04/12/2022

El periódico digital de Almansa

Los héroes también van en furgoneta

Antonio y Juan son dos de los tres conductores voluntarios que colaboran con Adace en Almansa. Su trabajo consiste en recoger a las personas con daño cerebral sobrevenido en sus domicilios y llevarlas al centro para que reciban una terapia más importante ahora que nunca
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La furgoneta comienza el recorrido a las 9:30 horas. Al volante se sitúa Antonio Mora, zapatero jubilado, o quizá Juan Cuenca, un ex alto cargo de la Guardia Civil. Ambos se hicieron voluntarios casi al mismo tiempo, hace 10 años. Media hora antes de arrancar desinfectan el interior del vehículo: volante, tapicería, agarraderas e, importante, las barandillas de la plataforma para subir en silla de ruedas. Antonio alardea de que esta es «la única furgoneta de Adace adaptada en toda Castilla-La Mancha».

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Para explicar cómo se coordinan, hace la broma fácil: «Un día hace la ruta uno, otro día, otro. Si fuéramos más podríamos ir en pareja, como los guardias civiles (ríe)». Pero su rostro se nubla cuando habla en serio. «Que hubiera más personas nos facilitaría mucho el trabajo. Uno podría quedarse de conductor y el otro ayudar a subir y bajar a los usuarios u ocuparse de guardar la plataforma para la silla de ruedas». Antes eran más voluntarios, unos seis, pero tras la marcha de dos y el fallecimiento de un compañero «nos hemos quedado solo tres», lamenta Juan.

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Su trabajo es sencillo. Durante 5 horas, un día a la semana, recogen en sus domicilios a las personas con daño cerebral adquirido que acuden al centro de Adace en Almansa para recibir asesoramiento o terapia, ya sea de rehabilitación, logopedia, terapia ocupacional, fisioterapia u otras disciplinas. En total, hay 42 usuarios en la ciudad. Acabada la sesión, los voluntarios les conducen de nuevo a sus hogares y se despiden de ellos hasta la próxima semana. La jornada acaba sobre las 14:00 horas.

«Si un día falla uno, nos llamamos con antelación. Los usuarios siempre van a tener a alguien que les lleve en la furgoneta», asegura Antonio. Durante los trayectos se intercambian chistes, chascarrillos y gracietas. Es la parte terapéutica que realizan estos conductores solidarios. Juan expresa que los usuarios les tienen «mucho cariño» y que en los viajes «se genera una corriente de simpatía». Les gastan bromas que hacen que la felicidad se les «note en la cara» cuando llegan a sus casas a recogerlos. «Y cuando les faltas algún día siempre te preguntan: “¡El otro día no viniste! ¿Qué te ha pasado?”», ríe el Guardia Civil retirado.

La inclusión comunitaria y el ocio son el vértice de Adace. «El objetivo es enseñarles a divertirse. Son personas con mucho tiempo libre y eso es muy duro para ellos», explica Ana Véliz, terapeuta ocupacional en el centro. «Lo más importante para nosotros son los voluntarios. Solos no llegamos a todo», confiesa. Su labor, explica, «evita el aislamiento social, que se agravó durante el confinamiento».

Todos, dice, hemos estado aislados. Pero ellos lo han pasado realmente mal. «Han aumentado la depresión y los problemas de conducta durante el confinamiento. Han perdido masa muscular y han dejado de andar. Pero esto ha sido más fácil de tratar que los problemas psicológicos. Lo que necesitaban era volverse a ver, ir al centro y sentirse arropados».

Para eso, además de para conducir, están Juan y Antonio. Su táctica no es nada revolucionaria: consiste en ser paciente y amable. «Si tienen un mal día, tratamos de arreglárselo. Es muy importante darles conversación y animarles. Aunque tengamos nuestros propios problemas como todo el mundo, cuando estamos con ellos nunca les ponemos mala cara, les ponemos alegría».

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Juan Cuenca y Antonio Mora llevan 10 años siendo los «chófers» más solidarios de Almansa

Justo pasa por los pasillos un muchacho joven, de ojos claros y unos 30 años. «Qué, ¿cómo te cuidamos?», pregunta Antonio. «Pues la verdad es que fatal», bromea el usuario. Se queda un rato a charlar con los dos y, tras despedirse, Antonio le pide que dé recuerdos a su madre. Lo hará. A día de hoy, hay 400.000 personas como él en España, 20.000 de ellas en Castilla-La Mancha. Pero las personas con daño cerebral sobrevenido no siempre fueron así. Un día sufrieron un ictus, un traumatismo craneal, un tumor cerebral o alguna lesión que, en definitiva, cambió sus vidas.

El zapatero jubilado señala que «se apoyan mucho en nosotros y nosotros en ellos. Esas cosas te llegan», expresa. Antonio decidió hacerse voluntario de Adace cuando vio un anuncio. Entonces conoció a Juan. Cuando descubrió que éste había sido un alto mando de la Guardia Civil (un agente se cuadró ante él cuando caminaban por la calle) pensó que no daría la talla. Pero el propio Juan le quitó esa idea: la persona que eres es lo que importa, no lo que hayas sido antes de «ahora mismo».

«Es que este es un poco “pelota”», se excusa Juan, que también impartió clases de Alfabetización en la Casa de Cultura de Almansa de forma voluntaria. ¿Por qué decidió incorporarse a Adace? «Siempre he entendido que es una cuestión de principios y de valores. Me metí a Guardia Civil porque siempre he sentido que debía prestar servicio a la sociedad», explica. Y desde entonces lo presta. «Aquí estamos, somos cuatro “quijotes” que creemos que debemos hacer algo por la gente. Un día puedo ser yo el que esté ahí (señala la puerta de sala de rehabilitación) y tiene que haber alguien que haga algo por mí».

Hoy en día, expresa, el voluntariado «no es una pieza fundamental, es lo siguiente. Si no hubiera personas que nos dedicamos a esto, muchas de las asociaciones no existirían. Sobre todo las pequeñas como esta, porque la nuestra es una labor más callada que la de Cruz Roja, Protección Civil, ASPRONA… y es más difícil que las personas se hagan voluntarias». Sin embargo, su labor es igual de importante.

Por eso solicitan el apoyo ciudadano. «Almansa es una sociedad solidaria y cuando hay que arrimar el hombro, lo arrimamos. Ahora hay que hacerlo. Necesitamos gente, hombres y mujeres a partir de los 18 años con carné de conducir. Gente joven con espíritu aventurero y solidario, jubilados o desempleados. El nuestro es un trabajo sencillo, pero hace mucho bien en la sociedad», concluye Juan. La pareja se despide de los periodistas, mientras elevan y guardan la plataforma para sillas de ruedas. Los «ángeles urbanos» se meten en la furgoneta. Tienen por delante muchas más puertas que tocar.

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Juan y Antonio explican su labor para La Tinta de Almansa

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