La cuenta atrás ya ha comenzado y los nervios, aunque contenidos por la experiencia, empiezan a aflorar. En una conversación distendida, lejos del protocolo encorsetado y el ajetreo de los micrófonos oficiales, María Costa García y Pablo Pardo Carbonell comparten sus impresiones ante el reto que tienen por delante. No son rostros desconocidos para el mundo de la fiesta almanseña; ambos llevan el sentimiento festero grabado en su trayectoria vital, una historia que ahora converge en un punto de madurez y responsabilidad compartida. Para María, los días previos a la gran gala ya marca un punto de no retorno: «Es como que necesito que llegue todo ya, pero a la vez me da pena porque sé que, una vez que empiece, no parará».
La decisión de una reina preparada
La joven no es ajena a la responsabilidad que conlleva representar a Almansa. Su currículum festero es impecable: participó en la «Comi» de 2012 y, en 2019, desempeñó el papel de abanderada del Grupo Festero Vitorero. Pero el cargo de Reina de las Fiestas Mayores supone un escalón superior que requiere, en sus propias palabras, una «disponibilidad y predisposición total y completa». En un momento vital marcado por la finalización de sus oposiciones, María asume el cargo con la conciencia de que representar al pueblo implica mucho más que lucir un traje en los días señalados.
«Ser Reina Mayor no es solo querer, es poder afrontar ese año con todo lo que ello implica», reflexiona María. La agenda no entiende de días laborables; actos un miércoles cualquiera, presentaciones de libros, sesiones fotográficas o charlas con los medios exigen una flexibilidad que solo alguien con un compromiso inquebrantable puede ofrecer. Por ello, para este viaje, María tenía claro que necesitaba a su lado a alguien que le aportara tranquilidad: «Yo quería salir con alguien que me diera seguridad, una persona festera que quiera estar a tope porque este es un año de estar en todo». Y, sin duda que, en Pablo ha encontrado el compañero perfecto.
Porque, si María aporta la determinación, pasión y ánimo, Pablo representa la esencia, la experiencia y el servicio; todo ello con el valor que aporta haber crecido entre desfiles y sedes. «Mi madre, en cuanto pudo ponerme un traje de manchego, me lo puso», recuerda con cariño, mencionando fotos de bebé donde apenas tenía pelo pero ya lucía los colores de la tradición. Su trayectoria es un recorrido por la historia viva de la fiesta: desde ser Alférez de los Corsarios en 2004 con solo ocho años, hasta ocupar la presidencia de la Comisión Infantil en su último año de primaria. Su madurez festera se consolidó cuando sus padres se hicieron socios del grupo festero «Boinas Negras», entidad a la que Pablo pertenece desde hace años como un integrante «activo pero discreto», al no participar como representante. Pero, ahora sí, a sus 30, Pablo aportará al cargo de mayor responsabilidad lo que él denomina «kilometraje en la mochila».
Su perfil profesional en el sector de la logística y el transporte le ha dotado de una capacidad resolutiva que le viene como anillo al dedo para esta etapa al servicio de su reina. Juntos forman una pareja equilibrada, avispada y simpática que seguro cumple con creces el designio atribuido bajo sus principios fundamentales: unión, familia y convivencia. Porque son precisamente estas las palabras que surgen en común cuando se les pregunta por lo más importante de las fiestas «unión, familia, amistad y convivencia». Para Pablo, las fiestas sacan «la mejor versión de cada uno». Es esa semana mágica donde los problemas quedan en un segundo plano, el buen humor se generaliza y se reencuentran personas que no se han visto en todo el año. «Te alegra el alma», afirma con convicción.
Uno de los aspectos más interesantes de su visión es el respeto hacia aquellos que deciden no participar de la fiesta o incluso marcharse de Almansa durante esa semana. Con genial acierto, Pablo agradece a esos ciudadanos: «Antes de ser festeros somos almanseños. Esa gente, aunque se vaya, contribuye con sus impuestos a que tengamos música e iluminación. Les doy las gracias por dejarnos volar y permitirnos disfrutar». Del mismo modo, tienen un recuerdo especial para los que viven lejos de su tierra querida, aquellos que por trabajo o circunstancias personales no pueden estar físicamente en el pueblo. En este sentido, María ya está encontrando en su corazón las palabras que les dedicará en su discurso durante el acto homenaje al almanseño ausente.
Aunque la mayoría de los festeros se decantan por la explosión de alegría del inicio, María y Pablo confiesan una predilección especial por los actos más solemnes y, paradójicamente, los más melancólicos. «Nos encanta el día 5, la Ofrenda y la Serenata, y la Procesión del día 6». A pesar de ser los días en que el pueblo empieza a sentir la tristeza del final, ellos valoran la formalidad y la espiritualidad de esos momentos. Para María, ofrendar a la Virgen como Reina de las Fiestas Mayores junto a Pablo es una de sus mayores ilusiones, de veras que se siente la ilusión en su mirada.
¿El momento más feliz que le han regalado las fiestas? Hay muchos, pero ambos concuerdan una vez más en señalar que más allá de los instantes, lo más valioso son las amistades forjadas al calor de la tradición. «Las fiestas me han regalado personas que hoy son fundamentales en mi vida, tengo amigas que sin esperarlo han terminado convirtiéndose en mis hermanas», recuerda María entre risas de nostalgia.
18 de abril, umbral de emociones
La «Noche de Blanco» es reconocida por ser uno de los eventos más emotivos del calendario almanseño. Un año más, bajo la coordinación de Sergio Area Martín, el acto pone las emociones «a flor de piel» cuando las reinas de barrio salientes ceden su testigo a las entrantes. Es un momento de despedidas y bienvenidas, de agradecimientos y promesas. Pero el clímax llegará cuando María Costa reciba oficialmente su nombramiento y la puesta de banda, acompañada en un primer momento por la alcaldesa y para, seguidamente, comenzar a devorar la primera de mayo junto a Pablo.
Este evento es el prólogo necesario para unas Fiestas declaradas de Interés Turístico Internacional. Con la mirada puesta en el Teatro Regio, María y Pablo se presentan en sociedad como representantes, como dos jóvenes comprometidos y como dos almas apasionadas que entienden la fiesta como un ejercicio de amor a sus raíces. Almansa ya espera para ver a su Reina y a su acompañante caminar hacia ese trono que se iluminará con todo esplendor gracias a la llama de sus ilusiones.
MÁS AZÚCAR
La concejala encargada de Fiestas, Lola Sáez, afirma a La Revistica que este año se contará con unos 15K más de presupuesto para invertir en la presentación. Un acto que comenzó con austeridad y que ahora sube escalones para ofrecer mejor espectáculo. Aunque Sáez diligentemente adelanta que espera no gastar todo el montante extra que se le ha concedido. Doble mérito para el equipo de Sergio Area, compuesto por grandes personas y festeras como María Ródenas, Aída y Ester Soler o Jose David Tárraga, que han sabido poner alto el listón a pesar de la realidad económica del Ayuntamiento en los últimos años: demostrando así que la juventud llega cargada de originalidad y talento.
