra Civil, quien salvó la vida de Ángel “Rita”, intercediendo por él ante los pistoleros radicales y recordando a los mismos que el bueno de Angel militaba en el partido de Izquierda Republicana de Manuel Azaña.

Lo que sí recuerda toda la familia es que Ángel, ya liberado, bajó las escaleras de la antigua estación con grandes dificultades para respirar. Cuando llegó a su casa con sus hijos e hija en la calle Mendez Nuñez, sufría una grave angina de pecho provocada por la brutal tensión del momento. Una persona con tanta bondad llegó sin ningún tipo de dignidad a su hogar y con lesiones de por vida solo por sus creencias.

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Estación de ferrocarril de Almansa en 1935 | Almansa 1930 – 1039 ‘Imágenes con historia’

Encañonado en la fosa común

Ángel Bonete, en su labor como asistente sanitario de guerra, fue uno de los voluntarios de Cruz Roja encargado de recoger los cuerpos inertes de los fusilados en el cementerio. De la misma forma, corroboraba la muerte (o mejor dicho asesinato) de los mismos. En una de esas sangrientas madrugadas, nuestro protagonista vivió un nuevo episodio de auténtico terror.

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Angel Rita recibe la Medalla de Oro de la Cruz Roja bajo la atenta mirada de cientos de almanseños

Terminado el conflicto, en una noche fatal, Ángel “Rita” recogía los cadáveres en su horrible rutina de muerte. Mientras confirmaba la defunción de los fusilados, aun todavía con los asesinos tras de él, se percató de que uno de los cuerpos era el de un conocido suyo, un amigo. 

«¡Tú también no!», espetó con dolor nuestro protagonista sin prestar atención a los soldados que tras de él aun sostenían los fusiles. Los sublevados, al ver que el voluntario de Cruz Roja reconocía al cadáver, lo relacionaron con él y procedieron a encañonarle e interrogarle.

Tras varias preguntas, los soldados lo dejaron marchar. La buena fama que tenía entre los vecinos, su uniforme de voluntario o incluso la providencia divina para los más creyentes, son las razones por las que pensar que consiguió salvar la vida.

Otra terrible historia de la Guerra Civil en Almansa. Otro episodio que confirma la naturaleza del conflicto en los pueblos pequeños como el nuestro. No eran únicamente riñas políticas o ideológicas (hay documentos que confirman la militancia de “Rita” en Izquierda Republicana, pero los propios guerrilleros de izquierdas fueron los que le encañonaron). Hablamos de rencillas y venganzas entre vecinos resentidos por razones que nunca alcanzaban el peso y valor de una vida humana.

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Rita (detrás) con sus tres hijos en un acto de la Cruz Roja en la Plaza Santa María

Ángel Bonete, Angel “Rita” sobrevivió a la guerra y vivió de forma humilde, cercana y servicial hasta los 74 años, edad con la que falleció en Almansa. Su nombre está grabado con letras de oro en la historia de la Cruz Roja de Almansa, y toda su familia lo recuerda con amor, cariño y respeto, destacando por encima de todo su incansable motivación por ayudar a los demás.

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