28/11/2020

Periódico digital de Almansa

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«Mercenarios de la música», los que tocan mientras desfilas

Los ejércitos de mercenarios musicales ponen el nombre de Almansa en el mundo de la mejor manera que hay, con música y regalando alegría. Te contamos cómo se viven las fiestas desde la perspectiva de un músico
Mercenarios de la música
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Hace diez siglos, los pueblos bárbaros mostraron su potencial bélico en infinitas incursiones vikingas por toda Europa. Estos salvajes soldados no temían a la muerte, estaban protegidos por sus dioses paganos y aupados por una cultura de guerra inculcada desde la niñez. Los grandes reyes de la época no tardaron en contratarles para asegurar la victoria en sus batallas. De esta manera, los vikingos se convirtieron en los mercenarios más reconocidos por la historia.

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¿Qué son los mercenarios de la música?

Los mercenarios fueron grupos, pueblos y fuerzas militares de especial habilidad para la guerra. Su objetivo era convertir la batalla en un simple trámite. Ni sus ideas, ni sus creencias se veían implicadas al realizar su cometido. Hoy, el concepto de mercenario ha mutado para representar a un gremio sin el cuál, las fiestas populares de nuestro país no tendrían ningún sentido: los músicos de charangas.

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Cada vez que un pueblo comienza sus festejos, la llamada de las bandas reúne a cientos de músicos dispuestos a engrosar el ejército. Se trata de un trabajo duro, que requiere «viajes largos, traslado de instrumentos pesados, muchas horas de ensayo y desfile, peticiones al gusto, plantones y escasos momentos de descanso». Todo aderezado con un ambiente festivo que intensifica aún más el esfuerzo físico y mental. Aún así, no hay nada que achante a los mejores mercenarios de la música.

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Mercenarios de la música
Los músicos forman parte vital de las fiestas

 

El perfil de los mercenarios de la música

Son personas cuya formación musical alcanza, por lo general, entre cinco y seis años de conservatorio. Auténticos apasionados de su instrumento, adictos a su hábito de tocar y amantes por encima de todo de la cultura de bandas. Un gran porcentaje de estas milicias está compuesta por alumnos que abandonan sus estudios en el conservatorio tras varios años de aprendizaje. Para ellos, lo vivido en sus diferentes incursiones por las fiestas populares es mucho más satisfactorio que el someterse al pesado yugo académico que rige la música. «Puedes ejercitar melodías durante toda tu vida, lo que realmente gusta al músico es viajar y tocar», afirma a La Tinta un joven mercenario de gran recorrido.

El hábitat natural del mercenario almanseño es el levante: Alcoy, Ibi, Moixent, Carcaixent, Beneixama… Aunque también pueden invadir territorio extranjero y demostrar a los franceses que en Almansa también sabemos tocar el helicón con mucho arte. Moros, cristianos, fallas, pasodobles y charanga son los ejes sobre los que giran las agrupaciones musicales. En base a estos pilares se sustenta toda una cultura musical y social cuya existencia asegura el desarrollo de las fiestas populares. Nadie puede imaginar una fiesta sin música ¿Cómo habrían recibido si no a Mr. Marshall en Villar del Río?

Cómo trabajan los músicos de las bandas

Las situaciones en las que los mercenarios de la música deben desarrollar su trabajo suelen estar rodeadas de un éxtasis festivo que aumenta la intensidad de la actividad. Además deben luchar contra las inclemencias climáticas, extremo calor en verano y primavera, fríos gélidos de las «despertás» y chaparrones épicos durante los cuales ningún contratante da la orden de parar. Todo ello sumado a plantones de horas interpretando la misma marcha al gusto del cliente. «Normalmente, si te contratan, la mayoría de escuadras, fallas o agrupaciones quieren que seas un ‘tocadiscos’, tiene sentido, el que paga quiere escuchar algo que le gusta. Aunque suele haber un momento delirante en ciertas fiestas, que es cuando nos piden tocar el himno de España sin ningún motivo», nos comenta entre risas uno de nuestros mercenarios.

 

Charanga de mercenarios musicales
Las charangas son una de las principales atracciones de las fiestas populares

 

Pero un buen mercenario no mezcla sus convicciones con las de su contratante, solo ejecuta notas y disfruta mucho mientras lo hace. Y aún sabiendo esto, hay lugares donde se trata al músico con condescendencia, como si de un profesión inferior se tratara, con exigencias excesivas y mala educación. «No te voy a decir donde se nos ha tratado de malas maneras pero si te voy a decir que dónde más se nos respeta es en Alcoy», afirma con orgullo el reconocido músico de Almansa.

En líneas generales, el trabajo está bien pagado, aunque el precio final por músico puede variar según la magnitud del evento. «El que viaja mucho con la banda, aunque esté fuera durante mucho tiempo, llega a ganar dinero como para vivir de ello», nos comenta otro mercenario experimentado.

Música, fiesta y drogas

Tema aparte es la relación de la música, la fiesta y la droga. Todas ellas conviven en un ambiente de manera estrecha. En este aspecto hay de todo. Hay músicos que disfrutan de su cerveza antes o después de tocar. También existen aquellos que sobreviven a la rutina consumiendo sustancias ilegales o quien sólo fuma. Asimismo, está el que simplemente viaja, toca y se vuelve el mismo día sin consumir más que agua. «No juzgo a nadie, cada uno aguanta su realidad como bien puede y quiere», palabras del compañero músico profesional.

Una cultura que debe perdurar

Según palabras explícitas de nuestros mercenarios: «Lo más importante es que desde las instituciones se siga fomentando la cultura de bandas, no debemos dejarla morir. Es emocionante ver a los niños dar los primeros pasos con su instrumento, porque son los que harán perdurar la cultura».  Además, uno de ellos recalca: «La música es para disfrutar. Hay que animar a los más jóvenes a practicar música, no es necesario ser un virtuoso, simplemente hay que coger un instrumento y darle color a la vida».

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